EN Oración
Serie El Guardián

El guardián que nunca duerme: confiar en Dios cuando estamos cansados

Tu ayuda no viene de los montes ni de lo creado, sino del Dios que hizo los cielos y la tierra. Él no dejará que tu pie resbale fuera de sus manos, no duerme aunque tú estés cansado, está a tu mano derecha con autoridad, y guarda tu vida y tu alma por siempre.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
49 min

El Salmo 121 es un cántico gradual, un cántico de ascenso: un himno que el pueblo entonaba mientras subía a Jerusalén. No eran tiempos fáciles, y aun así cantaban. Era una expresión de confianza en Dios en medio de lo que vivían, y un anuncio de lo que Dios es capaz de hacer. Hoy tú también puedes levantar tu adoración al Guardián que nunca duerme.

Reconoce que necesitas ayuda urgente

«Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?». Socorro es ayuda urgente. Y todos los días la necesitas. Solo el orgullo puede engañarte haciéndote creer que no. «Bienaventurados los pobres en espíritu»: los que tienen hambre de buscar a Dios cada día y le dicen: «Señor, te necesito».

Versículo clave

«Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?»

Salmos 121:1

Necesitas la sabiduría de su palabra, la dirección de su palabra, su presencia para tus inseguridades. Lo necesitas cada segundo, cada minuto, cada hora del día. Dios es tan grande que siempre hay algo nuevo que recibir de él. Reconoce tu necesidad.

Tu fuerza no viene de lo creado

Las montañas son preciosas; levantar la vista y contemplarlas es un regalo. Pero en la antigüedad, muchos adoraban dioses falsos en los montes y en los lugares altos. El salmista lo tiene claro: «Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra». La creación es hermosa, pero tu Dios es más grande que la creación: él la hizo. Una montaña tiene una altura máxima; a tu Dios nadie lo puede contener.

Tu ayuda definitiva tampoco viene de quienes te rodean: los de arriba, los de abajo, los de al lado, todos están limitados. Pero el Dios a quien adoras hizo los cielos, la tierra, las montañas y los volcanes. Es absolutamente poderoso.

Ten esa claridad: tu fuerza no viene de lo creado, ni de los ídolos que levanta el corazón. El momento que estás atravesando no define quién eres ni quién es tu Dios. Al contrario, es tu mejor oportunidad para levantar un cántico de ascenso y reconocer que Dios está por encima de todo lo que enfrentas. Puedes no ver nada a un metro de distancia, y aun así tener claro que tu fuerza viene de alguien: del Dios inmortal.

No dará tu pie al resbaladero

El camino a Jerusalén era rocoso y empinado. «No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda». Habrá terreno irregular en tu vida, pero no quedarás fuera de su cuidado. Con los años, cuesta más bajar una pendiente o saltar un obstáculo. Pero Dios te dice: «El camino será rocoso, el terreno inestable, pero yo te guardaré. Y si resbalas, caerás en mis manos. Confía en mí».

Versículo clave

«No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda.»

Salmos 121:3

Los dioses que a veces creamos no pueden sostenernos. Que Dios te guarde no significa que no habrá pruebas, ni que el terreno no será resbaladizo, ni que no habrá piedras en el camino. Significa que no caerás fuera de sus manos. Estar en la voluntad de Dios no es no caer nunca: es caer en sus manos.

Quizá estás muy cansado. Aunque tú estés agotado, Dios no duerme. Duerme confiado: Dios está pendiente de ti para renovar tus fuerzas y darte ánimo. Cuando ya no puedas dar el siguiente paso, él te sostiene. El proceso que estás viviendo está supervisado por Dios, en cada detalle y en cada momento.

Si Dios es tu guardián, el miedo no es tu dueño

Si Dios es tu guardián, el miedo no puede ser tu dueño. Puedes sentir miedo, claro; todos lo sentimos. Pero otra cosa es que el miedo gobierne tu vida. Revisa durante el día y la semana cuántas de tus acciones muestran que el temor es tu dueño. Si todo te da miedo, algo hay que revisar.

El temor te roba el disfrute de todo lo que haces: crees que en todo vas a morir. No le permitas ser tu dueño. Aun cuando llegue el día que Dios ha dispuesto para tu partida, serás guardado en su presencia por siempre. Mientras tanto, no dejes de disfrutar la vida que te da.

«He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel». Quien está a tu lado se puede dormir, pero Dios no. Nunca.

Cercano, con autoridad y con acción

«Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha». Primero habla al pueblo, y luego a ti: Dios quiere involucrarse personalmente contigo, en una relación íntima. Él es tu sombra: cercanía constante. Y está a tu mano derecha: autoridad y acción. Dios te toma de la mano derecha.

¿Quién es tu autoridad? Si el dinero es la autoridad de tu vida, solo tendrás las acciones que el dinero te permita: estás limitado a un monto, no al Dios Todopoderoso. ¿Le has cedido la autoridad al temor, a la amargura, a la angustia? Quizá la situación que vives tiene tanta autoridad que ya te dio su identidad. Cédele la autoridad a Dios. No digas que él es tu autoridad mientras tus acciones son fruto de dioses falsos que has levantado.

«El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche». Hay noches que se sienten así aunque sea de día, por lo difícil que estás viviendo. Dios te guarda de lo que no puedes controlar, porque toda la creación es suya. Deja de querer guardarte de lo que no controlas, y deja que Dios guarde tu vida. Ríndete al Señor.

Hay procesos que te guardan. Si lo hubieras obtenido todo al instante, Dios no podría formarte como te está formando. Eso por lo que preguntaste «¿por qué a mí?» puede ser lo que te está guardando de lo que venía. No era mala suerte: era Dios guardándote. Esos procesos no son fáciles, pero en ellos Dios saca algo de ti.

«Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma». Dios guarda lo que ves y lo que no ves. Tu alma te habla mucho, y la escuchas demasiado. Háblale tú a ella, como David: «Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios». Dile: «Dios me ama, Dios me guarda, Dios me tiene de su mano derecha». Tu autoridad es Dios, no tu alma.

Una protección que no depende de tu ánimo

«Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre». La protección de Dios no es por temporadas. No depende de tu estado de ánimo. Hay días en que andas insoportable y ni los tuyos te aguantan; pero Dios te sigue guardando: «Con todo y tu mal humor, te amo, te sostengo y te levanto». No permitas que tu alma te manipule: lleva tus pensamientos a la luz de la palabra.

Necesitamos amigos como Sadrac, Mesac y Abed-nego, y como Daniel, que influyan espiritualmente en nuestra vida. Cuando prohibieron orar, Daniel siguió abriendo sus ventanas y orando tres veces al día. ¿Te daría vergüenza hablar de tu fe por miedo a que no te inviten a alguna reunión? No le des autoridad a quien nunca podrá guardarte.

Los tres amigos de Daniel se negaron a adorar la estatua. Calentaron el horno siete veces más, y el fuego mató a los hombres que los arrojaron. Ellos habían dicho: «Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo… Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses». Dios no prometió que nunca moriríamos, pero sí que resucitaremos. Y en el fuego, él estuvo con ellos: salieron sin olor a humo.

Cuando José estaba por morir, dijo: «Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos». Sabía que, aun después de su muerte, Dios cumpliría su promesa. Quienes parten en Cristo también son guardados por Dios en su eternidad; sus planes son perfectos.

Corre a tu refugio

«Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado». Eres justo por la sangre de Jesús, no por tus fuerzas. «Las riquezas del rico son su ciudad fortificada», pero las riquezas no pueden guardarte ni tener autoridad sobre ti. Si llegan, que sean para ser generoso y bendecir vidas.

Tu Guardián no se distrae ni ha perdido una sola batalla. Hoy puedes correr a él. Dile: «Señor, reconozco que te necesito. Te cedo la autoridad de mi vida. Guarda mi salida y mi entrada, guarda mi alma, desde ahora y para siempre».

Referencias bíblicas