EN Oración
Serie El Guardián

El Guardián: la paz de Dios que protege nuestros pensamientos

Dios te guarda como a la niña de sus ojos, y su paz es un centinela sobre tus pensamientos y emociones. Descubre cómo dormir en paz, pelear desde el reposo y ver como Dios ve.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
42 min

El primer guardián de nuestra vida es Dios. Él nos guarda, nos cubre, nos protege, nos rodea y nos preserva. Ese es su poder inagotable e inmutable. Dios es nuestra torre fuerte, nuestro escudo y nuestra roca, y nos cubre con sus alas.

La niña de sus ojos

En un momento difícil, David oró: «Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas». En hebreo, la niña de los ojos es la pupila. La pupila es el centro del ojo, una de las partes más delicadas y sensibles del cuerpo, y también una de las más protegidas. Es tan valiosa que el cuerpo la protege de manera automática: no tienes que estar pensando en cuidarla. Así te protege Dios, como alguien muy valioso a quien ama y cuida. No importa lo que atravieses: Dios te guarda.

Versículo clave

«Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas.»

Salmo 17:8

El amor de Dios es un amor verdadero que a veces no comprendemos. Él guarda tu vida y tu caminar; guarda tu entrada y tu salida, es decir, las transiciones y temporadas que vivas. Dios no vela solo por el día de hoy: ya está en tu mañana, con planes de bien y de bendición. Pero el Señor también guarda nuestro interior. Y para guardar el interior hay un guardián: la paz.

La paz es un guardián

Piensa en un faro. No se construye en cualquier lugar, sino sobre la roca, sobre algo estable y firme, de manera que pueda resistir los vientos y las tormentas. Que tu vida esté construida sobre algo firme, no sobre arenas movedizas ni sobre lo temporal, sino sobre lo que Dios hace, que da firmeza y estabilidad. Además, el faro sirve para orientar. A veces caminamos desorientados: «Señor, ¿dónde estoy? ¿Voy a la derecha o a la izquierda? ¿Avanzo, me detengo o retrocedo?». La paz es un guardián que nos da dirección.

Generalmente guardamos lo que no deberíamos: los malos recuerdos, las malas experiencias, lo que nos dijeron, lo que nos pasó, el rencor y la falta de perdón. Pero Dios nos lleva a guardar lo que sí trae estabilidad y firmeza a nuestra vida: la paz.

Filipenses 4:6 dice que no nos preocupemos por nada. Hay gente que se preocupa por todo: por el día de hoy, por los que la rodean, por el familiar, por la vecina. Aunque no tenga una preocupación, busca algo de qué preocuparse. La preocupación es ocuparse antes de tiempo. Lo que tenemos es el hoy. El pasaje continúa: más bien, presenten sus peticiones a Dios con oración y acción de gracias. La gente que vive preocupada es señal de que ha dejado de pedirle a Dios; cuando le pides a Dios, ya está. Jesús no solo dio su vida para darnos vida eterna, sino para que tengamos plenitud aquí en la tierra. Dios no quiere que sobrevivas; quiere que vivas, y Jesús vino a enseñarnos a vivir.

Y entonces, dice Pablo, la paz de Dios guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. La paz es literalmente como un soldado, un centinela, una atalaya que vigila todo el tiempo. Está puesta estratégicamente para guardar los pensamientos y las emociones: qué entra a tu mente y qué baja a tu corazón. Cuando vienen pensamientos de mentira y de engaño del enemigo, la paz de Dios funciona como esa atalaya. Si el enemigo te dice que no vas a salir adelante, que estás enfermo y te vas a morir, que tus hijos no van a salir adelante, el centinela de la paz responde: «Ese pensamiento no es de Dios: fuera. Esa emoción de angustia, de tristeza, de desánimo y de depresión: fuera».

No puedes vivir sin ese guardián, porque internamente te vas a desmoronar, y cuando vengan las tormentas no vas a resistir. La paz de Dios bloquea las mentiras del enemigo y las emociones que quieren causar inestabilidad. Jesús viene por una iglesia estable y firme, que tiene como guardia la paz de Dios.

Sin paz no hay descanso

Job 3:26 expresa el lamento de quien no tiene paz ni sosiego ni descanso, sino turbación. Sin paz no hay descanso. Por eso hay tanta gente drenada, desgastada y abatida. Lo que cansa no son los días, las semanas ni los años, sino lo que piensas, lo que hablas y lo que decides en ellos. Cuando guardas la paz, recibes nuevas fuerzas, sin importar lo que el enemigo te diga o quiera hacer.

Cuando la paz de Dios no gobierna, algo más te va a gobernar y dirigir. Una mente ansiosa no tiene paz: no tiene guardia, y cualquier cosa la estresa y la desborda. La ansiedad es nuestra percepción de caos, y esa percepción es subjetiva: lo que para uno es caos para otro no lo es. A muchos les roba la paz el tráfico: salen de casa cantando, felices, y en el tráfico el guardia se va. Tenemos que salir de casa diciendo: «No importa lo que venga; voy a guardar la paz, y nadie me la va a robar».

La ansiedad es exceso de futuro. No fuimos diseñados para llevar la carga de toda la semana. Por eso en el Padre Nuestro pedimos el pan de cada día: el de hoy. Cada día tiene su propio afán, y fuimos capacitados para enfrentar un día a la vez. La ansiedad es un desborde de la incertidumbre, pero Jesús dejó la cura en su palabra.

En esto pensad

Filipenses 4:8 dice: «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad». Mantengan la mente ocupada en eso, no preocupada. Tú decides si vives preocupado u ocupado en lo que Dios dijo. ¿Quieres que la ansiedad se vaya? Necesitas ese guardia, y necesitas pensar en todo lo honesto, lo puro, lo verdadero y lo amable. La pregunta es: ¿en qué piensas todo el día?

Tenemos que aprender a rechazar todo pensamiento de temor. Nuestra mente es como una torre de control que decide qué avión aterriza y cuál no. Cuando el enemigo lanza pensamientos de temor, de ansiedad o de depresión, tú decides: «Aquí está el guardia. Eso no dice la palabra; la palabra dice que Dios está conmigo y que mi vida está en sus manos. Ese pensamiento ni siquiera aterriza aquí, mucho menos baja a mi corazón y afecta mis decisiones».

En paz me acostaré

El Salmo 4:8 dice: «En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado». Hay gente que no puede dormir en paz simplemente porque no se acostó en paz. Te peleaste con tu esposa, con el vecino, con tus hijos o con un familiar; tienes falta de perdón, rencor, molestia y un conflicto interno, y esperas dormir en paz. Ponte a cuentas antes de dormir: «Me ofendiste, pero te perdono»; «Te ofendí, perdóname». Hoy hay más insomnio que nunca porque la gente no se acuesta en paz. Si tienes conflictos internos sin resolver, ve con Dios y dile: «Esto me molesta, me angustia, me enoja y me desespera, pero te lo entrego todo».

Versículo clave

«En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.»

Salmo 4:8

En paz, shalom, significa que mi interior está gobernado por Dios. Hay un orden interno. Tenemos desórdenes internos impresionantes porque necesitamos ser ordenados, y la paz de Dios nos ordena. «Señor, hay un desorden, pero me alineo a tu voluntad, a tu palabra y a tu voz».

«Y asimismo dormiré». Cuando uno duerme se desconecta y entrega el control. Muchos no pueden dormir en paz porque quieren tener el control, y pasan conectados al celular hasta la madrugada. ¿Cómo se suelta el control? Tan sencillo como abrir la mano y dejar caer un libro. Soltar el control es decir: «Yo no puedo; esto me sobrepasa, pero tú sí puedes. Por eso me voy a dormir, porque mientras duermo tú me ministras, renuevas mis fuerzas, traes nuevas ideas, peleas por mí, me bendices y haces las conexiones». Muchas veces no tenemos paz porque no aprendemos a soltar el control.

Calzados con el evangelio de la paz

La paz es una de las armas más poderosas, y por eso es parte de la armadura de Dios: «calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz». En el contexto romano, las sandalias del soldado le daban estabilidad en el combate. Sin paz nos resbalamos emocional y espiritualmente, en nuestras emociones y pensamientos, y reaccionamos impulsivamente. Con la paz nos mantenemos firmes.

La paz no nos saca de la guerra: nos enseña a pelear desde el reposo y la confianza. Cuando humanamente no puedes hacer nada, la forma de pelear la batalla es soltar el control y reconocer que Dios sí puede. El enemigo se desespera intentando que te desesperes, pero cuando la paz te gobierna, no puede: lo desorienta y le hace perder el equilibrio. Cuando ve a alguien estable, sin importar los vientos y las tormentas, es porque hay algo interno que lo sostiene: la paz de Dios, que te hace ver la victoria desde otra perspectiva.

La paz te hace ver como Dios ve

2 Reyes 6:15 relata que el criado del varón de Dios se levantó de mañana y vio que un ejército con gente de a caballo y carros tenía sitiada la ciudad. Le dijo a Eliseo: «¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?». Él le respondió: «No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos». Eliseo no salió corriendo. Oró y dijo: «Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea». Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y vio que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo. Y cuando los sirios descendieron, Eliseo oró que Dios los hiriera con ceguera, y así fue.

Cuando miras la verdad de Dios, el enemigo se vuelve ciego y no te encuentra, porque hay algo que te sostiene: la paz. La ciudad estaba rodeada, pero Eliseo no entró en pánico: se puso las sandalias de la paz. Y cuando tienes paz, Dios te dice: «Ahora voy a abrir tus ojos y te voy a revelar». La paz de Dios te permite ver como Dios quiere que veas. En lugar de entrar en caos y perder la dirección, recibimos revelación. La paz gobierna la mente y el corazón y te lleva a tomar las mejores decisiones, no desde la desesperación, sino desde la confianza, el reposo, la firmeza y la verdad de Dios.

Isaías 26:3 dice: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado». ¿En qué piensas todo el día? ¿En lo que ves en la pantalla, o en lo que Dios ha dicho y en quién es él, que está por encima de todo? El problema no son las circunstancias, que para Dios no son problema, sino que seguimos pensando y viendo de la misma manera. Por eso tiene que renovarse nuestra manera de pensar. Se necesita disciplina mental: «No voy a abrir ese archivo; no voy a pensar en todo lo malo y lo negativo. Voy a pensar en lo verdadero, lo honesto, lo amable y lo digno de honra».

Dormir en medio de la tormenta

Marcos 4:35 relata que, al anochecer, Jesús les dijo a sus discípulos: «Pasemos al otro lado». Dejaron a la multitud y lo llevaron en la barca, y había otras barcas con él. Se levantó una gran tempestad de viento, y las olas echaban agua en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Pero Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?». Él se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: «Calla, enmudece». Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.

¿Cómo podía Jesús dormir mientras una tormenta amenazaba con hundir la barca? Porque tenía la paz como guardián: estaba confiado en el Padre. Sabía que la tormenta no tenía autoridad sobre su interior. Podía manifestarse afuera, pero no lo tocaba adentro. El agua entró en la barca, pero nunca entró en él: no afectó sus pensamientos, sus emociones, su reposo ni su confianza. No le des autoridad a las tormentas. Levántate y di: «Hasta aquí, tormenta. Puedes inundar mi barca, pero no tocas mi interior: no tocas mi paz, mis pensamientos, mi fe ni mi gozo».

La paz interna no depende de la paz externa. Hay gente esperando que todo cambie para tener paz, y eso no va a pasar hasta que estemos en el cielo. Esa es la paz del mundo: si todo está bien, tengo paz. Por eso Jesús dijo: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da». Aunque haya caos y tormenta, la paz de Dios te gobierna, te da estabilidad, firmeza y confianza, y puedes dormir confiado como Jesús. Y cuando te pregunten cómo puedes dormir, dirás: «Porque tengo paz; sé que voy a llegar al otro lado».

Cuando guardamos la paz, vemos respuestas de parte de Dios. El único que guardó la paz en esa barca fue el que dio la respuesta: lo que los discípulos no pudieron hacer con toda su desesperación, lo hizo Jesús con la paz.

La paz abre espacio

La paz también evita guerras innecesarias. Hay guerras a las que Dios te lleva y otras a las que te invita el enemigo, y hay que discernir: ¿es el Espíritu quien me lleva al desierto, o es el enemigo invitándome a una guerra? Escoge bien tus batallas, porque las guerras desgastan, desvían, distorsionan, drenan y desenfocan. La paz evita guerras innecesarias, pero abre espacio para la expansión.

Génesis 26:17 relata que Isaac se fue de allí, acampó en el valle de Gerar y volvió a abrir los pozos de agua que habían cavado en los días de su padre Abraham y que los filisteos habían cegado después de su muerte, y les puso los mismos nombres. Quizá tus padres o tus abuelos abrieron pozos que el enemigo ha querido tapar, y Dios levanta en este tiempo a quienes los vuelvan a destapar para que fluya otra vez el agua del reino de los cielos.

Los siervos de Isaac cavaron en el valle y hallaron un pozo de agua viva, pero los pastores de Gerar riñeron con ellos diciendo que el agua era suya. Isaac llamó a ese pozo Esek, porque habían altercado con él. Cavaron otro, y también riñeron por él, y lo llamó Sitna. Entonces se apartó de allí y abrió otro pozo, y no riñeron por él. Lo llamó Rehobot y dijo: «Porque ahora Jehová nos ha prosperado, y fructificaremos en la tierra».

La estrategia de los filisteos era tapar los pozos con piedras, dejando sin agua a personas y animales: era como sentenciar a muerte a una región. El enemigo usa la misma estrategia con nosotros: donde Dios nos da identidad, gozo y paz, quiere echar su basura de amargura, discusiones, mentiras, preocupaciones, afanes y tristezas. Pero Isaac resistió una y otra vez, y nunca perdió la paz. El que se desespera, pierde. Hay una fe para resistir y una fe para salir. Si has aguantado y has sido paciente, es la paz de Dios la que te ha sostenido mientras él te hacía firme. Rehobot significa lugar amplio: después de la estrechez y la incomodidad, viene la anchura que Dios da a quienes guardan la paz y no entran en batallas innecesarias.

Quizá hace tiempo que perdiste a tu atalaya y no puedes dormir. Hay cosas que necesitas ordenar: no lo postergues. Rinde el orgullo; no importa quién tenga la razón. Tener la razón no le cambia la vida a nadie, pero la rendición sí. Y si quieres que Jesús gobierne tu vida, puedes orar: «Señor Jesús, perdóname por vivir lejos de ti. Hoy me doy cuenta de que te necesito y de que necesito que gobiernes mi vida. Entra en mi corazón y sé mi Señor. Gracias por dar tu vida en la cruz y por escribir mi nombre en el libro de la vida».

Referencias bíblicas