EN Oración
Serie Sorpresa

Sorpresa: reconocer la obra de Dios en lugares inesperados

Dios se manifiesta en lo ordinario, en lo débil y donde menos lo esperas. Con la zarza, los estanques en el valle y Agar en el desierto, aprende a cavar zanjas por fe y a anticiparte a lo bueno.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
41 min

Hay temporadas en las que vemos morir viejas formas de pensar y secarse arroyos. Aunque nos sintamos incómodos, Dios está anunciando una transición y un cambio de temporada. Y viene un tiempo de lo inesperado de parte de Dios: un tiempo para verlo manifestarse en lugares y de maneras donde no lo esperábamos. Por eso, ensancha tu fe.

Hay quienes llevan dentro un proyecto, un sueño, una palabra o una promesa, y sienten algo parecido a dolores de parto, sin saber si llegarán. Dios también trae tiempos de alumbramiento espiritual, en los que esos sueños y promesas salen a la luz, y tiempos de transición, con cambios de trabajo, de puesto y de rumbo.

Dios se manifiesta donde no lo esperas

Cuando Dios se manifiesta en lugares inesperados, está anunciando un cambio. A veces somos tan estructurados que hasta queremos decirle a Dios cómo hacer las cosas: «Señor, quiero que hagas esto, pero de esta manera». Esperamos según lo que nos dicta nuestra mentalidad. Pero Dios suele salir por donde menos lo esperamos. Hay personas a las que les preparan una sorpresa y quieren saber todos los detalles: qué habrá de comida, quiénes estarán. Dios dice: «Deja que yo te sorprenda; deja que yo me manifieste». Si a alguien le gusta dar sorpresas, es a Dios.

Éxodo 3 relata que Moisés apacentaba las ovejas de Jetro, su suegro, sacerdote de Madián. Llevó las ovejas a través del desierto y llegó a Horeb, el monte de Dios. Allí se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza. Moisés miró y vio que la zarza ardía en fuego, pero no se consumía. Entonces dijo: «Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema». Moisés parecía olvidado, cuidando ovejas ajenas, y de repente venía un cambio de parte de Dios.

La zarza es un arbusto sin mucho valor: representa lo ordinario y lo débil. Dios se manifiesta en lo ordinario, en lo débil y en lo que parece no tener valor. Bendito Dios por las debilidades, porque son la plataforma perfecta para que él se manifieste. Por eso hay que hacer a un lado el ego y el orgullo. Cuando eres vulnerable y reconoces tu debilidad, le estás diciendo a Dios que es la plataforma perfecta para que su poder repose en ti. No importa dónde te encuentres; lo importante es quién está contigo. Si Dios está contigo, todo estará bien.

Versículo clave

«¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.»

Éxodo 3:4

Información o revelación

El fuego de Dios no era para destruir, sino para revelar. No es lo mismo tener información que tener revelación. Mucha gente tiene información y no hace nada con ella, o tiene tanta que vive confundida. La revelación trae cambios y transiciones: te saca del desierto y te lleva a lo que Dios quiere hacer contigo y con tu familia. Cuando tienes revelación, no importa lo que veas o escuches: nadie te la quita, porque sale de la boca de Dios y se impregna en lo profundo de ti. Prepárate para oír a Dios y para que te guíe y te diga por dónde ir.

Los desiertos son lugares de revelación y de transición, y después de la transición viene la activación. Dios te dice: «No pienses que todo está olvidado ni perdido; tengo un propósito y un plan eterno para tu vida». El enemigo siempre usa la misma estrategia: desviarte, distraerte, confundirte y desgastarte. Pero cuando tienes revelación, te mantienes fresco, con fuerzas y con ánimo. La iglesia está llamada a ser una iglesia que escucha a Dios, entiende su palabra y conoce los tiempos.

Moisés estaba en el desierto en un día común y corriente, y Dios lo sorprendió. Mientras vives días comunes, Dios puede manifestarse: entra una llamada, se presenta una conexión, llega algo nuevo. Mientras parece que nada está pasando, todo está pasando: Dios está orquestando, moviendo las piezas clave, abriendo puertas y fuentes y haciendo las conexiones correctas.

Dispuestos a caminar en lo que Dios preparó

Es tiempo de caminar dispuestos en lo que Dios ya preparó. Está bien hacer planes, planificar y ordenarse, pero no por encima de la voluntad de Dios. Hay planes que Dios ya tiene preparados para ti. Imagina a Dios viéndonos trazar nuestras metas: congregarnos, ir al gimnasio, que para marzo ya abandonamos. Y él piensa: «Si supieras la sorpresa que te tengo preparada». Puedes planificar lo que quieras, pero lo que Dios quiere es que estés dispuesto a caminar en sus planes. Dios ya despejó el camino, pero de nada serviría si no estás dispuesto a recorrerlo.

Haced muchos estanques

2 Reyes 3 relata que los reyes de Israel, de Judá y de Edom unieron sus fuerzas para una guerra que creían fácil. Pero las cosas no salieron como planearon: al séptimo día se quedaron sin agua para el ejército y para los animales, y estaban a punto de morir en el camino. Pero Dios siempre interviene. Buscaron al profeta Eliseo, y él les dijo: «Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchos estanques. Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia; pero este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias y vuestros ganados».

Dios nos pide una cosa: deja de ver el desierto y empieza a ver el valle. Deja de ver tus problemas, lo que te hace falta, lo que no tienes, la frustración y lo que perdiste. Cuando tienes una visión diferente, una revelación, tu vida no vuelve a ser la misma. Tu fe tiene que ser mayor que tus dudas y que tus problemas. Deja de ver tus problemas como gigantes; que tus gigantes vean tu fe y vean quién te respalda, te protege, te cuida, te sostiene y te provee.

«No veréis viento, ni veréis lluvia». Dios se manifiesta como él quiere, no donde tú lo esperas. Dejemos de buscar tantas señales y confirmaciones: «Si Dios no me manda al ángel Gabriel, no le creo»; «si no pasa tal cosa, no creeré que es de Dios». Dios se manifiesta en lo cotidiano. Quizá no viste lluvia ni viento en la temporada pasada, pero eso a Dios no le importa. Lo que sí te dice es: empieza a cavar zanjas. No esperes que todo lo haga Dios. Él te sorprenderá, pero a ti te toca cavar. Imagina a esos reyes y a todo su ejército cavando, quizá con las mismas coronas: con lo que tenían.

Hay gente con una fe dormida, pero este es tiempo de activación. Has creído y soñado, pero siempre te quedas en «cómo me gustaría». Dios dice: se acabó; empieza a dar acciones de fe y a moverte. Hay quienes pasan año tras año anhelando y nunca ven nada porque no ejecutan. No esperes tenerlo todo para empezar; esa no es la manera de Dios. Hay solteros que no quieren casarse hasta tener la casa, el seguro y todos los muebles, pero el matrimonio también se empieza por fe, con lo que se tiene. Si tienes la actitud y la fe, Dios lo hará aunque no haya viento ni lluvia, porque ya dio la orden en el cielo, y el cielo le obedece.

Y dijo muchos estanques, no pocos. Necesitamos dejar de ser escasos: la escasez no está afuera, sino adentro, en nuestra mentalidad. Dios es el dueño de todo, del oro, de la plata y de todo lo visible e invisible. ¿Por qué Dios les da a unos y a otros no? Porque unos le creen y otros no; unos se preparan y se anticipan, y otros no. Dios busca gente que active su fe y dé pasos pequeños pero certeros. Cuando ve a alguien que camina por fe, dice: «Ahí hay alguien que me cree y habla mi mismo lenguaje».

Por eso Eliseo le dijo a la viuda que pidiera vasijas prestadas, y no pocas. Sácate la mentalidad de lo pequeño. Dios es demasiado grande, y tu fe tiene que crecer. Él usará lo que tengas. La fe se anticipa, se prepara y nos coloca en mejores condiciones para recibir los milagros y las sorpresas de Dios. No te quedes en la somnolencia y la pasividad, esperando «cuando Dios quiera», mientras Dios te pregunta cuándo te vas a mover tú. Cuando cavas las zanjas, él las llena; cuando preparas las vasijas, él las llena. Para lo que te prepares hoy será lo que vas a recibir. Por eso necesitamos sabiduría y prudencia para tomar las mejores decisiones.

Anticiparse a lo bueno

Es sabio apartar un tiempo para escuchar a Dios antes de hacer planes, porque nuestros planes son muy limitados. Pero el enemigo es sutil para desviarnos de lo que Dios está hablando. Si empiezas a prestar oído a predicciones terribles sobre lo que viene, te entra temor, te paralizas, no duermes y el alma se turba. Lo que pasa es que te estás anticipando a lo malo. La Biblia muestra que lo que tememos termina viniendo sobre nosotros, y por eso Dios nos quiere libres de todo temor. No significa que no lo sentiremos; claro que se siente. Pero otra cosa es dejarse guiar por él. ¿Por qué no anticiparte a lo bueno que Dios tiene? ¿Para qué te estás preparando: para lo peor o para lo que Dios prometió?

En aquella historia, el rey Joram solo veía lo peor, pero Josafat buscó palabra de Dios, y por eso llamaron al profeta. Busca palabra de Dios. Deja de ver todo lo malo y negativo; deja de escuchar el ruido del mundo que quiere paralizarte. La palabra tiene poder para sacarte de cualquier circunstancia, quitar todo temor y traer paz, amor, certeza y esperanza. No salgas de casa sin una palabra de Dios. Aunque sea un versículo, llévalo en tu mente y en tu corazón antes de comenzar tus actividades. Dejemos de movernos en automático y no tomemos decisiones sin antes consultar a Dios.

Las zanjas se llenaron. No llovió donde ellos estaban ni sopló viento, pero empezó a llegar agua, y vino de otra región: de la dirección de Edom. No esperemos que Dios haga lo mismo de la misma manera. Puede traer la respuesta del norte, del sur, del este o del oeste, pero lo va a hacer. Cuando sientes el viento, puedes pronosticar lluvia; pero Dios puede obrar sin una sola gota visible, moviendo circunstancias, personas, tiempos y transiciones para cumplir lo que te ha hablado. No mires el viento ni la lluvia: mírale a él. Dios tiene soluciones que nosotros desconocemos.

Dios le abrió los ojos

Génesis 21:14 relata que Abraham se levantó muy de mañana, tomó pan y un odre de agua, se lo dio a Agar poniéndolo sobre su hombro, le entregó al muchacho y la despidió. Ella anduvo errante por el desierto de Beerseba. Cuando se acabó el agua del odre, echó al muchacho debajo de un arbusto y se fue a sentar enfrente, a distancia de un tiro de arco, porque decía: «No veré cuando el muchacho muera». Y el muchacho alzó su voz y lloró.

Dios oyó la voz del muchacho, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo y le dijo: «¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación».

Versículo clave

«Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua.»

Génesis 21:19

Agar caminaba con lo mínimo: pan y agua sobre los hombros. Hay quienes han pasado una temporada así, solo con lo necesario, y aun eso les pesaba. Agar se dio por vencida, se sentó y solo esperaba ver morir a su hijo. Ella se sentó, pero Dios la levantó. Lo primero que Dios hace muchas veces es levantarnos. Estamos tan intoxicados de malas noticias y de lo que nos ha pasado que necesitamos desintoxicarnos de todo mal recuerdo y de lo que no salió como esperábamos, dejar de sacar nuestras propias conclusiones y de contarnos nuestras propias historias, y depender de Dios. Quizá estás sentado como Agar, pero Dios te dice: «Levántate, porque no he terminado contigo ni con los tuyos».

Dios le abrió los ojos y vio una fuente de agua. La fuente siempre estuvo ahí, pero estaba tan intoxicada de lo que le había pasado que no podía ver lo bueno que Dios tenía para ella. Quizá estás empezando una nueva etapa sin ánimo ni esperanza, pensando que será más de lo mismo. Pero Dios quiere que esperes lo bueno de su parte: hay una fuente esperándote, una promesa que sigue hablándote y una palabra que arde en tu espíritu. Él lo prometió, y él lo hará. Dios abre nuevas fuentes que traen frescura y renuevo, pero de nada sirven si seguimos ciegos, mirando solo lo negativo y lo que nos falta. Él te va a sorprender, pero necesita que te levantes y hagas tu parte.

Si quieres incluir a Dios en tu vida, puedes orar: «Señor Jesús, perdóname por no incluirte en mis planes. Hoy reconozco que te necesito y anhelo que seas mi Señor y mi Salvador. Gracias por dar tu vida en la cruz del Calvario y por esta nueva oportunidad. Gracias por escribir mi nombre en el libro de la vida».

Referencias bíblicas