EN Oración
Serie Rediseño

Un diseño insuperable: cómo permitir que Dios rediseñe tu vida

Lo que Dios diseña es muy bueno, y su diseño para ti es insuperable. Él no evade la realidad: habrá batallas que te superen. Pero lo que te supera a ti no supera a tu Dios. Con humildad, con su palabra antes que tus dones y emociones, y peleando desde la victoria, la presión revelará en ti novedad de vida.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
49 min

¿Has estado caminando en tu propio diseño o en el diseño de Dios para tu vida? Vuelve la mirada al que lo diseñó todo. Su obra no solo es buena: es insuperable. Soltar tus planes para recibir los suyos es una decisión personal que te prepara para el mejor tiempo de tu vida.

Una obra muy buena

«Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto». Tú eres parte de esa creación, su creación favorita. Mira a quien tienes al lado y dile: «Eres una creación maravillosa». Si todavía no ves esa bondad en ti o en otros, hay dos posibilidades: Dios aún no ha terminado, o todavía no le has permitido hacer su obra.

Versículo clave

«Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.»

Génesis 1:31

«Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien». No basta con saberlo; David estaba convencido. Cuando estás convencido de que el diseño de Dios es insuperable, le das espacio. Pero cuando crees que tu diseño, tus planes y tus pensamientos son mejores que los suyos, le cierras la puerta. Puedes tener muchos planes, pero su voluntad permanece, y es mejor.

David no era perfecto, pero tenía algo muy claro: el diseño de Dios para su vida era maravilloso. A pesar de tus errores, la misericordia de Dios es parte de ese diseño.

Suelta tu diseño

Hoy necesitas soltar tu diseño y tomar el de Dios. Es una decisión: «Señor, te abro espacio para que tu diseño sea puesto en mi corazón, en mis pensamientos y en mi vida diaria». Que no se quede en algo que solo escuchaste. Puede haber excelentes diseñadores, arquitectos y artistas; pero no hay mejor Diseñador que el que hizo los cielos, la tierra, tu vida y la mía.

Dios no evade la realidad

«Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto». Dios no evade la realidad: te dice que habrá batallas y que serás superado en número. Pero en medio de esa realidad hay una verdad: lo sobrenatural de Dios está disponible para ti.

Versículo clave

«Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto.»

Deuteronomio 20:1

«Jehová tu Dios». El diseño de Dios no es solo que sepas que él es Dios, sino que experimentes que es tu Dios. ¿Lo es? No conviertas en dios lo que te está superando. Israel podría haber pensado: «Conseguiremos más recursos, más caballos y más soldados, para que esto ya no nos supere». Error. No hagas un dios de ningún recurso. No trates de resolver con tus fuerzas, ni con más fuerza de voluntad, lo que solo Dios puede resolver.

Dios no te obliga a aceptarlo; te invita: «Quiero ser tu Dios». ¿Está él por encima de la imagen, la apariencia, el dinero, el ego, tus talentos y tus dones? Esas cosas te van a superar. A Dios, nada lo supera.

Humildad para reconocer lo que te supera

Lo primero que necesitas es humildad para reconocer que, en tu humanidad, muchas cosas te superan: un momento económico difícil, una enfermedad, una adicción, un matrimonio desgastado. La humildad atrae la gloria de Dios a tu vida. «Señor, esta enfermedad me supera, pero por tus llagas fuimos curados». «Esto en nuestro matrimonio nos supera, pero a ti no». «Esta adicción ya no la puedo controlar, pero tú sí». Deja de pelear por la victoria y comienza a pelear desde la victoria.

«El que te sacó de Egipto». Dios te recuerda: «Soy el Dios que te sacó de lo que te superaba: un ejército detrás, el mar delante. Sigo siendo ese Dios».

Sé sincero: ¿en cuántas batallas te metiste por orgullo y por ego, desgastando energía en peleas que no estaban en el diseño de Dios? No es lo mismo entrar en batallas que tú mismo escogiste, que enfrentar las que llegan a tu puerta. Es imposible que no lleguen batallas. Lo que sí puedes elegir es cómo te presentas ante ellas. Deja de pedirle a Dios que no haya nada que te supere, y pídele conocerlo como nunca lo has conocido.

La batalla comienza en la mente

La batalla todavía no había comenzado, y Dios ya los estaba preparando. La primera batalla es por dentro. Cuando lo que tienes delante te supere, no permitas que sacuda lo que sabes: que Dios es tu Dios y está contigo. Gana primero en tu mente. Recuerda lo valioso que eres para él. Quizá llegas cansado o con ganas de reclamar: «¿Por qué a mí, si eres todopoderoso?». El desánimo puede visitarte, pero no tiene que quedarse.

Viviste batallas que no tenías que vivir; pero bienvenido a las que sí tienen propósito. Si algunas de tus luchas son consecuencia de tus errores, en la misericordia de Dios está que te vuelvas a levantar, que vuelvas a creer y a soñar.

La palabra antes que los dones y las emociones

«Y cuando os acerquéis para combatir, se pondrá el sacerdote y hablará al pueblo». Antes de la batalla, Dios no envió a un experto en armas, sino a un sacerdote con su palabra. Estas batallas no se ganan con dones, posiciones o fama, sino con la palabra de Dios, que renueva tus fuerzas. En tu matrimonio, en tus relaciones y en tus negocios, necesitas primero las instrucciones de Dios. Tu diseño responde a su palabra, no a tus deseos.

«No desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos; porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros». Lo mismo sucede con las emociones. Hay archivos del pasado que no necesitas volver a abrir: ofensas que ya perdonaste y heridas que Dios sanó. Si decides no dejarte dirigir por lo que sientes, avanzas en su diseño. Dios pelea contigo, y pelea para ganar.

La presión revela novedad de vida

La presión va a venir, pero no te cambia: revela lo que llevas dentro. Si aprietas una naranja, sale jugo de naranja. Cuando te presionen a ti, que salga fruto de discípulo. Para eso no basta leer la palabra: hay que aprenderla y practicarla. Que quienes te rodean vean en ti algo diferente: «para que así como Cristo resucitó de los muertos… así también nosotros andemos en vida nueva».

No eres un superhéroe, pero por su sangre eres hijo. Dios no se avergüenza de que estés luchando: se une a tu lucha. Hoy puedes entregarle las fuerzas con las que has intentado todo, aceptar su diseño y recibir a Jesús como Señor y Salvador. Muchas cosas te han superado, pero a tu Dios nada lo supera.

Referencias bíblicas