EN Oración
Serie Ruptura

Del desánimo a soñar: Dios prepara algo nuevo en ti

Antes de darte lo nuevo, Dios hace una obra interna: limpia el odre viejo para que pueda recibir vino nuevo. El desánimo no impide la victoria de Dios, pero sí puede impedir que la alcances. Permanece en tu propósito, confía y deléitate en Jesús, y vuelve a soñar: tu sueño depende de Dios.

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Quizá esperabas ver un rompimiento afuera: en tus finanzas, en tu matrimonio, en tu trabajo. Y en cambio han venido procesos y cosas inesperadas. Pero Dios está haciendo una obra interna, porque tiene algo nuevo para ti. El Padre creador preparó algo nuevo para tu vida, y ese tiempo nuevo necesita una versión renovada de ti. Del desánimo puedes pasar a volver a soñar.

Dios prepara lo nuevo desde adentro

«Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo… Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar». Dios no quiere una iglesia de odres viejos. Por eso separa lo que sirve de lo que no: tus formas de pensar, tu religiosidad, tus actitudes.

Versículo clave

«Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán.»

Lucas 5:37

Hay bendiciones para las que todavía no estás listo; si las recibieras hoy, romperían tu vida, porque no tienes preparado por dentro lo que se necesita para sostenerlas. Dios hace todo en el momento preciso. Si estás atravesando cosas que no esperabas, quizá Dios te está diciendo: «Tengo algo nuevo para ti, pero estoy rompiendo por dentro lo que no serviría para lo nuevo».

Para renovar un odre había que limpiarlo a fondo, por dentro y por fuera, y luego remojarlo en aceite para devolverle flexibilidad; así podía contener vino nuevo sin romperse. Así te ve el Señor: limpia lo viejo antes de depositar lo nuevo. A veces no sabes si lo que vives viene de Dios o de la vida misma. Pero sí sabes que Dios está en control y que sigue teniendo vino nuevo para ti. Aunque esta etapa haya sido dura, sigue avanzando.

El desánimo frena a quien ya había avanzado

Cuando no entendemos lo que Dios hace, nos desanimamos: «Dios ya no me responde, no voy para ningún lado». El desánimo no impide la victoria de Dios, pero sí te impide alcanzarla. Es una estrategia del enemigo para dejarte lejos de las promesas.

«Vino, pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada, y sus mujeres y sus hijos e hijas habían sido llevados cautivos. Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar». Hay circunstancias en que se vale llorar. Pero David no se quedó ahí: buscó a Dios. Rompió el desánimo, consultó al Señor, y escuchó: «Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos».

David salió con seiscientos hombres, y al llegar al torrente de Besor, doscientos se quedaron atrás, demasiado cansados para cruzarlo. El enemigo suele atacar a mitad del camino, cuando ya avanzaste. Pero los que siguieron alcanzaron al enemigo y recuperaron todo: «Y no les faltó cosa alguna, chica ni grande, así de hijos como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les habían tomado». Hay un botín que lleva tu nombre. «Te sustentaré con la diestra de mi justicia»: el Dios que te sostiene es más grande que el desánimo.

1. Permanece en tu propósito

Fuiste creado por Dios y para Dios. Cuando entiendes que Dios te soñó, los complejos y las comparaciones pierden fuerza. «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas». Hay cosas que tú puedes hacer y otros no, y viceversa; cada uno, haciendo lo que Dios diseñó, le agrada.

Versículo clave

«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.»

Efesios 2:10

En el propósito de Dios está todo: provisión, seguridad, cobertura, protección y ánimo. El Dios que te llamó te da fuerzas para hacer lo que te mandó. Vivir fuera del propósito es como un pez fuera del agua: produce desánimo.

Tu propósito tiene que ver con los dones y talentos que Dios puso en ti. José tenía un don de administración para preservar vidas en tiempo de escasez. Daniel tenía sabiduría para aconsejar a reyes. David era guerrero, salmista y líder. Pablo tenía unción y pasión para ser apóstol. Ester tenía una belleza que Dios usó para salvar a su pueblo. Si no sabes para qué naciste, empieza a servir: el llamado se descubre sirviendo.

Si te desconectaste, como David, puedes orar como él: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí… Vuélveme el gozo de tu salvación». Quizá dejaste algo a medias y vives con culpa. El mejor momento pudo haber sido hace años; el segundo mejor es hoy. Dios da muchas oportunidades, y su propósito sigue vigente aun contemplando tus errores.

Servirle a Dios te encamina al propósito. Ofrécete en tu iglesia, en tu casa, en tu trabajo. Mientras sirves, Dios te muestra para qué te formó, y el ánimo regresa, porque estás haciendo aquello para lo cual fuiste creado.

2. Confía y deléitate en Jesús

Marta estaba afanada con muchos quehaceres. Y el Señor le dijo: «Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada». Vivimos en un sistema que nos mantiene ocupados para que no estemos con Dios. Pregúntate si tanto hacer es fe o es afán, como si fueras huérfano y Dios no actuara a menos que tú metas la mano.

«Confía en Jehová, y haz el bien… Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón». Primero confía, luego haz. Trabaja, sirve y cuida a otros desde la confianza, no desde el afán. Aparta tiempo para estar con Dios, y pídele sabiduría para delegar y dejar batallas innecesarias. No fuiste diseñado para poder con todo: Dios envía ayuda, como envió a Simón de Cirene a ayudar a Jesús a cargar la cruz.

3. Vuelve a soñar

Jacob tuvo una vida dura: huyó de su hermano, fue engañado por Labán, trabajó años, sufrió pérdidas y conflictos entre sus hijos. Cuando por fin veía la promesa en sus doce hijos, sus hermanos le trajeron la túnica de José teñida en sangre, y Jacob hizo duelo por muchos días. A veces llega una noticia que te hace dar por muerto un sueño.

Pero José seguía vivo. Y tu sueño sigue en las manos de Dios. El enemigo puede enviarte cualquier túnica de dolor o de derrota, pero lo que Dios puso en ti depende de él. Cuando Jacob supo que José vivía, «su espíritu revivió». No eres los problemas que heredaste. Dios te saca del desánimo para que vuelvas a soñar.

Referencias bíblicas