EN Oración
Serie Ruptura

Ruptura o esclavitud: abre espacio en tu agenda para creer y seguir el rumbo de Dios

Tú planeas tu futuro, pero Dios marca el rumbo. No consagres solo tus metas: consagra tu vida. La estrategia de faraón sigue vigente: mantenerte tan ocupado que no tengas tiempo de creer. Abre espacio en tu agenda para la fe, ocúpate del hoy y deja el mañana en manos de Dios.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
39 min

Una ruptura es algo que se rompe para que haya avance. Quizá te sientes estancado, sin avanzar hacia el propósito que Dios tiene para ti. Es tiempo de una ruptura: un antes y un después. ¿Estás listo?

Dios marca el rumbo

«El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos». Todos hemos planeado nuestro futuro. Quizá tenías todo organizado: una carrera que te apasionaba, una comodidad que acababas de alcanzar. Y un día alguien te trajo una palabra que te pareció una locura, porque cambiaba todos tus planes. Quizá te frustraste y dijiste: «No, yo tengo otros planes». Pero las excusas no son para los hombres, sino para Dios.

Versículo clave

«El corazón del hombre piensa su camino; Mas Jehová endereza sus pasos.»

Proverbios 16:9

Que Dios marque el rumbo no significa que lo impone: te da libertad para elegir. Pero confía en su palabra: tus planes se quedan cortos frente al rumbo que Dios tiene para ti. Él puede cambiar tu corazón hasta que digas: «No cambiaría por nada lo que hoy hago contigo». Cuando Dios marca el rumbo, abrázalo, aunque tu plan te parezca mejor.

Consagra tu vida, no solo tus metas

Es bueno orar por las metas de cada año. Pero a veces idolatramos las metas, y si no se cumplen, nos estancamos y quedamos esclavos del resultado. Si consagras tu vida, aunque alguna meta no se cumpla, te aferras a Dios, y sus planes son mayores que tus metas.

Podrías ponerte la meta de ser millonario y no tener rumbo. Podrías llegar a ser rico y vivir sin propósito, sin verdadera prosperidad. Para Dios, la riqueza no es una meta: es un medio. El fin es el rumbo que él quiere darle a tu vida. Dios quiere prosperarte en todo, pero sobre todo que prospere tu alma y que él sea lo principal.

La estrategia de faraón sigue vigente

«Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan a palabras mentirosas». Faraón sobrecargó al pueblo para que no tuviera tiempo de creer lo que Dios decía por medio de Moisés y Aarón. Lo que Dios decía era verdad, pero el sistema lo llamaba mentira.

Versículo clave

«Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan a palabras mentirosas.»

Éxodo 5:9

El mundo sigue llamando mentira a la verdad de Dios, y verdad a la mentira. Te dice: «Deja que te guíe el corazón». Pero Dios nunca dijo eso; dijo: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón». Tu corazón no puede ser tu maestro, porque es engañoso.

Esa estrategia no fue solo para Israel: sigue vigente. El enemigo es sutil. No necesita asustarte; le basta con distraerte. «Este pueblo tiene tiempo para adorar, para orar, para creer: ocupémoslo tanto que ya no tenga tiempo». Hay que trabajar fuerte y con esmero, pero sobre todo creer y rendirse a Dios. Si tus ocupaciones te distraen del propósito de Dios, estás esclavizado. Necesitas una ruptura.

Hay quienes dejan su país buscando un sueño, y terminan con tres trabajos. Tienen dinero, pero viven una pesadilla porque no lo disfrutan y no tienen tiempo para Dios. ¿No será que el enemigo te tiene recargado?

Haz espacio en tu agenda para creer

Tienes que hacer espacio en tu agenda para creer. «Es que trabajo diecisiete horas diarias». ¿Y si trabajas tanto precisamente porque no has apartado tiempo para creer? Esto no es para formar gente irresponsable, sino gente de fe, responsable, enfocada, cuyas horas de trabajo tienen propósito porque decidió que Dios marque su rumbo.

Saca tu agenda, y aparta cada día un espacio para ejercer fe, orar y escuchar la palabra. «La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». No salgas de casa tan rápido que no tengas tiempo para Dios. El afán ahoga la semilla.

Hay quienes dicen que no tienen tiempo para servir a Dios, y cuando por fin abren espacio, Dios los sorprende: les da ideas, oportunidades y aun un negocio propio que les permite trabajar menos y vivir mejor. Y lo más valioso no es lo económico, sino tener tiempo para creer y servir.

Cuando el sembrador salió a sembrar, unas semillas fueron robadas en el camino, y otras fueron ahogadas por los espinos: los afanes de este siglo. El enemigo no necesita asustarte; le basta con distraerte para robarte la palabra. Vuelve a lo que Dios te ha dicho, medítalo y riégalo durante la semana. Dile a tu corazón: «Esta semana no me vas a engañar; voy a abrir espacio para lo que Dios dice».

Faraón dijo de los israelitas: «Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado». Lo mismo pensaba el pueblo, porque se guiaba por lo que veía. Pero lo que Dios les mostraba era la oportunidad de vivir por fe. Las diez plagas fueron contra los dioses falsos de Egipto, para demostrar quién es el Dios verdadero. El que abre el mar no le pide permiso a nadie, ni necesita revisar un estado de cuenta para multiplicar panes y peces.

Hoy te toca a ti; mañana, a Dios

El maná caía cada día del cielo, y no se podía guardar para varios días. Dios quería enseñar a su pueblo a depender de él. A nuestro orgullo le gusta depender de la obra de sus manos y exigir seguridad: «Dios, asegúrame que habrá mañana». ¿Cómo puedes exigirle eso al Dios del mañana mientras desconfías de él? Ocúpate de hoy: adorar, creer, ejercer fe. Dios se ocupa del mañana. «No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan».

Clama a Dios sin mirar a faraón

Israel clamaba a Dios, pero miraba a faraón. Así hacemos cuando clamamos con la mirada puesta en la situación. «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Lo importante no es el desierto, sino el Dios que te acompaña en él. Que tu mirada esté en su palabra, y que nada ocupe el lugar que solo él merece.

Quizá te sientes seguro por un salario mensual. Pero ninguna empresa, por grande que sea, puede asegurarte que siempre podrá pagarte: una mala inversión y todo se derrumba. Dios sigue siendo dueño de todo el oro y la plata. Él quería llevar a su pueblo a una relación diaria con él, a la paz de saber que Dios es su sustento, sin importar dónde estén.

Una ruptura que comienza hoy

Dios respeta tu voluntad. Los israelitas fueron libres de Egipto, pero quedaron atrapados por sus propias murmuraciones y sus deseos de volver. Revisa tus influencias: las personas que te rodean pueden llegar a convencerte de que lo malo es bueno. Y no resistas a Dios: resiste al diablo, y huirá de ti.

Hoy puedes pedirle perdón por el afán, entregarle tus pensamientos y tu corazón engañado, y recibir a Jesús como Señor y Salvador. Él rasga lo que te ata y marca un nuevo rumbo. Dile: «Señor, tú marcas el rumbo de mi vida. Hago espacio para creer».

Referencias bíblicas