EN Oración
Serie Puertas

La puerta de la justicia de Dios está abierta: confiar en su justicia y no en la nuestra

La puerta de la justicia de Dios está abierta por la sangre de Jesús. Muchas veces no entras porque confías más en tu propia justicia. Haz lo correcto según la palabra, no lo que te parece correcto; busca primero el reino y su justicia; y como José, en medio de la injusticia, ríndete a Dios y bendice en lugar de vengarte.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 09 min

La puerta está abierta. En medio de lo que vives no conoces la historia completa, y no puedes ver la última escena; pero en Dios siempre es gloriosa. No se trata de ver tus deseos cumplidos tal como los escribiste en tu guion, sino de ver a Dios lucirse al final. Él tiene tu historia en sus manos, y te va a sorprender.

La fe crece cuando oyes la palabra

«Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». Oyes muchas cosas, menos la palabra de Dios, y por eso tu fe queda drenada. El enemigo sabe que la fe viene por el oír, y procura que oigas lo contrario: escasez, malas noticias, enfermedades. Así como oír la palabra produce fe, oír lo que va contra ella la desgasta. Sigue oyendo la palabra, una y otra vez, y tu fe crecerá mientras la escuchas.

La puerta de la justicia está abierta

Nadie es justo por sí mismo; pero por la sangre de Jesús eres justificado, en medio de tus errores y tu naturaleza humana. Esa sangre abrió la puerta de la justicia, y el salmista decide entrar por ella: «Esta es puerta de Jehová; por ella entrarán los justos». Muchas veces no entras porque confías más en tu propia justicia que en la de Dios. Él te dice: «Deja de probar tu justicia; prueba la mía».

Versículo clave

«Abridme las puertas de la justicia; Entraré por ellas, alabaré a JAH.»

Salmos 118:19

«Por tu nombre, oh Jehová, me vivificarás; por tu justicia sacarás mi alma de angustia». Pide que Dios te haga vivir conforme a su voluntad, no a la tuya. Pasar por la angustia no significa que Dios no sea justo. «Siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse». En medio de la angustia puedes decir: «Señor, estás formando algo en mí; y como eres justo, me sacarás de aquí». «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo».

Haz lo correcto, no lo que te parece correcto

No puedes correr el riesgo de hacer simplemente lo que te parece correcto. Dios ve el corazón, y allí están las intenciones. A veces lo que te parece correcto lleva una intención equivocada. Y la mente suele buscar razones para satisfacer lo que el corazón ya cree, aunque sea incorrecto. Por eso necesitas un manual: la palabra de Dios, que es totalmente justa.

Versículo clave

«Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; Pero Jehová pesa los corazones.»

Proverbios 21:2

Piensa en alguien que cree que lo correcto es separarse de su pareja, cuando la palabra de Dios habla de restaurar. O en la instrucción de poner la otra mejilla, que la mente rechaza: «No te dejes; devuélvele el doble». Antes de decidir, pregúntate: ¿qué dice su palabra? No se trata solo de cuánta fe tienes, sino de en quién la pones: «Tened fe en Dios», no en tu chequera ni en tu propio criterio.

Busca primero el reino y su justicia

«Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». El reino son los intereses de Dios, y fuiste diseñado para buscarlo primero, junto con su justicia, no la tuya. No fuiste diseñado para añadirte a las cosas: cuando lo haces, las cosas terminan dirigiendo y gobernando tu vida, y nunca te darán plenitud. Si haces dinero fuera de los principios de Dios, lo que adquieres termina destruyéndote. Que no te impresione cuánto tiene alguien, sino cuánto obedece a Dios. Si Dios es primero, lo demás se añade a ti.

«Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos». La justicia de Dios también trae persecución, como la vivieron los apóstoles. Alguien dijo que los cristianos no corren peligro cuando son perseguidos, sino cuando son admirados. La admiración no es mala; el riesgo es el orgullo de creer que tu propia justicia te llevó ahí. Y peor aún es la adulación, que busca un beneficio. No te rodees de gente que solo te dice lo que quieres oír, sino de quienes, porque te aman, te dicen lo que necesitas oír.

José: injusticias, pero decisiones correctas

Dios le dio a José un sueño: los manojos de trigo de sus hermanos se inclinaban ante el suyo. Que Dios te dé promesas es parte de su justicia; José no lo pidió. Sus hermanos, que ya le tenían envidia por la túnica de colores, lo persiguieron por la promesa: le rompieron la túnica y lo echaron en una cisterna, que no se parecía en nada a lo prometido. Pero a través de las injusticias, Dios estaba formando en José un carácter que actuara según la justicia de Dios y no según lo que él creía correcto. El proceso es el mentor que nadie pide, pero que más te forma.

Dios podía hacer gobernador a José al día siguiente, pero no debía, porque no estaba preparado, y Dios es justo. Pídele: «Señor, no me lleves a un lugar para el que no estoy preparado». A veces no es la fe la que te lleva a algo, sino la necedad, y lo que creíste que traería felicidad termina trayendo dolor.

Años después, cuando murió Jacob, los hermanos temieron la venganza de José, porque pensaban desde su propia justicia. No mostraban arrepentimiento, solo miedo a las consecuencias, e intentaron manipularlo con un mensaje de su padre. José lloró, pero sus sentimientos no dirigieron su decisión: separó sus emociones de su respuesta.

Aun en la cárcel, José confiaba en la justicia de Dios, y su corazón no estaba cautivo. Nadie podía detener lo que Dios le había prometido. Cuando sus hermanos se postraron, respondió: «No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien». No tomó el lugar de Dios.

Ríndete a Dios y bendice en lugar de vengarte

La rendición tiene poder para manifestar la justicia de Dios. Las mejores decisiones se toman de rodillas: doblar las rodillas te impide perder la cabeza. José vio en la injusticia una oportunidad para que Dios se manifestara. «Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón». No te vengues: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor».

Puedes quedarte amargado, aunque hayas logrado mucho, o convertir el dolor en propósito. José vivió ciento diez años y vio a los hijos de Efraín hasta la tercera generación. Antes de morir dijo: «Dios ciertamente os visitará», porque Dios no falta a su palabra. Entra hoy por la puerta abierta de su justicia, y deja que él escriba la última escena de tu historia.

Referencias bíblicas