EN Oración
Serie Puertas

Jesús, la puerta que permanece abierta

Jesús es la puerta verdadera. Las cinco promesas que Dios le hizo a Jacob son también para ti: estoy contigo, te guardaré, te haré volver, no te dejaré y cumpliré lo que he dicho.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
40 min

Espera lo que Dios va a hacer. Las ventanas hablan de revelación; las puertas, de acceso y del paso de una dimensión a otra. Este es un tiempo para renacer y pasar a otro nivel: espera lo nuevo que Dios tiene.

Una puerta automática no se abre si te quedas quieto frente a ella. Cuando tu fe está en movimiento y crees, prepárate para que las puertas se abran. Ejercita tu fe y dile al Señor que le crees.

En el Antiguo Testamento, las puertas de las ciudades eran el lugar donde se trataban los asuntos legales. Mardoqueo estaba sentado a la puerta del rey; denunció el complot contra el rey, y el rey le hizo justicia. Es un tiempo en que se abren puertas de justicia para quienes han sufrido injusticias.

«Abridme las puertas de la justicia; entraré por ellas, alabaré a JAH». Asuntos detenidos pueden resolverse: propiedades, terrenos, bienes, herencias. Si has sufrido injusticias, celebra: se abre la puerta de la justicia de Dios.

La puerta del cielo y el encuentro de Jacob

No todas las puertas provienen de Dios, pero hay una especialmente importante: la puerta del cielo. Jacob despertó de su sueño y dijo: «Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía». Y tuvo miedo, y dijo: «¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo».

Una puerta es una transición: el paso de un estado, un lugar o un nivel a otro. Si estás cargado, cansado y drenado por situaciones, batallas y crisis, viene un tiempo de refrigerio. «Entra en el gozo de tu señor». Dios enjugará tus lágrimas: deja el sufrimiento y entra en el gozo y el reposo para tu alma.

El dolor es inevitable, pero el sufrimiento prolongado es opcional. Sal de la tristeza, la angustia, la ansiedad, el afán, la desesperación, la pasividad y el estancamiento, y entra en lo nuevo que Dios tiene para ti.

Jacob salió de Beerseba y fue a Harán. Llegó a un cierto lugar y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; tomó de las piedras de aquel paraje, las puso a su cabecera y se acostó. Y soñó: he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.

Jacob atravesaba un momento doloroso: huía de su hermano, y quizá se sentía desprotegido e inseguro respecto de su herencia y su descendencia. Pero Dios no aparta sus ojos de ti, sin importar el lugar al que hayas llegado.

La escalera representa a Jesús: apoyada en la tierra, su naturaleza humana; tocando el cielo, su naturaleza divina. Cien por ciento hombre y cien por ciento Dios. Dios le mostró a Jacob que seguía con él y que la promesa hecha a Abraham permanecía.

Felipe le habló de Jesús a Natanael, y Natanael preguntó: «¿De Nazaret puede salir algo de bueno?». Cuando Jesús lo vio, dijo: «He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño». Y le dijo: «De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre». Jesús está disponible para quien llega huyendo, como Jacob, y para quien es presentado por otro, como Natanael. Dios puede consolarte o confirmarte.

Versículo clave

«Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.»

Juan 1:51

Cinco promesas para atravesar las puertas

«Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia… He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho». No basta con que se abran puertas: necesitas la certeza de que Dios está contigo, para no quedarte enfocado solo en tus debilidades, tus defectos, tus dones o tus talentos.

Versículo clave

«He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.»

Génesis 28:15

Primera promesa: «Yo estoy contigo». No solo «estaré», sino «estoy». Dios está contigo ahora, no te deja ni te abandona, y te dará estrategias, sabiduría y todo lo necesario para atravesar las puertas que se abran.

Elías huyó de Jezabel y se metió en una cueva, y Dios le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elías?». No le preguntó qué hacía «allá»: Dios seguía con él, también en la cueva.

Segunda promesa: «Te guardaré». Guardar es cercar alrededor. No significa que nunca pasarás por dificultades: «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás». «Jehová te guardará de todo mal». «Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás». Dios te cuida aun en los momentos de angustia y temor.

Tercera promesa: «Te haré volver». Es restauración. ¿Qué perdiste en los últimos meses o años? Quizá la salud, algo en tu matrimonio, la paz, el gozo, la revelación de Dios, tu relación con él o tus finanzas. Dios restituye y recompensa.

«Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó». Dios prometió a Jacob tierra y descendencia; también tú tienes una herencia como hijo de Dios. «Os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta». Lo que el enemigo te robó, Dios lo restituye con creces.

Juan el Bautista comía langostas. Cuando crees la promesa de Dios, ves como alimento lo que Dios ha declarado: te «comes» las langostas que te robaron, porque crees que Dios restituirá.

Que la iglesia sea profética: que cada hombre y cada mujer lleve algo de Dios. Imagina llegar a tu trabajo y hablar palabras de vida en medio de la crisis, viendo más allá del problema. Deja la visión de túnel y camina proféticamente, con la madurez para no dejarte guiar por tus emociones.

Fuiste llamado y transformado para transformar el mundo. Cuando te encuentres con personas desanimadas, háblales palabras de vida sin dejar que su desánimo se adhiera a tu mente, tu corazón o tu convicción. Tu presencia puede cambiar la atmósfera de tu lugar de trabajo y hacer que las cosas prosperen. Una cosa es la información —incluso el exceso de información— y otra la revelación: quien tiene revelación no es derribado por las tormentas, porque sabe lo que Dios ha dicho.

Cuarta promesa: «No te dejaré». Dejar es soltar: Dios no renunciará a lo que te dijo. Quizá has estado creyendo por sanidad, por la restauración de tu matrimonio o de tu relación con tus hijos, por provisión sobrenatural. No aceptes las mentiras y el engaño que el enemigo quiere sembrar en tu mente y tu corazón.

«Porque no abandonará Jehová a su pueblo, ni desamparará su heredad». Dile a quien tienes al lado: «Dios no te abandonará». Puedes levantarte temprano a buscar el rostro de Dios, pasar horas orando y sentir que es un monólogo, que estás solo.

Pero Dios te responde: «¿Qué te hace pensar que no estoy aquí?». Él escucha cada palabra de tu boca y ve la intención de tu corazón y tu búsqueda. Dios es fiel y no puede negarse a sí mismo. El temor aparece cuando falta en tu vida la conciencia del amor de Dios; pero el perfecto amor echa fuera el temor. Recibe el amor de Dios, y no des cabida al temor, a la preocupación ni a lo que busca robarte tu relación con él.

Quinta promesa: «Hasta que haya hecho lo que te he dicho». Es la seguridad del cumplimiento. «Jehová cumplirá su propósito en mí». Dile a tu prójimo: «Soy una obra en construcción; ten paciencia». Lo que Dios dijo no queda sin terminar. Fue Dios quien tomó la iniciativa de revelarse a Jacob en un sueño: su misericordia va delante.

No solo tú velas por el cumplimiento de la palabra: Dios también. «Yo apresuro mi palabra para ponerla por obra». Lo que quizá tomó años puede realizarse de manera rápida. Es un tiempo de cumplimiento.

Permanecer en Jesús, la puerta

En el Edén no se menciona una puerta: el diseño original de Dios no era que el ser humano entrara y saliera, sino que permaneciera. Si permaneces en Dios y en su palabra, dondequiera que estés, Jesús es tu puerta y está contigo. ¿Necesitas sanidad, restauración, provisión sobrenatural? Jesús es la puerta. Quien tiene a Jesús lo tiene todo.

«Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados». En el Edén, Dios llamó al hombre: «¿Dónde estás tú?». Y él respondió: «Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí». Se cubrieron con hojas de higuera, avergonzados. Dios seguía en el mismo lugar y quería que permanecieran en él, pero la duda que sembró la serpiente los alejó de la puerta.

«Permaneced en mí, y yo en vosotros». «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá». No te conformes solo con recibir: busca y halla; llama y se te abrirá. Si has permanecido en medio de circunstancias, valles y desiertos, Dios no te dejará avergonzado. Jesús es la puerta que se abre, y puedes deleitarte en él mientras esperas el cumplimiento de lo que Dios dijo.

La vida de Jacob no fue fácil: desde el vientre luchó con su hermano, y nació trabado del calcañar de Esaú. Dios destrabará lo que ha estado atorado en tu vida. Si has luchado por ver bendiciones o has intentado resolverlo todo con tus fuerzas y tus métodos, Jesús es la puerta, la sanidad, el refrigerio, la confianza y quien te guarda y te rodea.

Ora: «Señor Jesús, perdóname por vivir lejos de ti; perdona mis faltas y mis pecados. Hoy te abro mi corazón y te pido que entres en él. Gracias, Jesús, por dar tu vida en la cruz del Calvario, por la vida eterna y por escribir mi nombre en el libro de la vida».

Referencias bíblicas