Es tiempo de cosecha y de frutos. Dios te llama a dar fruto en todo tiempo, no solo cuando las circunstancias corresponden a lo que esperabas.
Escogido para llevar fruto
«No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé». Eres escogido. Ante cualquier realidad que estés viviendo, declara esa verdad sobre tu vida.
Versículo clave
«No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.»
Juan 15:16
Jesús no dijo que él llevaría el fruto en tu lugar: te escogió y te puso para que tú vayas y lo lleves. Es una responsabilidad de los hijos de Dios. El fruto que permanece está unido a la oración: hay cosas que pides y que todavía no podrías sostener, porque falta firmeza y carácter. El fruto evidencia un carácter preparado para recibir lo que pides.
«Esto os mando: Que os améis unos a otros». El tiempo presente es una nueva oportunidad para dar fruto, aunque el panorama parezca oscuro y no puedas hacer las cosas como antes. La circunstancia difícil no es un motivo para detenerte, sino el lugar donde puedes seguir dando fruto.
Soñar en medio del cautiverio
«Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con estos… Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová, como los arroyos del Neguev. Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas».
Versículo clave
«Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.»
Salmos 126:5
El verdadero cautiverio es que tu corazón y tu mente dejen de soñar en medio de lo que vives. Los sueños de Dios te forman durante el proceso, y las crisis pueden anunciar una nueva temporada de fruto. El proceso no es fácil: sembrar con lágrimas precede a una cosecha que se recibe con gritos de alegría.
Aunque se cierren puertas, no permitas que se cierre tu corazón ni te vuelvas esclavo de la situación. Celebra y declara que Dios hará su obra, aun cuando no entiendas lo que ocurre ni veas cumplido todavía lo que esperas. Los sueños vienen de Dios, se sostienen en su presencia y se manifiestan por su poder. Ningún cierre puede detener las promesas de Dios.
José: favor, sueño y proceso
Israel amaba a José más que a todos sus hijos, y le hizo una túnica de diversos colores. José soñó un sueño y lo contó a sus hermanos, y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. La túnica representa el favor de Dios. Declara que ese favor está en tu vida, aun cuando el lugar parezca vacío. El templo verdadero eres tú.
Era una túnica larga: el favor de Dios a lo ancho y a lo alto. José no se avergonzaba de llevarla; no te avergüences de la gracia ni del favor de Dios. Ten valentía para pensar diferente, seguir adelante y hacer las cosas de otra manera. Dios le reveló a José el sueño, pero no el proceso; y el proceso sería su oportunidad para dar fruto.
«Cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua». Ese es el lugar estrecho: la ansiedad, la sensación de no poder respirar, la impresión de que no vas a salir adelante. Desde la cisterna, José no veía relación alguna entre ese pozo y las estrellas del sueño.
Quizá tu presente no es la imagen que esperabas. Las cosas no ocurrieron como pensabas, y aun así se cumplirá lo que Dios dijo. No conviertas en ídolo tu idea de cómo debían suceder las cosas: adora a Dios y da fruto en el lugar estrecho.
Si José no hubiera tenido la túnica, sus hermanos no lo habrían envidiado; sin la envidia, no lo habrían echado en la cisterna; sin la cisterna, no habría llegado a la casa de Potifar. Dios puede usar lo que te acontece. Vuelve a soñar.
José pasó años en la casa de Potifar y otros dos años más en la cárcel. El avance que viene de Dios no siempre es rápido, pero es glorioso. Y la cisterna estaba vacía, sin agua: fíjate también en los detalles pequeños que muestran el cuidado y el favor de Dios, en lugar de concentrarte solo en lo que no ocurrió como esperabas.
Dar fruto en lo inesperado
José fue llevado como esclavo a la casa de Potifar: un destino inesperado. Quizá el lugar está vacío, pero la iglesia está llena, porque la iglesia eres tú; y puedes hacer de tu casa o tu oficina un lugar de adoración.
Tu claridad no viene de los resultados del momento, sino de lo que Dios ha dicho y prometido. Ten una perspectiva eterna y enfócate en lo que Dios está haciendo ahora. «Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él». El verdadero amo de José era Dios. Su mayor bendición no era llegar a cumplir el sueño, sino que Dios estaba con él.
Atravesar dificultades no significa que Dios haya dejado de estar contigo. Levántate y persevera. José prosperaba en lo que hacía y fue puesto como mayordomo. Enfócate en lo que sí puedes decidir: dónde pones tu atención y cómo haces tu trabajo.
El tiempo en un lugar inesperado tiene fecha de caducidad, pero el fruto que das en la presencia de Dios es eterno. No te detengas. «Por sus frutos los conoceréis».
José sirvió a Potifar, recibió la responsabilidad de su casa y de sus bienes, y Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José. Aunque no controles algunas cosas, sí puedes decidir enfocarte en dar fruto y hacer lo que te corresponde. José se concentró en su trabajo y en servir. En medio de la incertidumbre, da lo mejor cada día como para Dios, también en lo emocional y en lo espiritual.
Hay circunstancias que hoy se ven terribles y pueden terminar de forma gloriosa. Viene un tiempo de cosecha: personas que recibirán a Cristo, y otras que retomarán su vida y se enfocarán en dar fruto. No sabes cuánto durará la estrechez, pero eso no debe impedirte dar fruto. Declara: «Voy a dar fruto».
Cuando el sueño te empuja
José no perseguía el sueño: el sueño lo perseguía a él. Ese mismo sueño lo empujó a la cisterna y a la casa de Potifar, a procesos que no eran agradables, pero que lo preparaban para dar fruto. El sueño no cambió; cambió José, a quien Dios estaba preparando para recibirlo.
Si atraviesas un tiempo estrecho o inesperado, puedes dar fruto allí. Los hermanos de José lo traicionaron. Deja de preocuparte por la gente que te rodea y enfócate en el sueño que Dios está impulsando. Hay procesos en los que no es el momento de arreglarlo todo: sigue dando fruto.
La mujer de Potifar le pidió a José que se acostara con ella. Él no quiso, y le dijo: «He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene… ¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?». La tentación es una batalla diaria. Da fruto frente a ella. Fíjate no solo en lo que Dios te ha dado, sino también en lo que no te ha dado.
Adán y Eva se enfocaron en lo que se les dijo que faltaba, y no en todo lo que Dios les había dado. La mujer de Potifar asió a José por su ropa, y él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó. Lo que Dios había puesto en sus manos era más grande que la tentación, y ella no estaba entre lo que Dios le había entregado.
Conoce lo que Dios te ha dado y lo que no te ha dado, y no permitas que una tentación destruya lo que recibiste. Viene un nuevo nivel de fe, de gloria y de autoridad para mantenerte firme ante la tentación.
Fruto en la injusticia y en el éxito
José fue echado en la cárcel por hacer bien las cosas y decir no al pecado; no estaba allí por haber cometido un delito. Pero también en la cárcel dio fruto, y al poco tiempo quedó a cargo de los demás presos. Declara: «Ponme donde quieras: voy a dar fruto», en la estrechez, en lo inesperado, ante la tentación y frente a la injusticia.
La injusticia humana es una oportunidad para que se manifieste la justicia de Dios. No te enfoques solo en lo que te sucedió: haz lo mejor y sigue creyendo. Faraón le dijo a José: «Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo interprete; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para interpretarlos». Y José respondió: «No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón».
Eso es dar fruto en el éxito y en la honra. José pudo aprovechar su encuentro con Faraón para contarle todas las injusticias que había sufrido, pero atribuyó a Dios la respuesta. No busques quedar bien por tu cuenta: reconoce a Dios como la fuente. Repite: «Será Dios quien dé la respuesta a mi vida».
Recibir abundancia o una posición no es, por sí mismo, el fruto: el fruto tiene que ver con lo que haces con esa abundancia y esa fama. Si Dios te lleva a una posición, que sirva para honrarlo. Dios te responderá en la cisterna, en la casa de Potifar, en la estrechez y en el lugar que no imaginabas.
Dar fruto frente al dolor
José no pudo contenerse delante de todos los que estaban con él, y clamó: «Haced salir de mi presencia a todos». Se dio a conocer a sus hermanos, y se dio a llorar a gritos, y lo oyeron los egipcios, y lo oyó también la casa de Faraón. Da fruto frente al dolor y no dejes que te destruya. No significa que no duela.
José preguntó: «¿Vive aún mi padre?». Su padre vivía; José solo necesitaba saberlo. Luego se echó sobre el cuello de su hermano y lloró, y besó a todos sus hermanos. Da fruto en medio del dolor y deja que Dios procese tu corazón. Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.
La familia de José habitó en la tierra de Gosén, lo mejor de Egipto. Cuando hubo plagas y tinieblas en Egipto, en Gosén había luz. José no fue creado para Gosén; Gosén fue preparado para José. Pasó el tiempo de su gobierno, pero su fruto permanece.
No permitas que la escasez, el lugar estrecho, lo inesperado, la tentación o el dolor te arrebaten el fruto. Da fruto en la ofensa, en la traición, en el abandono, en la desolación, en la injusticia y en el dolor. No te digo que no duela. José fue esclavo por fuera, pero esa condición no logró esclavizar su mente ni su corazón de hijo de Dios.
Celebra y adora a Dios: su presencia es razón suficiente para seguir siendo iglesia y dar fruto. Ábrele tu corazón a Jesús: pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador. Los sueños de Dios te persiguen y te empujan hacia lugares que no imaginaste, y verás lo que no imaginabas ver.
Referencias bíblicas
- Juan 15:16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 126:1-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 37:5-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 37:23-24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 39:1-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 39:7-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 41:15-16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 45:1-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 126:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


