Vivimos días difíciles, pero Dios está levantando una generación que marcará la diferencia: la generación de Jesús, que ve milagros y espera algo distinto. Hablamos de millennials y de otras generaciones, pero Dios es el mismo de ayer, de hoy y de siempre: el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, y tu Dios. Él hace que las generaciones cobren vida a cualquier edad. Y aunque hayas cometido errores, Dios está contigo y puede darte forma en sus manos.
Josías: un rey de ocho años
«De ocho años era Josías cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén. Este hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en los caminos de David su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda». Su padre Amón reinó solo dos años y su abuelo Manasés más de cincuenta, ambos haciendo lo malo. Cuando mataron a su padre, Josías subió al trono siendo un niño. Quizá te sientes demasiado pequeño para lo que te toca enfrentar. Las armas secretas suelen ser pequeñas: Dios puede usarte como un arma secreta en sus manos.
Versículo clave
«De ocho años era Josías cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén.»
2 Crónicas 34:1
Josías tenía muchas excusas: el ejemplo de su padre y de su abuelo. Pero no buscó su influencia, sino la de David, alguien que había marcado una diferencia para las generaciones. El pasado sirve para identificar lo que debes llevar a Jesús, no para justificar que sigas igual. Toda excusa y toda razón mueren en la cruz: «No importa lo que hicieron mi padre, mi abuelo o las generaciones anteriores; la sangre de Cristo me limpió, y tengo derecho a una generación diferente». Dios hace misericordia a millares de generaciones de los que lo aman.
Una revelación vale tanto como la próxima decisión que tomes. Busca la influencia correcta: hay personas que no quieren que avances porque necesitan compañía donde están. Josías no se apartó de lo correcto. Hacer lo correcto no siempre es fácil, y a veces te trae problemas; pero el final siempre es glorioso, porque es Dios quien da la cara por ti.
Buscar a Dios y destruir los ídolos
«A los ocho años de su reinado, siendo aún muchacho, comenzó a buscar al Dios de David su padre; y a los doce años comenzó a limpiar a Judá y a Jerusalén de los lugares altos, imágenes de Asera, esculturas, e imágenes fundidas». Primero buscó a Dios; luego destruyó lo que lo condenaba a seguir siendo el mismo. Aquello que idolatras es adonde tu corazón vuelve una y otra vez. Para que se levante una generación distinta, tienes que atreverte a destruir lo que te ata, en tu vida y en tu familia.
Durante la restauración del templo, se encontró el libro de la ley, y al escucharlo, Josías rasgó sus vestidos. Un fragmento de la palabra de Dios cambió su vida y la de su generación. La pregunta no es si tienes una Biblia, sino si has encontrado la palabra de Dios, y si has permitido que ella te encuentre y te confronte. Haber dejado de leer la palabra explica mucho de lo que vive el mundo. Y lo más importante es el significado que le das: para los discípulos, el nombre de Jesús significaba seguirlo adondequiera; para otros, solo un recurso para que haga lo que ellos quieren.
José les dijo a sus hermanos: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo». Lo que otros te hicieron depende de ellos; el significado que le das depende de ti. Lo mismo pasa con el éxito: el mundo llama éxito a lo que a veces es un fracaso definitivo. «¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?». Lo que alcanzas te deja vacío si no tienes a Dios; pero si Dios te llena, lo añadido no te vacía. Tu vida abundante viene de lo que Jesús alcanzó por ti en la cruz.
Renovar el pacto
«Y estando el rey en pie en su sitio, hizo delante de Jehová pacto de caminar en pos de Jehová y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo su corazón y con toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro». El lugar del rey era el lugar de honor y de éxito donde habían estado su padre y su abuelo. Allí Josías entendió que el verdadero éxito era renovar el pacto con Dios. Si la palabra no te lleva a tomar una decisión, solo fue un pasatiempo. Hoy es un día para decisiones radicales.
«E hizo que se obligaran a ello todos los que estaban en Jerusalén y en Benjamín… Y quitó Josías todas las abominaciones de toda la tierra de los hijos de Israel, e hizo que todos los que se hallaban en Israel sirviesen a Jehová su Dios. No se apartaron de en pos de Jehová el Dios de sus padres, todos los días de Josías». Empieza por tu territorio: tu mente, tu corazón, tu hogar. Como dijo Josué cuando el pueblo se acomodó en la tierra prometida: «Yo y mi casa serviremos a Jehová». Aun en tiempos difíciles, hay quienes siguen sirviendo, porque saben que «el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará».
Zacarías: nunca es tarde
En el otro extremo está Zacarías, sacerdote de edad muy avanzada. Hay personas mayores que se sienten apartadas de la sociedad y fuera de tiempo. Pero Dios es un Dios de generaciones, y lo que creías fuera de tiempo puede cobrar vida. «Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída».
Versículo clave
«Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.»
Lucas 1:13
Donde pones a Dios primero, ese lugar se convierte en un altar: tu trabajo, tu hogar. Y donde está el altar, ocurren cosas sobrenaturales. Zacarías se asustó, quizá porque su oración se había vuelto rutina, y no esperaba una respuesta. No permitas que tu relación con Dios se convierta en costumbre: oras al Dios que tiene millones de ángeles a su servicio y que en cualquier momento puede decirte: «He escuchado tu oración». De Josías a Zacarías, de niño a anciano, Dios hace que las generaciones cobren vida.
No importa tu edad. Si eres joven, Dios puede usarte como a Josías para cambiar la historia de tu familia. Si eres mayor, Dios puede usarte como a Zacarías, cuya casa recibió a Juan el Bautista, el que preparó el camino del Señor. Levántate y toma el lugar que Dios te dio: él sigue escribiendo historias en cada generación.


