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Serie Life

Cuando la caída te devuelve la vida: integridad, decisiones y relación con Dios

Integridad, decisiones que llevan al aislamiento y una relación con Dios que da vida: lo que enseña la parábola del hijo pródigo sobre levantarse de una caída.

Predicador
Andrés Azurdia
Publicada
Duración
17 min

«Cuando la caída te devuelve la vida»: ¿qué es una caída?

A quienes asisten a la iglesia a veces se les enseña una compostura y una perfección que parecen exigidas. Pero el camino de Dios también tiene hoyos, subidas y bajadas, y las personas caen: las caídas son parte de la experiencia de seres humanos que viven, sufren y piensan. Una iglesia imperfecta recibe a todas las personas y no pretende ser perfecta, aunque la Palabra de Dios impulse a parecerse cada vez más a Jesús.

Algunas caídas son el pecado, una mala actitud o la rebeldía con los padres o con los pastores. Todos estamos expuestos a caer, y una caída puede detenernos en el propósito que Dios tiene para nuestra vida. Pero lo ocurrido no anula ese propósito: tu vida tiene propósito, aunque algo haya sucedido o te hayas detenido.

Para desarrollar esa idea está la historia del hijo pródigo. Según el relato bíblico, el hijo menor pide al padre la parte de la herencia que le corresponde; el padre la divide y se la entrega. El joven se va de la casa y vive perdidamente. Cuando se le acaba lo recibido, queda en pobreza y busca trabajo. Consigue cuidar cerdos y tiene tanta hambre que ni siquiera le dan la comida de los animales.

El hijo pródigo se parece a quienes toman decisiones que los hacen caer en la fe o pecar. Alguien puede estar en la iglesia, servir y sentirse contento, y aun así, en una reunión con amigos donde hay licor y música, creerse seguro y ceder a la presión del grupo hasta emborracharse.

Después viene un mal momento: la sensación de no cumplir las expectativas de la iglesia ni las de Jesús. El primer punto es: «Integridad es libertad». Decide ser íntegro y acude a tu pastor, aunque temas que te quiten responsabilidades o que no te dejen servir. Un buen pastor muestra el amor de Jesús y abraza: lo que más le importa es que vuelvas a la vida y continúes en el propósito de Dios.

Si te identificas con esto, piensa cuánto podrías perder si no reconoces tus errores y no te acercas a una persona de confianza. Ser íntegro comienza por serlo contigo mismo y supone acudir al líder o al pastor. A un pastor le importa el corazón, no la posición que ocupas.

La decisión de volver en sí

En la parábola, cuando el hijo menor ya no recibe comida y se encuentra en necesidad, piensa en volver a la casa de su padre. Prepara lo que va a decir: pedirá perdón por haber pecado contra el cielo y contra su padre, y le pedirá que lo trate como a uno de sus trabajadores. Ese regreso es un acto de integridad y el primer paso para levantarse de una caída.

Versículo clave

«Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.»

Lucas 15:18

El segundo punto es: «Decisiones que me dejan». Las decisiones del hijo menor lo llevaron a desear la comida de los cerdos. Ya no tenía a los amigos de la fiesta ni a quienes lo invitaban a salir: algunas decisiones llevan a la soledad. ¿Te has sentido solo o abandonado?

Imagina a un bebé de pocas semanas que se queda solo un momento en la mesa de un restaurante y empieza a llorar porque no hay nadie cerca. Un mesero corre a avisarle a la mamá, que llega enseguida, lo abraza, y el bebé deja de llorar.

Así se sienten quienes creen que Dios los dejó, que están olvidados o que un pecado los dejó sin propósito ni camino. Pero Dios envía a su Espíritu Santo, como aquel mesero, para recordar que el Padre está ahí y para abrazar, aunque la persona no lo sienta. Y a veces pone personas alrededor que son ese abrazo de Dios.

Una versión dice que el joven «volvió en sí»: recuperó la cordura. Los pecados que llevan a la muerte espiritual hacen perder la noción de hacia dónde se va; el hijo recurrió a su propio corazón para regresar a lo que Dios tenía planificado.

Una relación que da vida

El tercer punto es: «Mi relación me da vida». Del hijo menor pasamos al mayor. Uno despilfarró y tomó malas decisiones; el otro permaneció en la casa. Pero el hijo mayor también estaba muerto espiritualmente, aunque seguía allí, como quienes permanecen conectados con la iglesia pero tienen muerta su relación con Jesús.

El hijo mayor se validaba por lo que hacía. Cuando vuelve del trabajo y oye que hay una celebración por el regreso de su hermano, se enfurece. En Lucas 15:31-32, en la traducción PDT, el padre le responde que siempre está con él, que todo lo que tiene es suyo y que es necesario celebrar, porque su hermano estaba muerto y ha vuelto a vivir, estaba perdido y ha sido encontrado.

Versículo clave

«Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.»

Lucas 15:31-32

Esas palabras se aplican a quienes han servido, liderado o participado en grupos y campamentos, pero sienten que su relación con Jesús está muerta. La relación con Dios es la que da vida. En la historia, el padre dice al hijo mayor que todo lo que hay en la casa le pertenece, y cabe preguntarse cuántas cosas se han dejado de pedir a Dios o a Jesús. Una relación distante puede llevar a comparar la propia situación con la de otros y a sentir que a ellos les celebran o les va bien.

Quien permanece en la casa del padre puede abrazarlo y expresarle su amor. Vuelve a encontrarte con el Padre y recupera la esperanza para los planes que consideras muertos: la relación con Dios trae de nuevo la vida.

Lo perdido y lo encontrado

En Lucas 15 hay tres historias: una oveja perdida, una moneda perdida y el hijo pródigo, y las tres fueron encontradas. Muchas veces creemos que somos nosotros quienes buscamos a Jesús y lo encontramos; pero es Jesús quien nos encuentra.

Si te sientes perdido, Jesús te está buscando y te encontrará. Estar perdido es estar muerto en vida, en pecados, desorientado y sin un lugar adonde ir. Jesús te encontrará donde estés.

Abre una oportunidad para que Jesús te encuentre. Pídele al Señor Jesús que te encuentre en tu soledad, ábrele tu corazón, pide perdón por tus pecados, tus caídas y tus malas actitudes, y reconoce que resucitó y venció la muerte para darte vida.

Si hiciste esa oración, estabas perdido y fuiste encontrado por Jesús, tu Señor y Salvador. Comienza una nueva temporada de vida.

Referencias bíblicas