Dios no se detiene. Tu vida es importante para él, y cada uno tiene una historia que Dios se encargará de llevar a buen término. Por eso hay una declaración que puedes hacer con el corazón: «Mi historia sigue; Dios no ha terminado conmigo».
La neblina que te hace desistir
Se cuenta de una nadadora de aguas abiertas que ya había cruzado grandes canales. En una ocasión intentó nadar varias decenas de kilómetros desde una isla hasta la costa. La neblina era tan densa que pidió auxilio y la sacaron del agua, diciendo que no tenía lo necesario para llegar. Ya en el bote descubrió que estaba apenas a un kilómetro y medio de la orilla. «Pude haberlo logrado», dijo. No fue el agua ni el frío lo que la detuvo, sino lo que no podía ver.
A ti te puede pasar lo mismo. El ambiente se pone difícil, dejas de ver las promesas y la palabra que Dios te dio, y quieres tirar la toalla y salirte del camino. La realidad puede ser como esa neblina, pero la verdad de Dios tiene que prevalecer sobre ella. ¿Qué estás mirando: las promesas de Dios o la neblina? Por eso necesitas perseverar.
Una coma donde parecía haber un punto
Versículo clave
«La esperanza que se demora es tormento del corazón; Pero árbol de vida es el deseo cumplido.»
Proverbios 13:12
Todos hemos sentido cómo el corazón se debilita cuando se pierde la esperanza; aun el cuerpo lo resiente. Pero el árbol de la vida estaba en el paraíso, un lugar de gozo: cuando perseveras y alcanzas lo que Dios prometió, recibes vida. Todos estamos esperando algo y corriendo una carrera por algo. Dios es especialista en poner comas donde el enemigo quiso poner un punto: en tu salud, en tus finanzas, en tu matrimonio, en tus hijos. Él no ha terminado su obra. Lo que te toca es seguir.
Vence la desilusión
La desilusión puede hacerte abandonar lo que Dios prometió: «Yo esperaba esto para mi matrimonio, para este año, y no sucedió». María Magdalena y la otra María subieron al sepulcro con especias aromáticas para un cuerpo muerto, con el corazón destrozado. Ninguno de los discípulos aparece. Hay momentos en que no sientes ganas, pero la responsabilidad, la forma en que respondes a Dios, tiene que prevalecer. Ellas siguieron, y Dios las sorprendió.
Los evangelios describen esa hora de maneras distintas: «siendo aún oscuro», «al amanecer», «ya salido el sol». Quizá salieron en la oscuridad y, cuando llegaron, ya había salido el sol. Muchas veces sales en oscuridad, y Dios te dice: «Sigue, que yo haré venir el amanecer». Como alguien dijo: cuando el tren entra en un túnel y todo se oscurece, no saltes del tren; confía en el maquinista. «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno… Aderezas mesa delante de mí». La mesa viene después del valle.
Mientras caminaban, aquellas mujeres se preguntaban: «¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?». Tú también te preocupas en el camino por tu matrimonio, tus finanzas, tus hijos y tu salud. Pero cuando llegaron, «hallaron removida la piedra». Hay piedras que Dios está removiendo por el simple hecho de que sigues caminando. Ese no es tu trabajo, sino el de Dios.
Obedece la instrucción aunque no sea el milagro que esperabas
Diez leprosos clamaron: «¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!». Jesús no les impuso las manos ni oró por ellos; solo les dijo: «Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados». Los sacerdotes eran quienes declaraban sano a un leproso y lo reintegraban a la comunidad: Jesús los estaba enviando a lo nuevo. A veces pides un milagro y Dios te da una instrucción, como a Jairo: «No temas, cree solamente». Tu trabajo es creer y obedecer; el milagro es trabajo de Dios.
Muchas veces le armas el paquete a Dios: «Haz el milagro, pero de esta manera». Y él solo te da una instrucción y te pide que sigas. La fe es creerle a Dios y avanzar aunque no veas nada, hasta verlo cumplido en tu vida. Hay instrucciones que solo piden obediencia, y en el camino de esa obediencia ocurre lo que no habías imaginado.
Vence la distracción
Los israelitas vieron lo largo del camino, se desanimaron y empezaron a quejarse y murmurar. La queja solo te distrae, te hace perder el tiempo y drena tus fuerzas y tu fe. Cuando vinieron las serpientes, Dios dio una instrucción sencilla: mirar la serpiente de bronce. Lo que sanaba no era el bronce, sino la obediencia a la instrucción. Puedes mirar la herida o mirar al Sanador; tú decides.
Versículo clave
«Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.»
Números 21:8
Te distraes cuando escuchas voces que no necesitas oír. Por eso necesitas recordar lo que Jesús te dijo, como el ángel hizo recordar a las mujeres lo que él les había anunciado. Hay padres que, con un hijo en cuidados intensivos, recibieron de Dios la certeza de que su hijo sanaría, y luego tuvieron que resistir los pronósticos, las opiniones y las historias ajenas que los apartaban de esa palabra. Si Jesús te dijo algo, él lo cumplirá, porque «Dios no es hombre, para que mienta». Si el enemigo te roba la fe, te roba lo dulce de la promesa.
Una niña pequeña, distraída mirando un desfile, bajó la mano con su dulce, y otro niño, debajo de las gradas, se lo iba comiendo cada vez que ella se descuidaba. Así pasa cuando te distraes: Dios te dio una promesa dulce, pero si te olvidas de ella, otros se la llevan, y te quedas solo con los momentos amargos. «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera». Guarda tu fe.
Vence la acusación
El acusador no se calla. Te habla de tu pasado, de tus malas decisiones, y te dice que no sirves y que nada cambia. Entre la instrucción y la promesa hay un tramo que recorrer, y ahí el enemigo querrá sembrar cizaña. No permitas que llene tu mente.
Pedro había negado a Jesús tres veces, y aun así el ángel dijo: «Id, decid a sus discípulos, y a Pedro». Jesús no le quitó la mirada ni lo apartó de las promesas. Su misericordia es muy grande. Por eso, como Pablo, «olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta».
Sigue: Jesús te espera al otro lado
Quien pone la coma y el punto es Dios, no el enemigo. Cuando sabes que alguien te espera al otro lado, no pierdes el tiempo en distracciones. Jesús te espera, y lo que prometió lo cumple. Reconoce delante de él si la desilusión, la frustración o la acusación te detuvieron, entrégaselas, y sigue nadando: tu historia continúa.
Referencias bíblicas
- Proverbios 13:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 17:12-14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Números 21:4-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 16:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Números 21:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


