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Nuevos planes: cuando Dios transforma nuestros caminos

Los planes de Dios superan los tuyos, y tus problemas no definen tu identidad. Como Moisés, la mujer del flujo de sangre, Jairo y el hijo pródigo, deja que Dios transforme tus caminos y te recuerde que eres su hijo.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
54 min

¿Estás listo para los nuevos planes de Dios? «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos». Espera que los planes de Dios se manifiesten, aun cuando los tuyos no se cumplieron como esperabas.

Versículo clave

«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.»

Isaías 55:8-9

Cuando tus planes se frustran

¿Este año ha resultado como lo planeaste? Muchos planes no salen como los trazamos. Pero los pensamientos de Dios para tu vida, tu familia, tu generación y tu iglesia son superiores. A veces, al mirar atrás, entiendes que aquella relación o aquel proyecto que tanto querías no era lo mejor, y que Dios tenía algo mejor para ti.

A veces vives por debajo de los planes que Dios trazó porque te concentras tanto en tus propios proyectos que olvidas su voluntad. La frustración no es el final: confía en la misericordia de Dios y prepárate para que él transforme tus planes frustrados y renueve tus pensamientos.

Moisés: una identidad que debía ser renovada

«Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel». Y Moisés respondió: «¿Quién soy yo?». Moisés todavía no podía comprender el plan que Dios tenía para él.

Cuando tu identidad no está afirmada en Dios, tus pensamientos no pueden elevarse ni empiezas a caminar en los planes que él trazó. Permites que las circunstancias externas definan quién eres. Moisés decía que no podía, que era torpe de lengua. Dios quería transformar esa identidad y esa manera de pensar.

Por la sangre de Cristo, el velo se rasgó, y para quien tiene fe los cielos están abiertos. ¿Está abierta tu mente para creerlo? En lugar de atribuir cada dificultad a unos cielos cerrados, revisa tus pensamientos y tu identidad.

No hay crisis que pueda cerrar los cielos. Eleva tus pensamientos por encima de lo que atraviesas: el Espíritu Santo te imparte identidad. Dios le dijo a Moisés que estaría con él, y cuando Moisés preguntó quién lo enviaba, la respuesta fue: «YO SOY me envió a vosotros». Ese es el fundamento para elevar tus pensamientos y ver cumplirse lo que Dios te encargó.

El mar: lo que te impedía avanzar será tu protección

Los israelitas quedaron frente al mar, con el ejército de Faraón detrás. No sabían cómo salir adelante, y criticaban a Moisés. ¿Qué plan habrías trazado tú? Una carretera, gente aplaudiendo, todo perfecto. Pero los planes de Dios te llevan a un nuevo nivel de fe, y no dependen de lo que ves.

«Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda». Lo que te impedía avanzar puede convertirse en tu protección: el agua que era obstáculo se volvió muro a ambos lados.

Versículo clave

«Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda.»

Éxodo 14:22

Prepárate para los planes de Dios: lo que parecía imposible puede ser usado para protegerte e impulsarte. Si sientes que algo te ahoga, eso mismo puede llegar a impulsarte.

«Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios, y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios». En una vigilia, Dios te forma; en otra, pelea por ti.

Tú habrías roto las ruedas de los carros. Pero Dios las entorpeció para que los egipcios avanzaran con dificultad y vieran lo que él hacía con Israel. Israel fue testigo del proceso y de la honra que vino después, y lo que antes lo detenía se convirtió en su barrera protectora. Confía en que los pensamientos de Dios son más altos, aunque el proceso no se desarrolle como lo planeaste.

El Señor está peleando por ti. Escríbelo como declaración de fe. No hay adversidad ni ejército que pueda levantarse contra los planes de Dios. Persevera mientras atraviesas la dificultad.

Jairo y la mujer: Jesús ve más que tu necesidad inmediata

«Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban». Jesús era el plan perfecto de Jairo.

En el camino apareció una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor. Así se complican los planes humanos cuando buscas otras soluciones. Pero ella oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud y tocó su manto.

No solo oyó hablar de Jesús: se puso en su camino. Haz lo mismo esta semana: no te limites a oír la palabra el domingo; busca a Jesús de todo corazón. Tocar su manto fue un acto de adoración. Adorar no es tener una voz bonita ni haber tomado un curso: es buscar a Jesús y seguir adelante a pesar de todo.

Ella pensaba: «Si tocare tan solamente su manto, seré salva». Y en seguida la fuente de su sangre se secó. Su plan —ser sanada— se cumplió, pero el propósito de Jesús era mayor. Jesús preguntó: «¿Quién ha tocado mis vestidos?». Sus discípulos le dijeron: «Ves que la multitud te aprieta». Entonces la mujer, temiendo y temblando, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.

Y Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote». Su paz no se limitaba a la sanidad física: Jesús la llamó hija. Ese era el propósito mayor.

No sabemos su nombre; la conocemos por su enfermedad. Los problemas pueden consumirte tanto que olvidas quién eres. Jesús quiso recordarle que era hija. No permitas que la aflicción consuma tu identidad: eres hijo o hija del Dios Todopoderoso. Quizá sientes vergüenza de contar lo que te pasa, o piensas que eres una molestia. No molestas a Dios. Dios no te ha olvidado.

Jairo ocupaba una posición importante en la sinagoga, y tenía una hija que se moría. Pero Jesús se detuvo mientras aquella mujer descubría que también era hija. Ella no tenía la posición de Jairo, pero era igualmente importante, porque era hija. Dilo: «Yo soy hijo», «Yo soy hija».

La noticia de muerte y el llamado a creer

«Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?». Mientras la mujer descubría que era hija, Jairo perdía a su hija. Esa decepción duele, pero Dios puede usar las decepciones para llevar tus pensamientos a otro nivel.

«Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente». Cuando parece que tus planes se destruyeron, no te quedes solo con las razones humanas: cree. La paz no viene de una posición ni de una posesión, sino de saber quién eres en Dios y lo que él puede hacer.

Jesús llegó a la casa y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. Les dijo: «La niña no está muerta, sino duerme». Y se burlaban de él. Pero él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dijo: «Talita cumi», que traducido es: «Niña, a ti te digo, levántate». Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. Y él mandó que se le diese de comer.

Hay cosas que, según tus planes, murieron, pero no han muerto en los planes de Dios. Espera un tiempo nuevo. Dios puede obrar más allá de lo que tú consideras terminado.

El hijo pródigo: de jornalero a hijo recibido

El hijo pródigo tenía un plan: volver como jornalero. Pensaba que sus errores ya no le daban derecho a ser hijo. Pero el plan del padre era hacer fiesta: «Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado». El padre celebró la identidad de su hijo.

Por más errores que hayas cometido, la misericordia de Dios puede levantarte y perdonarte. Algunos te dirían que no vuelvas a casa, pero el Padre te dice: «Aquí hay calzado para ti; mi amor es más grande que tus errores». Habla con Dios, adóralo y ábrele tu corazón.

El hijo pródigo pensaba en las algarrobas de los cerdos, y el padre le preparó una fiesta. Jesús celebra que sus hijos vuelvan. No concluyas que tus planes terminaron cuando lo que esperabas no ocurrió. Los planes de Dios superan los tuyos: no terminan en muerte, sino en vida; no terminan en algarrobas, sino en fiesta con el Padre.

Una nueva identidad

Dios es fiel, su reino y su trono son eternos. Si has vivido momentos difíciles que consumieron tu identidad, sigues siendo hijo amado de Dios. Si reconoces tus errores o no sabes a dónde perteneces, ora: pide perdón por tus pecados, invita a Jesús a entrar en tu corazón y dile que lo necesitas y que quieres ser su hijo. Comienza un nuevo tiempo, y sobre todo, una nueva identidad: nuevos planes en el nombre de Jesús.

Referencias bíblicas