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Nuevos vientos: propósito, revelación y gracia en medio de la tormenta

Hay vientos contrarios que Dios saca de sus tesoros para volverte al propósito, formarte y revelarse en medio de la tormenta. Y cuando tu fe falla, como la de Pedro, Jesús sigue dispuesto a levantarte por su gracia.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 00 min

Es un nuevo día, y la gracia y el amor de Dios están sobre ti. Camina confiando en que Dios guardará tus pasos, habla de soluciones y no de problemas, y extiéndete hacia lo que viene sin quedarte detenido en lo que pasó. Este es el día que hizo el Señor. No sabes cuándo se manifestará tu milagro, pero hoy recibes una palabra que puede provocarlo.

Dios está haciendo algo nuevo, y trae nuevos vientos: vientos contrarios que pueden venir de parte de Dios, no para muerte, sino para vida. «Hace subir las nubes de los extremos de la tierra; hace los relámpagos para la lluvia; saca de sus depósitos los vientos». Dios tiene vientos reservados para propósitos en tu vida, y tú eres su especial tesoro.

Vientos que te vuelven al propósito

«Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave». Dios sacó ese viento para hacer volver a Jonás al propósito, porque Jonás iba en dirección contraria. El problema no era que el barco se rompiera, sino que la vida de Jonás se quedara sin propósito.

Versículo clave

«Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave.»

Jonás 1:4

Algunas circunstancias que parecen amenazar lo que tienes podrían estar confrontando lo que te aparta del propósito de Dios. Declara: «Yo soy especial tesoro». Una vida sin el plan de Dios termina en pedazos. Los marineros, aterrados, clamaron cada uno a su dios y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla.

Los marineros buscaban alivio; Dios buscaba transformación. Tú también buscas que tu situación se calme, mientras Dios quiere transformarte. Dios puede traer alivio, pero el propósito está por encima del alivio. Jonás fue echado al mar, un gran pez lo tragó, y al final cumplió el propósito que Dios le había dado.

Jonás había bajado al interior de la nave y dormía. El patrón de la nave se le acercó: «¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos». Hay quienes se adormecen respecto al propósito de Dios. Los marineros pensaban que, si Dios los miraba, la tormenta acabaría; pero la tormenta estaba allí precisamente porque Dios había puesto su mirada sobre Jonás. Hay propósito en el viento contrario. Levántate.

«Los que descienden al mar en naves, y hacen negocio en las muchas aguas, ellos han visto las obras de Jehová, y sus maravillas en las profundidades. Porque habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, que encrespa sus ondas. Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal. Tiemblan y titubean como ebrios, y toda su ciencia es inútil. Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones». Su habilidad de navegantes no les bastó.

Verás el poder de Dios en medio de los vientos contrarios. Cuando tus habilidades no alcanzan, puedes clamar a Dios. Quizá no entiendas de inmediato el propósito de la tormenta, pero puedes confiar en Dios cuando tus capacidades parecen insuficientes.

Cuando el viento llega mientras obedeces

«En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud». Jesús mismo los envió. Estaban obedeciendo.

Después de despedirlos, Jesús se fue al monte a orar. Al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. Desde el monte donde Jesús oraba se ve el mar al que envió a sus discípulos. Ellos no podían ver a Jesús, pero Jesús sí podía verlos. Si atraviesas una dificultad, no concluyas que Dios te ha perdido de vista.

La tormenta avanzó por las vigilias de la noche. En la primera, quizá todavía había entusiasmo. En la segunda, aparecían preguntas: ¿por qué tarda?, ¿habremos oído bien a Dios? «Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar».

En la tercera y la cuarta vigilia se acumulan la fatiga y la aflicción. Reconoce abiertamente que estás cansado: abrir el corazón trae libertad; las apariencias, no. Todos nos sentimos fatigados alguna vez, aun quienes sirven a Dios con entrega. Él sabe qué hacer con tu fatiga.

Muchas veces Dios pone primero la prueba y después da la lección. No gastes todas tus energías tratando de salir del viento; úsalas para aprender lo que Dios quiere mostrarte. Las victorias más grandes no son solo salir de la tormenta, sino tener paz en medio de ella y recibir nuevas fuerzas mientras pasa.

¿Por qué Jesús no llegó en la primera o en la segunda vigilia? Porque no quería solamente aliviar a sus discípulos, sino transformarlos y llevarlos a confiar en él. La cuarta vigilia enseña esa confianza, aun cuando la tormenta no ha terminado. A veces quieres salir de una situación, y la respuesta es rendirte ante Dios y no perderte lo que él quiere que veas y escuches.

La confusión y la revelación

«Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron». En la gran dificultad aparece la confusión. Pero el viento de la cuarta vigilia no está diseñado para confundirte, sino para que Dios se revele.

No te rindas por no ver con claridad: deja que Dios se revele. Deja de mirar solo a través del temor y espera que Dios te enseñe algo más. Aunque haya tormenta afuera, puedes ser libre del tormento en tu corazón. La confusión te hace creer que la única solución es salir de la tormenta; la revelación te permite reconocer que Dios está presente en ella.

Pablo atravesó muchos vientos contrarios, y lo formaron. Por eso pudo decir: «Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro». Pase lo que pase, sigue creyendo en el amor de Cristo.

«Porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!». Jesús habló con ellos. ¿Estás escuchando a Jesús, o prestando más atención al viento contrario? Lo que está en tu contra puede llevarte a oír a Jesús de una manera nueva. El viento estaba en contra de ellos, pero la palabra estaba con ellos. El viento puede estar en tu contra, pero la palabra de Dios está contigo.

Versículo clave

«porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!»

Marcos 6:50

Las palabras de Jesús son sencillas. A Pedro le dijo: «Ven». Muchas veces pides muchos detalles y confirmaciones, pero Dios te habla con sencillez. Reconoce su voz.

Cuando tu fe falla, la gracia te levanta

«Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?». Pedro vio una oportunidad de avanzar en la fe: entendió que podía ir a un nuevo nivel.

Quizá te has lanzado en fe y no llegaste tan lejos como esperabas. La buena noticia es que Jesús está allí para levantarte cuando caes. La fe de Pedro no estaba en sus pies, sino en las manos de Jesús. La gracia de Dios no falla: cuando tu fe parece insuficiente, Jesús sigue dispuesto a levantarte. Si creíste en algo y te caíste en tu fe, celebra que caíste en el lugar correcto: Jesús estaba allí con su gracia para levantarte y decirte que lo intentes otra vez. Su gracia no te soltará.

«Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios». El viento contrario es pasajero; la comunión con Dios es eterna. Lo más importante no es salir de la tormenta, sino reconocer al Dios digno de adoración. Después de caer, vuelve a la barca: la gracia de Jesús te levanta y te llama a seguir adelante.

Recibe la gracia

Ninguna obra podía darte la salvación: es por la gracia y el amor de Dios en la cruz del Calvario que recibes la vida eterna. La invitación de Jesús es tan sencilla como la que le hizo a Pedro: «Ven». Ábrele tu corazón: pide perdón por tus pecados, dile que lo necesitas y agradécele por la vida eterna. Sin importar cuántos errores hayas cometido, su gracia te levanta y te acepta.

Hay vientos que vienen de parte de Dios para volverte al propósito, llevarte a una fe que nunca habías experimentado y mostrarte su gracia y su favor. No te asustes por los vientos contrarios: Dios está contigo, y la voz de Jesús te hablará en medio de ellos.

Referencias bíblicas