EN Oración

Metas y sueños en manos de Dios

Pon tus metas y tus sueños en las manos de Dios. Ordena tu corazón, busca consejo sano, confíale tus planes y atrévete a soñar de nuevo: Dios puede revivir lo que dabas por muerto.

Predicador
Diego Andaraus
Publicada
Duración
9 min

Hay jóvenes que sueñan con ser productores musicales. Estudian producción y composición, les apasiona estar en un estudio, y van acondicionando poco a poco un cuarto de su casa para convertirlo en estudio de música. Sus padres los apoyan; pintan juntos un grafiti en la pared, le ponen luces, lo decoran.

Y de pronto, sin saber bien por qué, dejan de entrar. Dejan de ensayar allí y se llevan la guitarra a otros lugares. Quizá tenían otros planes, o se olvidaron un poco de aquel sueño. Hasta que un día alguien les pregunta: «¿Qué pasó con tu estudio? Ya no entras». Y la posibilidad de perderlo los asusta. En ese momento, Dios reactiva el sueño.

Entonces vuelven a armarlo. Necesitan monitores, una cabina para el amplificador de la guitarra. Y Dios abre caminos inesperados: al ordenar el cuarto, encuentran muchas cosas que ya no usan, las venden, y con lo obtenido compran el equipo que necesitaban. Dios fue bueno, y el sueño pudo continuar.

Ordena tu corazón y vuelve a mirar tus sueños

Así también en la vida espiritual: cuando ordenas tu corazón, Dios abre puertas para que lleguen nuevas bendiciones. Cuando quitas de tu corazón lo que ya no sirve, Dios te puede dar estrategias, nuevas metas y sueños para cumplir un propósito mayor.

Lleva tus metas y tus sueños delante de Dios, y verás cosas increíbles. Ese es el camino para retomar un proyecto que habías dejado de perseguir.

A veces lo que te impide avanzar no es la falta de recursos, sino el desorden. Desorden en tus prioridades, en tu tiempo, en tus relaciones, en tu corazón. Hay cosas que guardas y que ya no te sirven: rencores, excusas, hábitos, miedos. Cuando las sueltas, se abre espacio para lo nuevo que Dios quiere traer.

También hay sueños que se apagan por descuido. No los abandonaste de un día para otro; simplemente dejaste de entrar al cuarto, de practicar, de orar por ellos. Si eso te pasó, no te condenes: vuelve a abrir la puerta y preséntale a Dios ese sueño otra vez.

Busca dirección y consejo

«Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman». Ningún proyecto prospera sin buena dirección. Busca a alguien que sepa del sueño que tienes.

Versículo clave

«Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; Mas en la multitud de consejeros se afirman.»

Proverbios 15:22

Otra manera de decirlo: los planes fracasan por falta de consejo, y con muchos consejeros se alcanza el éxito. Dirección y consejo van de la mano. Por eso, el primer paso para construir tus metas es buscar a alguien que sepa del sueño que tienes y escuchar lo que te dice.

Quizá no sabes qué metas o sueños tienes, o tienes un sueño pero no sabes si se alinea con la voluntad de Dios. Muchas veces la voluntad de Dios está ligada a los dones y talentos que te dio. Si Dios te dio el talento de tocar la guitarra, es posible que su propósito para ti esté relacionado con ese talento, y que te use como músico y adorador.

Cuando necesites alcanzar una meta o no sepas cómo llegar a ella, busca consejo. Acude a tus padres: muchas veces tienen la respuesta correcta. Si no estás con tus padres, busca amigos que den consejos sanos, a tu pastor o a los líderes de tu iglesia: alguien que pueda darte un consejo saludable.

Pon tus planes en las manos de Dios

«Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados». Pon todos tus planes en las manos de Dios. Es una promesa, y Dios cumple lo que promete. Si tienes un sueño o una meta que todavía no ves cumplida, Dios sigue vigente, y sus promesas también siguen vigentes para tu vida.

Versículo clave

«Encomienda a Jehová tus obras, Y tus pensamientos serán afirmados.»

Proverbios 16:3

No se trata de dejar de soñar, sino de confiarle a Dios tus planes. Quizá tienes miedo de hacerlo, porque piensas que su voluntad será algo que no deseas. Pero escucha su promesa: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis». Aférrate a esa promesa.

Los planes de Dios para ti son mejores que los tuyos. Cuando le entregas tus sueños, no los pierdes: los pones en manos de quien sabe cómo hacerlos florecer. Y si alguno no era para ti, él tiene algo mejor.

José recibió sueños de Dios siendo joven, y pasaron años de pozo, esclavitud y cárcel antes de verlos cumplidos. Pero Dios no se olvidó. Lo que Dios pone en tu corazón tiene su tiempo. Mientras tanto, sé fiel en lo pequeño, y él te pondrá sobre lo mucho.

Pregúntate también para qué quieres ese sueño. ¿Es solo para ti, o puede bendecir a otros? Los sueños que vienen de Dios casi siempre terminan sirviendo a alguien más. Un estudio de música puede convertirse en un lugar donde se componen canciones que acercan a muchos a Dios.

Atrévete a soñar otra vez

Hay metas y sueños que parecen muertos. Dios es capaz de revivirlos. No tengas miedo de volver a soñar. Seas adolescente o sientas que ya tienes muchos años, la edad no determina si las promesas de Dios siguen vigentes para ti.

Tus sueños pueden ser pequeños, como tener un estudio en casa, o mucho más grandes. Aprobar tus clases en el colegio o la universidad, encontrar a la persona con quien compartir tu vida, emprender un proyecto: Dios se interesa por todo eso. Él cumplirá sus propósitos en ti; Dios está contigo.

«Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón». Cuando te deleitas en Dios, tus deseos se alinean con los suyos, y descubres que los sueños que él pone en tu corazón son los que él mismo quiere cumplir.

Mientras esperas, prepárate. Si sueñas con ser músico, practica; si sueñas con emprender, aprende; si sueñas con servir, empieza hoy donde estás. Dios bendice la diligencia. Un sueño sin preparación se queda en deseo; un sueño en manos de Dios, acompañado de esfuerzo, da fruto.

Escribe tu sueño en un papel. Debajo, anota tres pasos pequeños que puedes dar esta semana, y el nombre de una persona a quien le pedirás consejo. Luego ora por cada paso. Así, con papel y oración, le entregas tus sueños a Dios de forma concreta, y das el primer paso para que se hagan realidad.

Una oración por tus sueños

Ora así: «Jesús, gracias por este día y por estar presente. Perdona mis pecados. Te recibo como mi Señor y Salvador. Quiero que tus sueños y los míos se alineen. Pongo en tus manos mis metas y mis planes».

Dios bendice tus sueños cuando están en sus manos. Ordena tu corazón, busca consejo sano, confía tus planes a Dios y atrévete a soñar de nuevo.

Referencias bíblicas