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Serie Acceso

Libre acceso a Dios: abrirle el corazón a Jesús

Tienes libre acceso a Dios. No necesitas fingir ni esconder tus errores: acércate con confianza, ábrele a Jesús las puertas que mantienes cerradas y deja que él restaure tu corazón.

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Piensa en todo lo que requiere una clave de acceso: la entrada de un condominio, tu computadora, tu teléfono, las notas y las clases de la universidad, tu cuenta bancaria, un boleto para viajar. En los conciertos entregan credenciales de acceso total que permiten entrar a todas las áreas. Sin la clave o sin la credencial, te quedas afuera.

Con Dios es distinto. Por medio de Jesús, tienes libre acceso a él. Puedes acercarte directamente a Dios y abrirle la puerta de tu vida para que obre en ti. Y él también quiere tener acceso a ti: a tu historia, a tus luchas, a tu corazón.

Las historias que no se ven

A veces ves a una pareja felizmente casada, o a alguien sirviendo a Dios con gozo, y no sabes todo lo que vivieron antes. Hubo rupturas dolorosas, tiempos de separación, padres que se oponían, meses de tristeza. Detrás de cada vida hay una historia que no siempre se ve.

También hay historias de malas decisiones. Muchos se equivocaron, tomaron caminos que los alejaron de Dios, y se avergonzaban de quiénes eran. La tentación entonces es fingir: llevar una vida de apariencias y mantener cerradas las puertas del corazón para que nadie vea lo que hay adentro.

Esconderte no es nuevo. Después de pecar, Adán y Eva se escondieron de Dios entre los árboles del huerto. Y Dios salió a buscarlos: «¿Dónde estás tú?». Dios no te pregunta dónde estás porque no lo sepa, sino porque quiere que tú salgas de tu escondite y te acerques a él.

David también intentó ocultar su pecado, y lo describió así: «Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día». El silencio y la apariencia pesan. Pero cuando confesó, encontró descanso: «Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad… y tú perdonaste la maldad de mi pecado». Cuando abres la puerta, llega el alivio.

Reconoce tus errores y abre la puerta a Dios

La salida no es fingir, sino permitir que Dios entre por la puerta que tenías cerrada. Dale libre acceso para que te cambie, te transforme y te restaure. Equivocarse y tomar malas decisiones es parte de ser humano, pero no tienes que quedarte allí: dale a Dios acceso a tu vida y recibe una nueva oportunidad. Dios es un Dios de segundas oportunidades.

El acceso a Dios no se obtiene fingiendo que todo está bien. Si no te sientes capaz de acercarte, háblale de lo que te pasó, o simplemente dile que lo necesitas. Mira a Jesús en Getsemaní, la noche antes de la cruz: «Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú».

Versículo clave

«Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.»

Mateo 26:39

Jesús abrió su corazón al Padre y le habló de su angustia ante lo que enfrentaba. Al día siguiente sería crucificado, y por su muerte vendría la salvación de la humanidad. Tú también puedes hablar con Dios con sinceridad, aun cuando has fallado. No pienses que él está demasiado lejos para escucharte.

Tus errores y tus decisiones quizá te fueron alejando cada vez más de Jesús y de la vida alegre que él quiere darte. ¿Has tenido miedo de enfrentar una verdad o de verte tal como eres? Jesús también conoció la angustia; por eso puede comprenderte.

Quizá piensas que si te acercas, Dios te castigará, te lanzará un rayo o hará que todo te salga mal. Pero cuando le das a Jesús libre acceso a tu corazón, las cosas comienzan a cambiar y nace la esperanza. En los momentos en que estás muy triste y te sientes desamparado, Dios llena tu corazón y te dice: «Intentémoslo de nuevo».

El hijo pródigo pensaba que su padre lo recibiría como a un jornalero. Ensayó su discurso de arrepentimiento, preparado para el rechazo. Pero cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, fue movido a misericordia, corrió, se echó sobre su cuello y lo besó. Así te recibe Dios cuando vuelves a él.

Cuando Jesús murió, el velo del templo se rasgó de arriba abajo. Ese velo separaba el lugar santísimo, donde solo entraba el sumo sacerdote una vez al año. Al rasgarse, Dios declaró que el acceso estaba abierto para todos los que se acercan por medio de Cristo. Jesús pagó tu credencial de acceso total con su propia sangre.

Acércate con plena confianza

«En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él». Por la fe en Cristo, tienes libertad para acercarte a Dios con plena confianza. Permítele acceso a tu vida para que te restaure y te limpie, y confía en que él puede abrir camino a lo que tiene preparado para ti.

Versículo clave

«en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él»

Efesios 3:12

«Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro». No es un trono de juicio para quien se arrepiente, sino un trono de gracia. Allí encontrarás misericordia por lo que hiciste y ayuda para lo que viene.

No tengas temor de abrir tu corazón y decirle a Dios lo que sientes. El Padre quiere ayudarte, llenarte y hacer grandes cosas en tu familia y en tu vida. Así como un amigo comparte su historia con quienes considera cercanos, Jesús quiere que le abras tu corazón y le cuentes tus anhelos, con la confianza de que él estará contigo.

Darle acceso a Dios no es una sola decisión: es un estilo de vida. Cada día puedes abrirle una puerta más: tus pensamientos, tus relaciones, tus finanzas, tus heridas, tus sueños. Las áreas que le entregas son las que él transforma. No le des acceso solo a la sala de tu casa; dale las llaves de todos los cuartos.

«He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo». Jesús no fuerza la puerta: llama y espera. La manija está de tu lado. Él quiere entrar, sentarse a tu mesa y tener comunión contigo.

Dale libre acceso a Jesús

Si ya conocías a Jesús, o si te alejaste de él, dale libre acceso a tu corazón en este momento. Ora: «Jesús, entra en mi vida y en mi corazón. Te abro las puertas que tenía cerradas. Te doy acceso para que obres en mí. Gracias, en el nombre de Jesús».

Si hiciste esta oración por primera vez, o necesitas que alguien ore por ti, busca a tu iglesia y pide acompañamiento. No camines solo. Dale libre acceso a Jesús y acércate a las bendiciones que Dios tiene para ti.

Referencias bíblicas