Dios está dando un reinicio al corazón, a la manera de pensar y a la manera de creer. Hebreos 12:15 exhorta a mirar bien que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios, y que ninguna raíz de amargura brote y cause dificultades, contaminando a muchos.
El pasaje tiene dos aspectos: Dios quiere que alcancemos su gracia, y a la vez advierte que una raíz de amargura puede brotar y afectar a otros. No podemos ponerle una mascarilla al corazón para protegerlo, pero la Palabra de Dios lo protege y nos sirve para examinarlo. La raíz que brota muestra que la amargura crece sin que uno lo advierta y se hace visible después en palabras y acciones.
¿Qué pasaría si una familia saliera de un tiempo difícil con hijos que ya no creen en el matrimonio, en los sueños ni en las promesas de Dios? No atiendas solo a lo que pasa afuera, sino también al corazón, del cual mana la vida. Aun cuando no se pueda salir de la situación, es posible tener un corazón sano y disfrutar de Dios en medio de ella.
Otra versión de Hebreos 12:15 habla del riesgo de rezagarse y no alcanzar la gracia: la amargura retrasa respecto del propósito de Dios. El pueblo de Israel debía llegar a la tierra prometida, pero muchos murieron en el desierto y el proceso se prolongó cuarenta años. Se rezagaron, aunque la gracia de Dios y la tierra prometida seguían ahí.
Versículo clave
«Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados»
Hebreos 12:15
Hay una diferencia importante entre la promesa de Dios y el propósito que cada persona puede dejar de alcanzar. La promesa no muere, pero el corazón puede llenarse de amargura y quedar rezagado; otra generación puede recibir lo que la anterior no alcanzó. Por eso, quienes escuchan pueden decir que esa promesa es para ellos y que no se dejarán detener por la dificultad. Hay procesos prolongados, y cuando estos se alargan, aumenta el riesgo de amargarse y perder de vista el propósito.
Asaf reconoce la amargura y su estado interior
Para profundizar en el tema, vamos a Salmos 73:21 y a las palabras de Asaf: se dio cuenta de que su corazón se había llenado de amargura y de que estaba destrozado por dentro. Asaf fue uno de los directores de música de aquel tiempo y participó entre los cantores que acompañaron el traslado del arca. Por eso, incluso quienes sirven, conocen la Palabra o adoran a Dios pueden correr el riesgo de amargarse. Nadie tiene inmunidad espiritual por ocupar un lugar de servicio.
Versículo clave
«Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti.»
Salmos 73:21-22
«me di cuenta» es la clave. La perfección no es requisito para permanecer cerca de Dios; lo importante es reconocer lo que sucede en el corazón para no quedarse detenido en el mismo lugar. Todos pasamos por procesos de amargura: la pérdida de un ser querido, de una pareja o de un cónyuge, traiciones y momentos difíciles. Como la picadura de una araña y su veneno lento, algo que al principio parece pequeño termina haciendo daño.
No es lo mismo sentir enojo, tristeza o frustración que dejar que esas emociones permanezcan demasiado tiempo: una emoción prolongada se convierte en sentimiento, y si el sentimiento permanece, se vuelve amargura. Identifica el dolor, reconócelo y ponlo en manos de Dios, para que no se convierta en una raíz que afecte tu vida.
Asaf continúa diciendo que fue necio e ignorante y que su conducta fue como la de un animal sin entendimiento. Esas palabras son una confesión de haberse dejado llevar por lo que sentía, sin razonar. La amargura puede distorsionar la mirada: la persona deja de reconocer lo bueno de Dios y lo bueno que otros han hecho, y termina viendo únicamente lo malo. Aquello que se logra identificar puede reconocerse, y aquello que se reconoce puede cambiarse con la ayuda de Dios.
En los versículos siguientes, Asaf declara que todavía pertenece a Dios y que Dios lo toma de la mano derecha. Esa confesión se relaciona con la identidad de quienes son propiedad de Dios, y cabe preguntarse si quienes escuchan se reconocen como pertenecientes a él. La imagen de la mano es una oportunidad renovada y una señal de que la pertenencia a Dios no desaparece por estar destrozado por dentro. Desde esa identidad, conviene examinar qué cosas pertenecen al corazón y cuáles no: la amargura no define a quien pertenece a un Dios que puede sanar.
Asaf también dice que Dios lo guía con su consejo y lo conduce a un destino glorioso. Esa guía contrasta con dejarse llevar por emociones que se prolongan hasta convertirse en amargura. El destino de Dios es glorioso: ¿te está guiando Dios o la amargura? El pueblo de Israel y muchos hombres y mujeres de la Palabra atravesaron momentos difíciles; déjate guiar por Dios y sus consejos. Que tú y tu familia lleguen a ese destino glorioso.
En el versículo 25, Asaf expresa que no tiene a nadie en el cielo aparte de Dios y que lo desea más que a cualquier cosa en la tierra. Reconoce que otras cosas, que pensaba que lo satisfarían, no lo lograron. Vuelve a Dios: él puede satisfacer tu vida. Otra versión lo dice así: «Contigo a mi lado nada me falta en este mundo». No esperes a que todo cambie para ser feliz: experimenta hoy la plenitud en Dios.
Siempre parece faltar algo: si las calles están vacías, desagradan; si hay tráfico, también es motivo de queja. Cuando Dios es el todo de una persona, puede comenzar un tiempo mejor aun en medio de las limitaciones; la amargura no tiene que gobernar la mirada.
Asaf dice después que su salud puede fallar y su espíritu debilitarse, pero que Dios sigue siendo la fuerza de su corazón y su porción para siempre. Una relación, una empresa u otras personas pueden fallar o no responder como se espera, pero Dios permanece. Un corazón sano y fuerte depende de Dios. Esa dependencia se vincula con el reinicio: no se trata solamente de salir de la situación que se vive, sino de procurar atravesarla con el corazón fortalecido en Dios.
La identidad y la fe frente a la amargura
La frase «él es mío para siempre» habla de pertenecer a Dios: «Yo le pertenezco al Padre y el Padre me pertenece a mí». ¿Qué imagen gobierna tu corazón: la de Dios y sus promesas, o la de lo que estás atravesando —abandono, rechazo o dificultad—?
No es solo el tiempo difícil lo que determina la vida, sino aquello que se permite entrar al corazón durante ese tiempo. No hay que tomar la imagen del abandono como identidad cuando alguien ha sido abandonado, sino la imagen de Dios, quien no abandona y ama. Permanecer mucho tiempo bajo el peso de una circunstancia puede hacer que esta se convierta en identidad y dirección. La exhortación es recobrar la identidad de pertenencia a Dios, sin negar que las experiencias dolorosas estén ocurriendo.
En los versículos 27 y 28, Asaf habla de quienes se alejan de Dios y concluye que es bueno estar cerca de él, refugiarse en el Señor soberano y contar sus maravillas. Ser «soberano» significa gobernar y ser todopoderoso, y no es lo mismo que Dios sea soberano que una persona lo haga soberano en su propia vida. Cabe preguntarse qué gobierna hoy: Dios, el trabajo, una empresa o una relación. La respuesta es hacer a Dios soberano en la vida como decisión personal, confiando en que sigue siendo soberano aunque alguien no lo reconozca.
El testimonio de Asaf va de estar destrozado por dentro a declarar las maravillas de Dios. En medio de la situación difícil, Dios da nuevas ideas y uno vuelve a avanzar. Si una pareja te abandonó, Dios puede sanar las heridas y hacer cosas nuevas. Cree por las maravillas que vas a contar, sin poner tu confianza en el entorno, sino en Dios.
Jesús dijo a sus discípulos que era imposible que no vinieran tropiezos, y también: «en el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo». Los discípulos pidieron que les aumentara la fe porque entendieron que enfrentarían tropiezos, ofensas, incertidumbre y respuestas inesperadas de las personas a quienes bendijeran. La fe es la respuesta ante la ofensa y el rechazo, y el medio para no dejar que la amargura eche raíces.
Jesús habla de la fe como un grano de mostaza, capaz de arrancar un sicómoro y echarlo al mar. El sicómoro tiene raíces profundas que afectan otras raíces, como la amargura que contamina a otros. Pide fe: una raíz de amargura puede ser arrancada.
En el camino al Calvario, Jesús podía esperar un abrazo o palabras de ánimo, y recibió hiel: amargura. La escupió y no la recibió; no se quedó rezagado allí, sino que siguió hacia la cruz y hacia la promesa del Padre de resucitar al tercer día. Una cosa es que te ofrezcan amargura y otra que la recibas. En el cansancio, acude a Jesús.
Ezequiel 36:26 promete un corazón nuevo y un espíritu nuevo: quitar el corazón duro como piedra para dar un corazón dócil. Es un reinicio: restablecer algo y volverlo a su estado original, como el corazón limpio de un niño. Pide a Jesús un corazón nuevo; Dios lo da, y a nosotros nos toca cuidarlo.
Son tres pasos: darse cuenta, reconocer y rendirse a Dios, declarando que él es soberano. Pide perdón por las veces que dejaste entrar la amargura y bebiste esa copa. Busca un reinicio y un corazón que ya no sea de piedra ni insensible, sino un corazón que ama y perdona a pesar de las ofensas. Si lo necesitas, aparta un tiempo para estar ante Dios, llorar y hablar con él: él puede sanar.
Si aún no has recibido a Jesús, ábrele tu corazón para que entre quien puede sanarlo. Pide perdón por tus pecados, abre tu corazón a Jesús y pídele un reinicio y sanidad. Dedica tiempo a orar y deja que Dios sane tu corazón. Dios es misericordioso, y el amor de Jesús puede tocarte y levantarte: hay un nuevo reinicio en el nombre de Jesús.
Eres parte de la familia de Dios: que él te bendiga.
Referencias bíblicas
- Hebreos 12:15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 73:21-28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Ezequiel 36:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 17:1-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 16:33 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 11:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Corintios 15:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


