EN Oración

Adorar por anticipado y mantenerse firme en la esperanza

Adora por anticipado, antes de ver lo que esperas. Aun en los días sin fuerzas para cantar, Dios está contigo. Cuida tu propio huerto, vuelve al corazón de Dios, recibe el apoyo del cuerpo de Cristo y mantente firme en la esperanza, porque fiel es el que prometió.

Predicador
Julio Melgar
Publicada
Duración
27 min

Quizá alguna vez le prometiste al Señor que lo adorarías en cualquier circunstancia, sin imaginar el proceso que vendría después. Hay canciones que no solo hablan de lo que Dios ya hizo, sino que anuncian lo que hará. Nacen del corazón de Dios y expresan lo que él va a hacer. Adora por anticipado, aunque todavía no hayas visto cumplido lo que esperas.

Adorar así es parte de tu relación con Dios, tu manera de responder cuando las circunstancias escapan de tu control. Cualquiera alaba a Dios cuando ya recibió lo que esperaba. Adorar antes de ver es otra cosa.

Cuando faltan las fuerzas para cantar

Hay días en que no tienes voz para adorar. Le dices al Señor: «Quiero vivir para adorarte en la tierra de los vivientes», y aun así no tienes fuerzas para cantar. Si has invertido en tu casa, si has formado adoradores en tu familia, ellos podrán cantar cuando tú no puedas. Esa es una razón para dar gracias.

No tener fuerzas no es falta de fe. Hay limitaciones que duelen, y no siempre hay una explicación sencilla para el sufrimiento. Pero en medio de la fragilidad, también hay gratitud.

Crea en tu casa un ambiente donde se escuche la voz de Dios, aunque a otros les parezca extraño. Pon tu mano sobre la cabeza de tu hijo y anímalo a orar y a hablar de parte de Dios. Al principio quizá parezca que dice cosas sin sentido, pero expuesto a esa atmósfera aprenderá a escuchar a Dios.

Hay días en que te sientes como un león, y otros como un gatito. Dios no se ofende cuando tu fe es pequeña. Si hoy tu fe es como la de un gatito, acércate igual a él: no apaga el pábilo que humea, ni quiebra la caña cascada.

Una noche dolorosa y el recuerdo de los comienzos

Imagina a un padre enfermo, con el cuerpo dolorido, a quien sus hijos tienen que ayudar a subir las escaleras de su casa. Los mira, y piensa en sus caritas. Ellos no hablan de muerte, sino de la vida de su casa. Él los abraza junto con su esposa y les dice: «Estén tranquilos».

Hay noches difíciles que no se pueden disfrazar de fáciles. Y en una noche así, Dios puede hablarte: «Aunque hoy no puedas hacer muchas cosas, yo estoy aquí contigo, y nunca me he ido». Y te recuerda tus comienzos con él, cuando ni siquiera sabías un versículo de la Biblia. Hoy sabes mucho, y quizá muchos te conocen; pero al principio solo tenías a Dios.

Aprender y planificar no está mal, pero puedes seguir trabajando para Dios y descuidar tu propia vida interior. «Me pusieron a guardar las viñas; y mi viña, que era mía, no guardé». A veces cuidas los huertos de otros y abandonas el tuyo.

Puedes trabajar intensamente, y aparentar ser muy espiritual, y aun así estar lejos de Dios. A veces haces más lo que tú quieres que lo que Dios te indica, y pierdes una oportunidad nueva. Dios te llama a volver a su corazón.

La unidad y el trabajo que no siempre se ve

Lucha por la unidad del cuerpo de Cristo. Hay hermanos que no están peleados contigo, pero que no pueden estar en el mismo lugar que otros. Y hay temporadas en que te sientes detenido, como si no estuvieras haciendo nada para Dios.

Pero un día ves a personas de distintas iglesias reunidas, abrazándose, y entiendes que Dios estaba obrando. A veces duele lo que sucede y parece que no avanzas. Esperas estar en primera línea para sentir que haces algo, y cuando Dios te detiene, crees que no estás logrando nada.

Hay quienes dicen: «A nosotros nadie nos detiene». Solo Dios puede detenerte, y cuando lo hace, tiene un propósito. A Elías lo llevó a una cueva, y allí le enseñó a oír de una manera nueva: no en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en un silbo apacible y delicado. Quien no aprende a oír esa voz no sale de donde está.

Vuelve al centro, a la esencia de tu vida. Hazte vulnerable ante la presencia de Dios, y deja caer la fachada. Hay quienes cargan tanto que están a punto de rendirse, pero el Señor los rescatará. Cuando el cuerpo de Cristo se reúne, ocurre algo poderoso. Lo que tú no tienes, otro lo tiene.

Tus logros, tu teología, todo lo que has alcanzado, es basura comparado con lo que Dios quiere hacer en tu corazón. No quieras glorificarte a ti mismo en la siguiente etapa: deja que Dios sea glorificado.

Una canción para tu propio proceso

«Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado. Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia».

Versículo clave

«Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado.»

Salmos 16:6

Hay días en que no tienes ganas de adorar, porque sientes un gran peso sobre la espalda, o estás enojado. Y Dios te recuerda una canción, una palabra, que en su momento no entendiste que era para tu proceso. Aunque pase el tiempo, la promesa de Dios no se pierde. Su amor te sostiene, te da paz y seguridad.

Dios sabe cómo sostenerte y recordarte su amor. Abraza a tus hermanos en la fe: cuando estamos juntos, algo se genera. Escucha el eco de las palabras de Dios resonando en ti. Los velos están cayendo.

Dios tiene el control, y no lo pierde: sobre lo que ha ocurrido y sobre lo que vendrá. Las lágrimas de tristeza y de dolor pueden llegar por un rato, pero se van. «Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria».

Una esperanza probada

Quizá recibiste un diagnóstico o una sentencia que te dijo muchas cosas. Pero Dios te dice: «No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová». Vive con Dios, y mantente firme en la esperanza que profesas.

La esperanza tiene que hablarse y profesarse. «Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió».

Versículo clave

«Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.»

Hebreos 10:23

Una cosa es una esperanza de palabras, y otra una esperanza probada. Quienes han pasado por procesos y han sido probados pueden llegar a tener una esperanza inquebrantable. El proceso no es agradable, y no tienes que buscar el sufrimiento; pero si estás en él, tu fe puede llevarte a una esperanza más firme. Pase lo que pase, sostente en la fidelidad de quien hizo la promesa.

Agradece a quienes adoran contigo, a quienes trabajan por la unidad, a quienes ponen su amor y su talento al servicio de Dios. Dios nos une, porque eso está en su corazón. Adora aun antes de ver, reconoce tus días de debilidad, vuelve al corazón de Dios, recibe la ayuda del cuerpo de Cristo, y mantente firme en la esperanza que profesas.

Referencias bíblicas