El camino hacia lo que Dios te prometió no siempre es como lo imaginabas. A veces es largo, otras veces duro, y casi siempre distinto de lo que esperabas. Pero no tienes que recorrerlo con miedo.
La promesa frente a lo que ves
Un ángel del Señor se le apareció a Zacarías junto al altar del incienso, y Zacarías se turbó y tuvo temor. «Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría». Juan sería grande delante de Dios, no bebería vino ni sidra, y sería lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre. Y Zacarías preguntó: «¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada».
Versículo clave
«Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.»
Lucas 1:13
A veces el destino que Dios te anuncia parece demasiado grande para lo que tienes en el camino. Zacarías miró su edad y la de su esposa, y se preguntó si tenía lo necesario para llegar. No pongas tu confianza en los recursos que ves hoy, sino en la promesa y la palabra de Dios. El camino no es fácil, pero no temas lo que encuentres en él.
«Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas. Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo». El temor y la incredulidad te dejan sin voz para declarar lo que crees.
Si sientes que una promesa es demasiado grande, no te quedes callado por lo que todavía no ves. Aunque hoy no lo veas, y otros tampoco, sigue creyendo que Dios hará posible lo que dijo. Las finanzas pueden faltar o acabarse, pero no permitas que la situación del camino te llene de miedo. El camino es para aprender y ser transformado, para que llegues al destino siendo una persona diferente.
No te detengas a mitad del camino
«Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí». Taré vivió doscientos cinco años, y murió en Harán. Se detuvo antes de llegar a Canaán.
Que tus generaciones no comiencen donde tú abandonaste el camino por miedo, sino en el destino al que Dios te haya llevado. No dejes tu recorrido a la mitad. Persevera: tú no vas a morir en Harán.
No se trata solo de llegar, sino de lo que aprendes en el camino. «Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Ni la abundancia ni la escasez son el fundamento de tu seguridad: Cristo te sostiene, y Dios no te abandona en el camino.
Jacob quería reencontrarse con su hermano Esaú. Le envió mensajeros: «Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado… y tengo vacas, asnos, ovejas, y siervos y siervas». Los mensajeros volvieron: «Tu hermano Esaú viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él». «Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y distribuyó el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos campamentos».
Versículo clave
«Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y distribuyó el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos campamentos.»
Génesis 32:7
El miedo detuvo a Jacob y lo llenó de angustia. Una cosa es preocuparte, y otra ocuparte. Cuando la preocupación te paraliza, usa ese tiempo para orar y para poner delante de Dios lo que sí puedes. Las dificultades no desaparecen de inmediato, pero ora en lugar de quedarte atrapado en tus temores.
Jacob oró: «Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos. Líbrame ahora de la mano de mi hermano… porque lo temo… Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar». Cuando solo tenía un cayado, Jacob no tenía tanto temor; ahora, con dos campamentos, estaba angustiado.
Lo que posees no te da seguridad; Dios sí. Lo que Dios ha dicho está por encima de lo que estás viviendo. Declara la promesa aun cuando la realidad del camino parezca contradecirla, y acude a Dios en medio del temor.
Sigue adelante en medio de lo difícil
«Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios». No te des por vencido ni te detengas. Habrá momentos difíciles, pero a Dios no se le escapa ni un segundo de tu vida. Cuando sigues avanzando, Dios te fortalece.
Jesús estuvo cuarenta días en el desierto, con las fieras. Después tuvo hambre, y el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Y le ofreció todos los reinos del mundo si lo adoraba. Jesús respondió: «Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás».
Cuando el camino es difícil, puedes llegar a dudar de tu identidad como hijo de Dios. Pero no eres hijo por lo que vives o dejas de vivir, sino porque Dios te adoptó con su sangre preciosa. Conoce tu destino, adora a Dios y sigue exaltando su nombre. Sírvele y dale gloria, aunque el camino no sea fácil.
«Y he aquí vinieron ángeles y le servían». Como a Jacob en su camino, como a Jesús en el desierto. Sigue caminando: Dios te fortalece y te bendice. El camino puede ser duro, y habrá momentos difíciles, pero no estás solo.
Jesús oró: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú». No pidas siempre que cambie el camino: pide fuerzas para atravesarlo. Ora para que Dios te fortalezca, te levante y te dé nuevas fuerzas.
Busca a Jesús en medio de la enfermedad y de las circunstancias dolorosas. Una mujer, en medio de la multitud, aprovechó el camino para tocar el manto de Jesús, y fue sanada. Diez leprosos fueron limpiados mientras iban por el camino. En los momentos difíciles pueden darse milagros y encuentros profundos con Dios.
Que vuelva a arder tu corazón
Dos discípulos caminaban hacia Emaús, y Jesús se les acercó, pero no lo reconocieron. Le dijeron: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido?… Hoy es ya el tercer día». Jesús les explicó las Escrituras. Y después se decían: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?».
Estaban a once kilómetros de Jerusalén, alejándose del lugar donde Jesús les había dicho que esperaran. La dureza del camino puede desviarte, y hacer que no reconozcas que Dios camina a tu lado. Si ya no sientes nada al escuchar la palabra o al adorar, dobla tus rodillas y pídele a Dios que tu corazón vuelva a arder.
El nombre de Jesús es resurrección, vida, oportunidad y gloria. «Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos». Once kilómetros de regreso, de noche. Cuando la palabra enciende tu corazón, decides volver, aunque el camino haya sido difícil.
Jesús les dijo a sus discípulos: «Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies». Si has cargado fracasos, rechazos y palabras que te hicieron sentir incapaz, sacúdete el polvo, deja de estar detenido por esas experiencias, y vuelve a caminar.
Quizá te dijeron que no sirves para nada, que nunca lograrás algo, que no tienes aptitudes. Quizá dijeron que tus hijos no llegarán lejos. No aceptes esas palabras como tu destino: tus hijos pueden conocer a Cristo y tener propósito y planes. Aunque no todo salga bien y el camino no sea perfecto, Dios estará contigo mientras continúes.
No te quedes a mitad del camino por temor, preocupación, enfermedad, rechazo o fracaso. Ora en lugar de dejar que la preocupación te paralice. Sigue adorando a Dios, y deja que su palabra vuelva a encender tu corazón. Tu destino final es la eternidad con quien pagó el precio por ti. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».
Referencias bíblicas
- Lucas 1:11-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 11:31-32 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 32:4-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 32:1-2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 4:1-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 22:39-43 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:13-35 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 10:1-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 1:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 32:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


