Vive sin miedo. La expresión «no temas» aparece 365 veces en la Biblia, y hay 80 oraciones que contienen esas palabras: es un recordatorio de que Dios acompaña a quienes confían en él. No dejes que el temor gobierne tus días: puede llegar, pero respóndele que no se va a quedar.
El temor aparece como duda e invade el corazón con preguntas sobre lo que ocurrirá y sobre qué hará Dios en una situación difícil. Confía en que Dios te dará dirección para actuar y tomar decisiones; y recuerda que decidir te corresponde a ti. David lo vivió.
El Salmo 34:4 lo escribió David, el rey a quien el pueblo respetaba y aclamaba, el que se enfrentó a Goliat. David no dice que nunca sintió temor: habla de «todos mis temores», en plural. Buscó al Señor, recibió respuesta y fue librado de ellos.
Versículo clave
«Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores.»
Salmos 34:4
Cada uno necesita una respuesta distinta: busca a Dios y no desesperes. La liberación de sus temores fue parte de lo que permitió a David vencer gigantes y avanzar hacia territorios que parecían imposibles. No niegues que el temor existe: abre tu corazón delante de Dios y pide su respuesta.
Dios puede hacerte libre de tus temores en el lugar más difícil, aun en medio de la oscuridad y del encierro, y convertir ese momento en una de las visitaciones más gloriosas del Espíritu Santo en tu vida, librándote de temores que podrían llevarte a la esclavitud.
La prédica vuelve al salmo: «Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados». Esas palabras son una clave: David veía al gigante, pero no fijaba en él su mirada; miraba a Dios. El pueblo, en cambio, estaba mirando al gigante y tenía temor. La aplicación es dejar de contemplar los temores como si fueran lo único presente y mirar a Dios, quien puede alumbrar la vida y evitar la vergüenza.
Dios quiere traer libertad, aun de temores que no sabías que tenías. El temor inmoviliza: la viuda tenía un puñado de harina y un poco de aceite; pensaba hacer algo de comer para ella y su hijo, y después dejarse morir. Elías le dice: «No temas», y le pide que haga lo que había dicho, con la promesa de que la harina y el aceite no escasearían en aquella casa.
Si sientes que te estás dejando morir en tus sueños o en lo que Dios puso delante de ti, esas cosas pueden cobrar vida: «no temas». El temor mira lo que hay y concluye que no habrá futuro; la fe responde desde lo que cree.
El temor a perder y lo que Dios pone en nuestras manos
El siguiente ejemplo es la parábola de los talentos. Uno recibió cinco, otro dos y otro uno; los dos primeros produjeron otros tantos, mientras que el que recibió uno no produjo y explicó que tuvo miedo y escondió lo que le habían confiado. Cuando llega el momento de rendir cuentas, el señor lo llama negligente.
El temor llevó a aquel hombre a esconder lo recibido, y la respuesta de los otros muestra la fe necesaria para invertir, creer y arriesgarse. De ahí el tema del mensaje: «Sin miedo a perder». La fe puede llevar a asumir riesgos, y esos riesgos pueden producir temor; aun así, la confianza debe estar en Dios, quien puso recursos en las manos de cada persona. Avanzar no es ausencia de riesgo, sino la decisión de no dejar que el miedo haga que uno esconda lo recibido.
Ese ejemplo se conecta con la relación con el dinero. El dinero es un mal dios y un mal señor, aunque puede ser un buen sirviente; la enseñanza bíblica dice que no se puede servir a dos señores. Una relación desordenada con el dinero alimenta el temor a perder y puede llevar a retener o dejar de producir con lo que se tiene. La confianza no debe estar en el talento o en el dinero, sino en Dios, quien los confió.
Retener se opone a ofrecer: el miedo dice que faltará; la fe lleva a ofrecer. Abel dio lo mejor y lo primero; Caín no ofreció a Dios en el lugar correcto. El temor a perder lleva a poner el dinero por encima de Dios; poner a Dios primero libera de ese miedo.
Lo valioso conlleva riesgo, y quien retiene por miedo a perder se queda sin avanzar hacia lo mejor. El temor a perder se relaciona con la avaricia: Proverbios 23:6 dice que no comas con el avaro. Es como quien invita a comer, pero por dentro espera que el invitado coma poco para que quede más: esa manera de pensar nace del miedo a que lo propio disminuya.
Hay quienes dudan en sembrar en el reino porque piensan que, si dan, no tendrán para otras necesidades. No hay que temer a la pérdida; recordemos a la viuda pobre que dio su sustento. Lo que dieron los ricos contrasta con lo que dio ella, alguien que confió en Dios, aunque lo entregado quizá fuera su comida. La aplicación es que la confianza no depende de cuánto se conserva.
Abraham no tuvo miedo de perder a su único hijo, y esa escena apunta a Jesucristo y a la salvación que vendría a la tierra.
La esclavitud amplía la imagen. Hay quienes fueron esclavos por las circunstancias y quienes son esclavos por decisión. Los esclavos recibían raciones pequeñas, y hoy existe una esclavitud interna y espiritual alimentada por la idea de que uno se quedará sin nada. Esa esclavitud y el miedo a perder deben irse en el nombre de Jesús. Hay decisiones necesarias para romper malos hábitos que han abierto puertas al temor y a retener.
Luego viene el milagro de los cinco panes y los dos peces. Quien dio la comida era un niño o un adolescente. Ya era tarde, no había comida, y los discípulos querían despedir a la gente. Aquel niño pudo haber guardado su comida para sí ante una multitud de cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños: ¿qué harías tú si no hubiera dónde conseguir más?
La fe del niño es admirable: cuando se va el miedo a perder, llega un tiempo de multiplicación. No naciste para perder, aunque haya momentos en que toque perder, y Dios restituirá. No permitas que el temor establezca mentiras en tu vida.
No hay discípulo sin cruz
Jesús tampoco tenía miedo de perder a quienes estaban a su alrededor: Juan 6:66 dice que muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él. Algunos temen perder su vida o su tiempo sirviendo a Dios; pero «no hay discípulo sin cruz».
Quien pierda su vida por causa de Jesús y del evangelio la ganará, y quien intente conservarla la perderá. Cuando Jesús pregunta a los doce si también quieren irse, no tiene miedo de perderlos: la promesa del Padre no depende de retener a toda costa a quienes deciden irse.
Pablo viajaba rumbo a Roma, y anuncia a quienes iban en el barco que este se hundiría: Dios le había dicho que el barco se perdería, pero nadie moriría. La tormenta era grande y no habían comido en días; pero Pablo confiaba en la palabra que había recibido.
¿Quién ha naufragado en la vida? Hay momentos en que el temor visita y uno no sabe hacia dónde ir. El barco se hundiría, pero llegarían: no pongas tu confianza en la barca ni en aquello en lo que te has sostenido, sino en Dios. No tengas miedo a perder: Dios te llevará a un lugar seguro.
Hechos 27:44 relata que, cuando la barca se rompió, algunos llegaron agarrados de tablas o de partes del barco, y todos alcanzaron la orilla sanos y salvos. No son el dinero, la casa, la empresa, el trabajo ni las finanzas los que sostienen la vida, sino Dios. Cuando el temor amenace con dejarte a la deriva, recuerda la madera de la cruz del Calvario.
Versículo clave
«y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.»
Hechos 27:44
En la cruz fue vencido el temor: entrega tu vida al Señor. El miedo comenzó en Génesis: Adán y Eva desobedecieron, Dios los buscó y preguntó dónde estaban, y respondieron que se escondieron porque tuvieron miedo. El temor es la sensación de que falta algo, y susurra una mentira: «te falta para poder lograrlo».
En un jardín comenzó el temor, y en otro jardín fue vencido. Allí estuvo Jesús orando, sudando sangre y diciendo: «pasa de mí esta copa», en un acto de entrega: «no se haga mi voluntad, sino la tuya». Allí fue vencido el temor: vive libre de él cada día.
Volvamos a los panes y los peces: Jesús aborrece la avaricia. Después de la multiplicación sobraron doce cestas: cuando Dios da, sobreabunda. El temor lleva a la escasez; la fe y el amor llevan a la multiplicación y a la abundancia. Busca a Dios, mira hacia él en vez de fijar la mirada en tus temores y no escondas por miedo lo que se ha puesto en tus manos. En el nombre de Cristo Jesús.
Referencias bíblicas
- Salmos 34:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 34:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 25:14-30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 23:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 6:66-67 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 27:44 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 3:8-10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 22:42-44 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


