EN Oración
Serie Enfoque

Avanza cuando te enfocas en lo que Dios ha dicho

Espera en Dios sin desesperarte, agradece lo que ya tienes y fija la mirada en Jesús para seguir avanzando aun en medio de procesos difíciles.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 01 min

Una luz difusa no concentra su fuerza en un punto. Si se enfoca la luz del sol con una lupa, puede prender fuego a un pedazo de papel, y una luz aún más concentrada puede convertirse en un rayo láser. Así ocurre con la luz de Jesús enfocada en nuestras vidas: atender a lo que Dios ha dicho tiene poder para destruir maldiciones generacionales, errores y el peso del pasado.

«Avanza» es un llamado a seguir adelante enfocados en lo que Dios ha dicho, aun cuando haya adversidades y situaciones distintas. Viene un tiempo de avance, algo que todavía no se ha visto. Declara: voy a avanzar a pesar de todo. Algunos están celebrando y otros atraviesan momentos difíciles; en medio de esa diversidad, todos tienen a Dios en común, y el camino es la victoria de Dios en sus vidas.

Esperar en Dios, no solo en lo que esperamos recibir

El Salmo 25:3 afirma que ninguno de los que esperan en Dios será avergonzado. Podemos esperar algo de Dios, pero nuestra esperanza debe estar puesta en Dios mismo. Si queda atada únicamente a aquello que queremos recibir, la demora puede llevarnos a la frustración y a dejar de esperar en él.

Versículo clave

«Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido; Serán avergonzados los que se rebelan sin causa.»

Salmos 25:3

El mismo versículo advierte sobre quienes se rebelan sin causa. Es más fácil identificarse con la promesa de no ser avergonzado que con esa advertencia, pero si meditamos, veremos momentos en que también estuvimos en la segunda situación. La espera puede hacernos creer que tenemos motivos para rebelarnos: sentimos que lo que vivimos es injusto, nos comparamos con otros o pensamos que, puesto que seguimos haciendo lo correcto, las circunstancias ya deberían haber cambiado.

Podemos preguntarnos por qué atravesamos algo que consideramos injusto, convencidos de que tenemos motivos para rebelarnos. Pero solo miramos lo que vivimos, mientras Dios ve el panorama completo. A veces creemos tener una causa, pero desconocemos la historia entera. Cuando no entiendas, ora y adora.

Pablo y Silas adoraban en la cárcel, y los presos los oían a medianoche. Podrían haberse quejado por estar en el calabozo más interior o pensado en los planes que tenían para el día siguiente. Aunque ellos vieran barrotes, Dios veía el panorama completo.

Según Hechos, a esa adoración siguió un terremoto que sacudió los cimientos de la cárcel y abrió sus puertas. No fijes toda la atención en aquello que te limita: puedes adorar mientras esperas, confiando en Dios aunque todavía no veas lo que esperas.

Hay temporadas en que no podemos salir ni hacer lo que quisiéramos, y Dios nos enseña a adorar en lugares estrechos. Aunque creas que te has detenido, puedes estar madurando mientras los cielos obran.

No se trata de perder el tiempo, sino de madurar durante una espera difícil. Dios puede hacer en un día lo que normalmente tomaría mil años. Espera confiado, no desesperado, y abre tu corazón para que Dios obre en ti mientras llega lo que esperas: lo más grande no será necesariamente la promesa recibida, sino lo que Dios haya hecho en el camino.

La promesa y lo que ocurre en el camino

Dios quiere dar promesas: una casa, un carro. Pero esas cosas no son eternas: una casa o un carro nuevo algún día dejarán de estar, mientras que lo que Dios hizo en una persona durante la espera permanece. Lo más grande no será necesariamente recibir lo pedido, sino lo que Dios forma en nosotros camino a esa promesa.

¿Algunas cosas se alcanzan por fe o por afán? Cuando obtenemos por afán aquello que deseábamos, todavía podemos sentir vacío. Alguien trabaja en exceso para comprar una camioneta, deja de ver a la familia y luego afirma que lo hizo por amor a ella, aunque el costo haya sido perder tiempo con los seres queridos. Perseguir algo con afán puede salir muy caro.

El afán va de la mano con la ingratitud: centrarnos en lo que nos falta puede darnos razones para no agradecer lo que sí tenemos. Alguien desea un celular nuevo y se queja de que el que ya posee es una porquería. Es mejor pedir con fe desde la gratitud: agradecer por el celular presente y, si se desea otro, presentarlo a Dios sin convertir la inconformidad en el punto de partida.

No se trata de dejar de pedir ni de creer en grande. Pide con fe, pero ora también para que Dios prepare tu corazón mientras esperas. Si todavía no recibes lo que pediste, no te amargues: sigue orando, esperando y disfrutando lo que hoy tienes. Cuando nos concentramos solo en lo que falta, siempre podemos encontrar otra razón para no estar agradecidos.

Busca primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás será añadido. Puedes pedir lo que deseas, pero no dependas de ello para sentir plenitud. Sal del lugar de adoración agradecido por estar allí, y revisa tu corazón si crees necesitar algo para ser pleno. Si cantamos que tener a Dios es tenerlo todo, pero vivimos quejándonos como si no tuviéramos nada, la canción no se ha convertido en una adoración vivida.

Los músicos también adoran, pero la adoración es de todos. Piensa en una familia que desea ir a un restaurante, pero decide ir a otro porque todavía no puede pagar el primero. No se trata de renunciar a la esperanza de ir más adelante, sino de disfrutar lo que sí se puede hacer hoy, sin pensar que el restaurante deseado es la fuente de plenitud.

El afán puede desplazar las prioridades y hacer que algo como el dinero ocupe el lugar que corresponde a Dios. Los discípulos, frente a la multitud, se preguntaban cómo alimentarla, y Jesús la alimentó con panes y peces. La escasez que vemos contrasta con la capacidad de Dios. Sigue creyendo por lo que deseas y, al mismo tiempo, llega a casa ya pleno, disfrutando cualquier nueva provisión como una añadidura y no como aquello que te da valor o plenitud.

No distraerse de lo que Dios ha dicho

David enseña a atender a lo que Dios ha dicho y no a la opinión ajena. Cuando el profeta preguntó si Isaí tenía otro hijo y supo de David, mandaron a llamarlo. Quizá sus hermanos no lo habían tenido en cuenta o podrían haber querido ponerle una zancadilla, como ocurre en algunas familias.

Las promesas de Dios son «sí» y «amén», y esa certeza impulsa a avanzar.

La opinión humana no debe desviar a quien procura atender a lo que Dios ha dicho. Concéntrate en las cosas de arriba, incluso cuando las noticias hablen de crisis o devaluación. Los pocos panes y peces pueden parecer insuficientes, pero el enfoque debe estar en Dios.

Lo que Dios edifica es testimonio de ello.

Cuando Dios da una certeza interior sobre algo que hará, puede hacer temblar las piernas porque anticipa un proceso. No es ego por construir algo, sino fe. No hay gloria sin historia: mientras se construye un edificio, también se edifica el templo que son las personas. Es una etapa de sembrar y creer para llevar la fe a un nuevo nivel.

Espera en Dios: pueden llegar certezas al espíritu incluso mientras se sueña o se duerme. La fe atraviesa procesos, y la confianza en Dios permite avanzar pese a las opiniones ajenas o las dificultades.

Correr la carrera con la mirada en Jesús

Hebreos 12:1-2 habla de una «nube de testigos», personas que han demostrado su fe, y exhorta a dejar lo que estorba y el pecado que enreda, para correr con fortaleza la carrera que tenemos por delante.

Versículo clave

«Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.»

Hebreos 12:1-2

El pecado sí enreda, aunque Dios tiene gran misericordia y perdona. Piensa en alguien que se mete antes en el parqueo y le dice algo ofensivo al conductor que esperaba. No se puede llamar bueno a lo malo, y cada tropiezo puede detener el avance. Ayudémonos mutuamente, sin negar que el pecado enreda.

Largo camino te queda: hay una carrera por delante, y cada día es el primero de muchos que vienen. El corredor mira hacia adelante; distraerse observando, comparando o hablando de otras personas lo frena. Deja de medir tu carrera por lo que les ocurre a los demás y sigue atento a Dios.

Hebreos 12:2 presenta a Jesús soportando la cruz, menospreciando el oprobio y sentándose a la diestra del trono de Dios por el gozo puesto delante de él. Jesús sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría. Nosotros no alcanzamos a entender todo lo que Dios está haciendo, pero Dios sí sabe.

Goliat medía dos metros noventa y tres centímetros. Hay personas que caminan aparentando gran fuerza y pueden quedar postradas por una gripe; y está la fuerza de un oso. Pero la victoria de David no se debió al orgullo ni a la fuerza propia: David confiaba en que Dios se la entregaría. Habló del león y el oso que había enfrentado mientras cuidaba las ovejas y afirmó: «Dios es el que me lo va a entregar en mis manos».

Hebreos 12:2 exhorta a fijar la mirada en Jesús, de quien procede la fe y quien la perfecciona. Esa perfección ocurre en procesos: cuando atravieses un mal momento, di que tu fe está siendo perfeccionada. El sufrimiento no es agradable, pero puedes mirar la obra de Dios mientras lo atraviesas.

Jesús conocía el gozo que venía; nosotros podemos confiar en que Dios sabe.

No te detengas ni te amargues durante el proceso. Dios no quería que el pueblo de Israel muriera en el desierto; aquello fue una elección del pueblo, que se enfocó en lo que quería —como volver a las cebollas— en vez de en lo que Dios quería hacer en ellos. Uno termina donde pone su enfoque. Perdona las ofensas y sigue adorando en lugares estrechos: Dios tiene el panorama completo.

El enfoque decide el destino.

Medita en la Palabra. El comienzo del Salmo 23 dice: «Jehová es mi pastor; nada me faltará». Piensa en esa afirmación antes de hablar: aunque el día parezca indicar que faltará todo, puedes volver a lo que Dios ha dicho. Medita también en el ejemplo de Jesús y pregúntate: «¿Qué haría Jesús?». Jesús sufrió contradicción por parte de los pecadores; no te canses ni te desanimes.

Ayuda a levantarse a otra persona y mira hacia arriba, hacia lo que viene del cielo. Quizá llegaste con mucho desánimo: renueva tus pensamientos, llénate de lo que viene del cielo y enfócate en lo que Dios tiene para tu vida. Quien parece detenido puede estar madurando. No desesperes ni busques motivos para rebelarte: Dios no está en contra de nosotros, sino a favor, y no tenemos la perspectiva de todo lo que él está haciendo.

Abre tu corazón y confiesa tu fe: pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como Señor y Salvador.

Referencias bíblicas