EN Oración
Serie Life

Bendiciones no programadas: una temporada que cobra vida

Viene una temporada de bendiciones no programadas. Como la mujer sunamita, ofrece a Dios lo que tienes, abre espacio para su palabra, corre a él en el dolor, suelta el control y sigue adorando mientras esperas.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
51 min

Viene una temporada en la que cobran vida cosas que no esperabas. Muchas de las experiencias que has vivido no estaban programadas; espera también bendiciones que no estaban previstas. Prepárate para recibir lo inesperado. «Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos».

Un día para recibir

«Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese». Un día. Cualquier día puede ser la ocasión en que la palabra de Dios pase cerca de ti, en que llegue una visitación, en que algo comience a suceder. Declara: «Este es mi día; esta es mi temporada».

Honra a las mujeres importantes de tu vida: a la esposa que insiste en recordarte lo que Dios dijo, a la madre que sostiene el hogar. ¿Quién de nosotros sería igual sin ellas?

Su importancia no era solo riqueza o cercanía al poder. Era fuerte y valiente, capaz de mantener su postura. Lo que te hace importante no es lo que posees, sino lo que eres y lo que permites que Dios haga en ti. Las posesiones pueden faltar y las ventas pueden bajar, pero Dios es fiel, y tu fundamento es la palabra que llevas dentro. Si Dios transforma lo que eres, llegarás a ser lo que él ha dicho.

Haz espacio para la palabra

«Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que este que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios. Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él». Era sensible a la presencia de Dios y quería recibir en su hogar lo que el profeta llevaba. Abre espacio para la palabra en tu vida, en tu familia y en tus generaciones. No permitas que lo externo marque tu identidad.

Versículo clave

«Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que este que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios. Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.»

2 Reyes 4:9-10

Tus posesiones son un medio, no un fin: adminístralas para el propósito del reino. No dejes fuera de tu casa lo que Dios quiere introducir en ella. Honra a quienes se ponen en la brecha por sus familias. Que los milagros y la palabra que ves en la vida de otros tengan lugar también en tu hogar.

Eliseo no pidió ese aposento, y la mujer no pidió un hijo. Hay cosas que todavía no has pedido y que pueden llegar. No midas la posibilidad de una nueva temporada por lo que tienes: Dios es suficiente. Eliseo preguntó a su criado Giezi qué podía hacerse por ella. Ella respondió: «Yo habito en medio de mi pueblo». Y Giezi dijo: «Ella no tiene hijo, y su marido es viejo».

Un anhelo que no se había expresado

Eliseo la llamó y le dijo: «El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo». Y ella dijo: «No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva». Quizá ese aposento estaba ligado a un anhelo que nunca se atrevió a pedir. Hay anhelos que parecen tan imposibles que no te atreves a expresarlos.

Dios conoce tus anhelos aun cuando no los hayas expresado. No te amargues por lo que todavía no has obtenido. En lugar de quedarte atrapado en la desilusión, ofrécele a Dios lo que sí tienes. Una etapa de frustración puede convertirse en un lugar para recibir su palabra. «Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho».

Ninguno de los dos había pedido lo que recibió. Espera lo inesperado. Pero luego la historia cambia de tono: el niño creció, salió con su padre, le dolió la cabeza y lo llevaron a su madre. Ella lo tuvo sobre sus rodillas hasta el mediodía, y murió. Ella subió, lo puso sobre la cama del varón de Dios, cerró la puerta y salió. De la celebración a la crisis.

No busques en otros lo que solo Dios puede dar

Ella pidió a su marido un criado y una asna para ir corriendo al varón de Dios. Él preguntó: «¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo». Y ella respondió: «Paz». No entró en razonamientos. Deja de buscar en la gente lo que solo Dios puede darte.

Le dijo al criado: «Guía y anda; y no me hagas detener en el camino». Iba determinada, de regreso al lugar donde todo comenzó. No pierdas el enfoque: Dios puede completar la obra que comenzó.

Eliseo la vio de lejos y envió a Giezi a preguntarle: «¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo?». Ella dijo: «Bien». Pero al llegar al monte, se asió de sus pies. Giezi se acercó para quitarla, y Eliseo le dijo: «Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo». Y ella dijo: «¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí?». Es el temor a volver a tener esperanza y ser defraudado.

Atraviesa el dolor y suelta el control

Pon en las manos de Dios lo que no pediste vivir, y afronta el dolor en lugar de enterrarlo. Hay dolores que no hunden tu vida, sino que te llevan a un nuevo nivel de autoridad y a reconocer que Dios no te abandonó. Sigue avanzando y creyendo, aunque no entiendas lo que ocurre.

«Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré». Son las mismas palabras que Eliseo le dijo a Elías. No dejes de creer en Dios, de alabarlo ni de reconocerlo como Dios, aun en medio de lo que vives. Eliseo se levantó y la siguió. Al llegar, el niño estaba muerto, tendido sobre su cama. La cama que ella preparó para el profeta se convirtió en el lugar del milagro.

Lo que siembras vuelve. Cuando siembras, ves cosecha: las personas por quienes estuviste presente en oración están a tu lado cuando tú las necesitas. Cree que aquello en lo que has sembrado puede ser usado para dar vida.

Eliseo entró, cerró la puerta tras ambos y oró a Jehová. ¿Qué estaría viviendo la madre afuera? A veces necesitas soltar el control y confiar mientras Dios obra en lo que no puedes ver. Las lesiones no ocurren solo por cargar demasiado peso, sino por agarrarlo demasiado fuerte. Deja el control en las manos de Dios.

Adora mientras esperas, aun en el pasillo, sin saber qué sucede detrás de la puerta. Dios está en control; confíale tu vida y tu familia. Las personas fallamos, porque somos humanos; Cristo es el único perfecto y poderoso.

Cierra la puerta para buscar a Dios

A la viuda del aceite, Eliseo le dijo que entrara y cerrara la puerta tras ella y tras sus hijos, y el aceite fluyó. Toma a tu familia y cierra la puerta para estar con Dios. Muchas redes y algoritmos están diseñados para consumir tu tiempo y tu atención; si empiezas el día mirando noticias y publicaciones, terminarás cargado de información. No se trata de dejar el celular ni de volverse legalista, sino de usar las redes para lo que deben usarse y marcar allí una diferencia con mensajes de fe y buenas noticias.

Eliseo se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre su boca, sus ojos sobre sus ojos y sus manos sobre sus manos, y el cuerpo del niño entró en calor. Es la intimidad con Dios, un proceso en el que sigues creyendo aunque todavía no veas el resultado. «Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente». Persevera.

Versículo clave

«Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos.»

2 Reyes 4:35

«Y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos». Eliseo llamó a Giezi y le dijo: «Llama a esta sunamita». Y le dijo a ella: «Toma tu hijo». Ella entró, se echó a sus pies, se inclinó a tierra, tomó a su hijo y salió. Siete: la obra perfecta de Dios para tu vida.

Ríndete y sigue creyendo

Ella se inclinó a tierra: era una mujer que sabía estar de rodillas. Su importancia estaba en su carácter y su perseverancia, no solo en lo que poseía. Mantén tu postura de fe y no te rindas, aunque lo que vivas sea difícil. Tú buscas a Dios, pero en la adoración Dios te encuentra a ti. Permanece firme en espíritu y en verdad.

Si sientes que ya no tienes fuerzas, sigue adorando y pídele fuerzas a Dios para continuar. Aunque parezca que todo terminó, en Dios puede estar comenzando una temporada nueva y mejor. Aquella cama fue preparada sin saber para qué: en la nueva temporada aparecerán cosas que nadie imaginaba.

En lugar de amargarse, la sunamita ofreció lo que tenía y abrió espacio para la palabra de Dios. Jesús ofreció su propia vida y su sangre por ti. Pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor. Prepárate para una mejor temporada.

Referencias bíblicas