EN Oración
Serie Reset

Cambio de rumbo: Dios marca el camino en la incertidumbre

El hombre planea su futuro, pero Dios marca el rumbo. Como Faraón con Israel, el enemigo quiere mantenerte tan ocupado que no tengas tiempo de escuchar la palabra y creer. En el desierto, lo importante no es el lugar, sino la compañía. No clames a Dios mirando a Faraón; no prefieras volver a lo conocido. Mantén tu posición: Dios pelea por ti.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
46 min

Para que haya un reinicio en tu vida, tiene que haber un cambio de rumbo. Cuando sucede algo inesperado, es la oportunidad para que Dios dirija tu vida hacia otro lugar. Quizá te sientes un poco desubicado en lo que estás viviendo, pero nunca en lo que Dios ha dicho. Cambiar de rumbo es iniciar algo nuevo: corregir la dirección y tomar la verdadera, la que Dios tiene para ti y para tu familia. Y Dios no necesita cambiar el entorno para llevarte a un nuevo rumbo.

Dios marca el rumbo

«El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos». Es bueno consagrar tus planes a Dios, pero es más importante consagrarle tu vida. Si algunos planes no se cumplen como querías, no dependerás de ellos, sino del Dios a quien le entregaste tu vida. Lo importante es que los planes de Dios sí se cumplirán, y son mejores que los tuyos. No te desesperes si algo no salió como esperabas: Dios te está marcando el rumbo.

Versículo clave

«El corazón del hombre piensa su camino; Mas Jehová endereza sus pasos.»

Proverbios 16:9

Tan ocupados que no tengan tiempo de creer

Cuando Moisés y Aarón llevaron a Israel la palabra de libertad, Faraón ordenó: «Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan a palabras mentirosas». Faraón sabía que si el pueblo escuchaba esa palabra, todo iba a cambiar. Por eso los cargó de trabajo para que no tuvieran tiempo ni espacio para creer. ¿No será que estás tan preocupado, tan ocupado sacando adelante las cosas con tus fuerzas, que ya no haces espacio para creer lo que Dios te está hablando?

El enemigo siempre pone distractores para que la palabra no llegue a tu corazón. Te hace creer que no tienes tiempo. Pero la clave está en lo que escuchas. «La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». Si no escuchas la palabra, tu fe no crece; y cuando dejas de escucharla, te vuelves esclavo de lo que dice el entorno. Agenda en tu semana un tiempo para escuchar la palabra: no es el entorno el que te sacará adelante, sino la fe. «Por fe andamos, no por vista». «Sin profecía el pueblo se desenfrena»: cuando te quitan la visión, te quitan la capacidad de soñar.

No es el desierto, es la compañía

Cuando Israel salió, Dios le anticipó a Moisés lo que pensaría Faraón: «Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado». Para el mundo, si el entorno es malo, nada bueno puede ocurrir. Pero a veces necesitas estar rodeado de imposibles para encontrarte con el Dios que todo lo puede. Lo importante no era el desierto, sino quién estaba con ellos en el desierto. Allí no había distracciones, y Dios estaba presente. Es tiempo de recobrar la relación con él.

«Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová». El temor te detiene antes de tiempo. Empieza cada día con fe y termínalo con fe, aunque en el camino lleguen emociones y temores al ver que las cosas no salen como las planeaste. Es natural sentirlos; lo que no puedes permitir es que gobiernen tu vida. Donde no hay revelación de lo que Dios dijo, solo queda el temor; donde la hay, el temor se va.

Clamar a Dios mirando a Faraón

Fíjate: alzaron los ojos hacia Faraón, clamaron a Dios, y luego le reclamaron a Moisés: «¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto?». Clamaban a Dios, pero no quitaban la mirada de Faraón; por eso de su boca salían reclamos y no confesiones de fe. ¿Estás orando sin dejar de mirar las circunstancias y las malas noticias? Clama a Dios y alza tu mirada a lo que él ha prometido. Aquello que miras es lo que llena tu vida, y lo que llena tu vida es lo que se manifiesta en ella. Cuida lo que ves: lo que Dios prometió está por encima de lo que vives.

Allí apareció el peor problema: ya no necesitaban la resistencia de Faraón, porque ellos mismos se resistían a la promesa. «Resistid al diablo, y huirá de vosotros», pero no resistas a Dios. Primero estaban atrapados por Faraón; ahora, por lo que veían y por lo que hablaban. No te dejes atrapar: eres libre para soñar, para creer y para ejercer tu fe.

Preferían volver antes que reiniciar

«Mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto». Preferían volver a lo antiguo antes que iniciar un nuevo rumbo. Estaban acostumbrados a las negativas de Faraón. A veces prefieres lo negativo conocido antes que la incertidumbre. Pero la incertidumbre no siempre es mala: es una de las mejores oportunidades para dejar de depender de saber lo que vendrá. Lo único que necesitas saber es que Dios está contigo. En los momentos inciertos, cuando tus fuerzas y tus dones no alcanzan, es donde aprendes a conocer a Dios como nunca.

Nunca pierdes el progreso cuando aceptas el proceso. La gratitud crece cuando todo va bien, pero la fe crece en los lugares inciertos. En los peores entornos —esclavitud, enfermedad, dolor, angustia— quienes le creyeron a Dios hicieron historia. Un día dirás: «No había salida, pero Dios abrió una». En la incertidumbre, o te llenas de lo que te vencerá o de lo que te hará más que vencedor. No desperdicies tu tiempo llenándote de malas noticias: lee la palabra y llénate de ella.

Mantén tu posición

«Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos». Mantenerte firme en la incertidumbre te coloca en la posición perfecta para ver milagros: de pie ante las circunstancias y de rodillas ante Dios. El cambio de rumbo trae el favor de Dios. Y aquello que te detuvo por años, nunca más lo volverás a ver.

Versículo clave

«Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.»

Éxodo 14:13

«Jehová peleará por vosotros». No tendrás que levantar ni un dedo. Muchas veces sales golpeado de las batallas porque siempre quieres meter las manos. Usa tus manos para lo que deben usarse: alzarlas a Dios en adoración, diciendo: «En ti está mi confianza». Cuando diriges tus manos a Dios, él mete las suyas en cada batalla. Pero cuando insistes en meter las manos donde Dios te dijo que no, te deja pelear solo.

Frente al mar, el pueblo se sentía arrinconado. Las circunstancias negativas pueden levantarse contra ti, pero jamás contra Dios ni contra su palabra. «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Dios abrió el mar y su pueblo pasó en seco. El milagro ocurrió en el lugar incierto, cuando Moisés extendió su vara como Dios le dijo. Este no es tu final: es un cambio de rumbo hacia el mejor tiempo de tu vida.

Referencias bíblicas