EN Oración
Serie Cambios

Cambio de velocidad: avanzar con fe hacia la nueva temporada de Dios

Dios anuncia un cambio de velocidad. Pero no puedes acelerar cargado de preocupaciones, titubeando como Lot ni mirando atrás. Dios te llama a las alturas, no a lo pequeño; de los destellos al rompimiento; a correr con ánimo como Elías, a cambiarte de ropa como José, y a servir con un espíritu extraordinario, sabiendo que Jesús cruza contigo la tormenta.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
41 min

Dios anuncia una nueva temporada: un cambio de velocidad. Velocidad es ligereza y prontitud en el movimiento. Y es difícil ir más rápido cuando estás cargado de preocupaciones, afanes y pesos espirituales. Por eso Dios ha estado transformando y renovando tu manera de pensar y tu corazón: para alinearte con lo nuevo.

No titubees ni mires atrás

Cuando Dios iba a destruir Sodoma y Gomorra, Abraham intercedió por su sobrino Lot, y Dios lo rescató. Tu oración también puede hacer que otros sean rescatados. «Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad. Y deteniéndose él…». Lot titubeaba. Un cambio de velocidad exige certeza en tu espíritu, tu mente y tu corazón. Si titubeas, se te apaga el motor.

Versículo clave

«Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad.»

Génesis 19:15

«Los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron». Dios enviará personas que te tomen de la mano y te digan: «Es tiempo de salir; tú puedes». Y luego: «Escapa por tu vida; no mires tras ti». Todos somos tentados a mirar atrás: tu dolor, tus lágrimas, tus errores, tus debilidades. El enemigo quiere que vivas mirando atrás. Pero no hagas de una mala experiencia un estilo de vida. «Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios». Si miras atrás mientras aras, el surco sale torcido.

Dios te lleva más alto que lo pequeño

Los ángeles le dijeron a Lot: «Escapa al monte». Pero él respondió: «No podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal… He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña». Lot acababa de ver a los ángeles, lo sobrenatural de Dios, y aun así no se atrevió a subir. Dios quería llevarlo a las alturas, y él prefirió Zoar, que significa «pequeña». El cambio de velocidad no es para acomodarte en lo pequeño, sino para subir. No vas a cambiar de velocidad con la misma mentalidad estrecha. No pidas solo para llegar a fin de mes: Dios puede proveer para este mes y para los que vienen.

«Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé». Aunque no veas todo el camino, Dios te guía en cada paso y abre caminos donde no los hay.

Versículo clave

«Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé.»

Isaías 42:16

Un sueño de Dios es distinto de una simple meta: las metas son tuyas, el sueño es de Dios. Y él no te deja solo con el sueño: pone dentro de ti los dones, la gracia, el favor, la sabiduría y la capacidad para cumplirlo. A Noé le dio las instrucciones y la madera. José llevaba dentro todo lo necesario para gobernar, y los procesos sacaron lo mejor de él.

Lot había visto con sus propios ojos lo sobrenatural, y aun así dudó. Tú también has visto la mano de Dios en tu vida, tu familia, tu economía. El mismo Dios que te sacó de donde estabas es el que te quiere llevar a las montañas. Lo hizo antes, y lo puede volver a hacer, y aun mayores cosas.

De los destellos al rompimiento

Cuando Tamar dio a luz gemelos, uno sacó primero la mano y la partera le ató un hilo de grana; pero el otro salió primero. «Y ella dijo: ¡Qué brecha te has abierto! Y llamó su nombre Fares». Al otro, el del hilo, lo llamaron Zara. Zara puede asociarse con un resplandor que aparece y se va; Fares significa brecha, rompimiento. Muchos han vivido destellos: todo empieza a mejorar, y luego algo se detiene. Dios anuncia una temporada de rompimiento: crecer, derribar, extenderte, avanzar con constancia.

Elías dijo a Acab: «Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye». Y subió a la cumbre del Carmelo, puso su rostro entre las rodillas, y envió siete veces a su criado a mirar el mar, hasta que vio una nube pequeña como la palma de una mano. Cuando has perseverado en la fe y la oración, empiezas a ver señales de lo que Dios prometió. «Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel». Corrió más rápido que un carro: eso es un cambio de velocidad. Cuando Dios abre muchas puertas, también aumenta tu capacidad y tus fuerzas, para que lo que antes te cansaba ya no te canse.

Ánimo, servicio y un espíritu extraordinario

«Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón». José estaba listo para un cambio de velocidad porque no se había aferrado a la herida, a la amargura ni al rencor. Tenía ánimo, y seguía soñando. Solo quien tiene ánimo puede acelerar. Cámbiate de ropa: deja las vestiduras de la queja y prepárate, porque en cualquier momento se abre la puerta.

José no se quejó de lo que había vivido: se puso a servir, interpretó el sueño de Faraón, y propuso una solución. De Daniel se dijo que «fue hallado en él mayor espíritu y ciencia y entendimiento». Un espíritu extraordinario es el de quien da un paso más allá de lo que le piden y piensa en cómo resolver los problemas. Eso viene de la gracia y la sabiduría de Dios. Sirve con excelencia donde Dios te puso.

Jesús cruza contigo la tormenta

Los discípulos cruzaban el mar de noche; «se levantaba el mar con un gran viento». Habían remado unos cinco kilómetros, agotados, cuando vieron a Jesús caminando sobre el agua. «Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, y la barca llegó en seguida a la tierra adonde iban». En medio de tu tormenta, Jesús llega; y cuando lo recibes en tu barca, llegas a tu destino más rápido de lo que imaginabas.

No necesitas ver grandes señales para creer: Elías oyó la lluvia antes de verla, y cuando apareció una nube pequeña, se puso en movimiento. Cuando la palabra de Dios llega a tu espíritu y la crees, empieza a correr en tu vida. No te quedes preguntando «¿será?»: recíbela y actúa.

Luz verde para avanzar

El cielo te da luz verde: es tiempo de avanzar. Alinea tu mente, tu corazón y tu fe con lo que Dios dijo, y él alineará todo lo demás. Si has estado paralizado o estancado como Lot, cree esta palabra y deja que Dios te tome de la mano y te lleve a las alturas.

Referencias bíblicas