EN Oración
Serie Atmósfera

Construir o destruir: el poder de la amabilidad para cambiar la atmósfera

Una palabra amable puede cambiar el ambiente de tu hogar y tu trabajo. La amabilidad no es debilidad: es fortaleza y testimonio. Potifar trató bien a José porque vio que Dios estaba con él; Jesús rompió barreras con la samaritana y no usó la piedra para destruir a la mujer sorprendida en adulterio, sino para construir.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
56 min

Muchas veces no imaginas el poder que hay en tus palabras y tus acciones. Con el paso de los días puedes ver qué atmósfera rodea tu vida y la de quienes viven cerca de ti. Una cosa es saber que fuiste hecho a imagen de Dios, y otra es expresar esa imagen en tu vida diaria. Puedes construir o destruir.

Una palabra amable cambia el ambiente

«La congoja en el corazón del hombre lo abate; mas la buena palabra lo alegra». A veces el ambiente en que vives está cargado de tristeza por lo que atraviesas, y un gesto de amabilidad puede cambiarlo por completo. No es algo menor: hay poder en la amabilidad.

La amabilidad protege y construye

Se ha observado en algunas comunidades muy unidas que los vínculos cercanos y el trato amable entre vecinos se asocian con corazones más sanos. La bondad y el afecto hacen bien al cuerpo y al alma. Y cuando la amabilidad falta, todo se vuelve estresante: piensa en la tensión de un aeropuerto, donde nadie espera un trato amable. Cuando no eres amable se destruyen muchas cosas en tu vida y en la de los demás.

La respuesta amable calma el enojo y cambia el ambiente; la grosera lo enciende, crea una atmósfera que no agrada a Dios, y te hace daño a ti mismo. Hoy la amabilidad escasea, y por eso necesitas crecer en ella. Ser amable no es señal de debilidad, sino de fortaleza: muestra que tu vida depende de Dios. Y la razón no te lleva más lejos que la amabilidad. A veces, aunque tengas razón, Dios te pide humillarte y pedir disculpas a una autoridad que se equivocó; y él honra esa amabilidad.

Versículo clave

«La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor.»

Proverbios 15:1

Amable porque Jesús viene pronto

«Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca». Pablo escribió esto encadenado, con un soldado a su lado. Una vida feliz en Cristo no depende de lo que pasa afuera, sino de que Cristo está adentro. Y la amabilidad está ligada a la venida de Cristo: «El Señor no retarda su promesa… sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca». Cuando otros ven tu amabilidad en medio de lo que vives, preguntan por qué, y pueden conocer a Jesús a través de ti.

No siempre es fácil. Te cuesta cuando alguien se te cuela en una fila, cuando manejas, cuando tu jefe es difícil. Pero la amabilidad es parte de tu testimonio. Si solo hablas de Cristo pero tratas mal a la gente, tu mensaje se pierde.

El diccionario define la bondad como la cualidad o el hábito de ser amable, amigable, gentil y cariñoso. No es un sentimiento que aparece de vez en cuando, sino un hábito que se cultiva. «El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad». Pídele al Espíritu Santo que forme en ti ese fruto.

Amable aun frente a la injusticia

«Jehová estaba con José, y fue varón próspero… Vio su amo que Jehová estaba con él… Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa… Y desde cuando le dio el encargo de su casa… Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José». Potifar trató bien a José porque vio que Dios estaba con él. Si pudieras ver en cada persona al Dios que la ama y que quiere habitar en ella, serías amable.

Pablo aconsejó a Timoteo: «Desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido». Te encontrarás con personas difíciles; sé amable. Cuando nadie espera de ti una palabra amable y la das, cambia la atmósfera. Una palabra de disculpa puede transformar en un instante un ambiente tenso en un restaurante, en una oficina o en una familia.

La amabilidad tiene que ver con la justicia y con lo correcto. Cuando te tratan con injusticia, responder con amabilidad abre un ambiente donde la gloria de Dios se luce y él mismo hace justicia. Si respondes con dureza, solo haces tu propia justicia. José lloró delante de Dios y sanó su corazón, y por eso pudo tratar con bondad a sus hermanos. Que en tu casa, tu oficina y donde vayas haya una atmósfera diferente.

Jesús rompe límites y expectativas

«Y le era necesario pasar por Samaria». Cansado del camino, Jesús se sentó junto al pozo de Jacob y le dijo a una mujer samaritana: «Dame de beber». Ella respondió: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí». Los discípulos pensaban en comida; Jesús, en transformar una vida. No se adaptó a las expectativas de otros, sino a las del Padre. Con su amabilidad rompió barreras culturales y raciales. «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva».

Aquella mujer había tenido cinco maridos, y el que tenía no era su esposo. Quizá no estaba acostumbrada a ser tratada con bondad. La bondad de Dios interrumpió su camino y le anunció un nuevo comienzo. «¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo?». El pozo era profundo, pero tenía límite; la bondad de Jesús no tiene límites. Muchos decían que nadie judío atravesaba Samaria; la rodeaban. Jesús la atravesó. Hay cosas que debes dejar de rodear y atravesar, y Dios te sorprenderá con su bondad. Y Dios puede usarte para romper las expectativas de alguien que solo esperaba hostilidad. Cuando otros te digan lo que jamás llegarás a ser, cree lo que Dios dice de ti.

La piedra que construye

Los acusadores traían piedras para destruir a la mujer sorprendida en adulterio. Jesús, el único sin pecado que podía lanzarla, nunca la usó para destruir, sino para construir: «Ni yo te condeno; vete, y no peques más». No fue amable con el pecado, sino con la persona.

Versículo clave

«Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.»

Juan 8:7

Hoy puedes decidir crear una atmósfera de amabilidad en tu familia, tu trabajo y dondequiera que vayas. Fallarás, pedirás perdón y volverás a intentarlo, sabiendo que nadie merecía la amabilidad que Jesús te dio. Si has recibido tanta bondad, compártela. Usa tus palabras para construir. Una respuesta amable en el momento correcto puede sanar un matrimonio, calmar una discusión, abrir la puerta del evangelio a un compañero de trabajo o devolverle la esperanza a alguien que estaba a punto de rendirse.

Referencias bíblicas