Cuando parece que nada ocurre, puede haber algo sucediendo que todavía no vemos. Salmos 127:2 dice: «De nada sirve trabajar de sol a sol y comer un pan ganado con dolor cuando Dios lo da a sus amigos mientras duermen».
Este salmo no nos manda dejar de trabajar; habla de quien se afana sin poner su confianza en Dios. La frase «mientras duermen» habla de confiar en Dios incluso cuando uno descansa y no puede percibir resultados. Cuando parece que nada pasa, puede estar ocurriendo algo que después se manifestará.
Abraham fue amigo de Dios: confió en él y estuvo dispuesto a entregar a Isaac por obediencia. Que también nosotros seamos llamados amigos de Dios. Confía en que Dios guarda, protege y dirige. Después de este tiempo difícil, no serás el mismo: saldrás llamado amigo de Dios, con una confianza renovada.
Quizá piensas que tus días transcurren sin cambios. Aunque alguien te viera desde una ventana y creyera que solo estás mirando televisión, recibir la palabra de Dios puede estar produciendo algo en lo profundo de tu ser. Abre tu corazón: esa palabra puede obrar interiormente antes de que sus efectos se hagan visibles. Se producirán milagros.
Jericó: una puerta cerrada y una promesa
Josué 6:1 dice que Jericó estaba cerrada, bien cerrada, y que nadie entraba ni salía «a causa de los hijos de Israel». Dios había prometido al pueblo una tierra que conquistar, incluida Jericó, y la ciudad cerrada representa las puertas que parecen impedir el avance.
Como Jericó en Josué 6:1, algunas cosas están cerradas porque ya fueron asignadas por Dios, y la resistencia puede anunciar lo que vendrá. No te entristezcas ante lo que parece bloqueado: algo puede estar aconteciendo aunque todavía no se vea.
Josué 6:8 dice que los siete sacerdotes marcharon delante del Señor, sonando los cuernos, y el arca del pacto del Señor los seguía: marchaban en la presencia de Dios. El arca estaba hecha de madera de acacia, que se asocia con la humanidad, y de oro, que se asocia con la estabilidad. Atravesar una situación difícil con la presencia de Dios es salir como oro: más estables, porque la confianza ya no depende del dinero, la empresa, el trabajo, los dones o los talentos, sino de Dios, su palabra y su presencia.
Nadie puede predecir el mañana; el pueblo de Israel solo sabía que la presencia de Dios iba con él. Un tiempo así no es únicamente de aislamiento, sino también de consagración: para orar, aprender más de la palabra y estar en la presencia de Dios. Las puertas pueden seguir cerradas, y puedes enfrentar dificultades en el trabajo, la familia o la salud, pero la presencia de Dios está contigo.
Declara: «Todo estará bien, la presencia de Dios está con nosotros». No se sabe qué ocurrirá dentro de dos o tres meses, pero en uno, dos, tres, cinco o diez meses, todo estará bien porque Dios está con nosotros.
Las vueltas, el silencio y la tentación de empujar
Las vueltas alrededor de Jericó se daban en silencio. Imagina pasar un encierro sin hablar: ¡cuánto hablamos! En los momentos difíciles, el problema más grande puede no ser solo la dificultad, sino lo que decimos mientras la atravesamos.
Dar vueltas puede sentirse como no avanzar. Aunque parezca que nada ocurre, no consideres desperdiciado el tiempo vivido en la presencia y la voluntad de Dios. La obediencia es poderosa: quizá en la tierra todavía no se vea nada, mientras en el cielo todo está aconteciendo. Obedece la palabra, confía y lleva tu relación con Dios a otro nivel.
A veces dan ganas de empujar el muro, de meter las manos para sentir que algo está pasando; hacerlo satisface por un momento la ansiedad, pero puede apartar del propósito. Da otra vuelta confiando en Dios, sin forzar el resultado. No hace falta sentir para creer: Dios está en control, y su presencia se manifestará a favor de las personas, sus familias y la nación.
En el relato de Josué, al sonar las trompetas todos gritaron y el muro cayó. Quizá esperabas entrar por la puerta, pero Dios puede sorprender por un camino distinto: no entrarás por las puertas que imaginabas, sino que los muros caerán y entrarás «en grande», por donde nunca pensaste.
Alimentarse de la palabra y no actuar por ansiedad
Después del desierto, Satanás le dijo a Jesús que, si tenía hambre, convirtiera las piedras en pan. Era la tentación de resolver por cuenta propia lo que parecía no estar ocurriendo: Jesús podía hacerlo, pero no lo hizo. No uses los dones, talentos y autoridad recibidos de Dios contra la voluntad de quien te los dio.
Jesús respondió: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». ¿De qué te estás alimentando? Informarse no es lo mismo que alimentarse: no dejes de informarte, pero que las noticias y las malas noticias no se conviertan en tu sustento. Escucha la palabra de Dios y no permitas que una necesidad te aparte de su voluntad.
Pedro había pescado toda la noche sin sacar nada. Jesús le indicó que fuera mar adentro y echara las redes; Pedro respondió que, aunque había trabajado sin éxito, por la palabra de Jesús echaría la red, y hubo una gran pesca. Pedro obedeció la palabra recibida: una palabra de la boca correcta puede producir lo que los dones y talentos no habían conseguido. Quizá los peces ya estaban esperando, porque Dios ya les había dado la orden.
Aunque externamente no se vea nada, Dios puede estar obrando. Las estrategias humanas quizá no funcionen, pero las estrategias y el poder de Dios siguen funcionando. Aliméntate de la palabra. No se trata de negar lo que se ve, sino de confiar en Dios cuando la vista todavía no ofrece pruebas del cambio esperado.
Lo nuevo, el desierto y el árbol cortado
La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. ¿Te ha quitado la espera esa certeza y te ha llevado a la desesperación? Confía, aunque tus ojos te digan que nada sucede. La interrupción de la normalidad puede ser una oportunidad para algo nuevo: no llegarás al otro lado de la misma manera.
Versículo clave
«He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.»
Isaías 43:19
Job 14 y Job 42 marcan el contraste entre el árbol cortado y la restauración.
Una economía puede estar desolada sin que Dios lo esté. Confía, dobla las rodillas y conságrate: lo nuevo ocurre en lo íntimo antes de manifestarse a la vista de todos.
Job 14:7-9 dice que un árbol recortado tiene esperanza: al percibir el agua, retoña. ¿Qué puede esperarse de un árbol cortado? Quizá sientes que perdiste cosas o que ya no tienes futuro. Pero del capítulo 14 de Job se llega al 42, donde a Job le fue hecho todo al doble: si atraviesas un capítulo difícil, puedes esperar un capítulo posterior. Imagínate como un árbol con renuevos y ramas nuevas: despierta espiritualmente y no consideres el capítulo presente como el final. El agua que percibe el árbol es la palabra de Dios, que puede hacer reverdecer.
Versículo clave
«Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; Retoñará aún, y sus renuevos no faltarán. Si se envejeciere en la tierra su raíz, Y su tronco fuere muerto en el polvo Al percibir el agua reverdecerá, Y hará copa como planta nueva.»
Job 14:7-9
Y Dios lo hará reverdecer.
No permitas que se corte tu fe, aunque pierdas dinero o un negocio o atravieses momentos difíciles. La fe es más valiosa que el oro, porque permite percibir que el capítulo difícil no es el final. El Espíritu Santo puede devolver sueños que fueron cortados. ¿Qué dejaste cortar en tu vida? ¿Quizá la confianza en Dios?
Espíritu Santo, visita a cada persona: que los sueños reverdezcan en medio de la situación que viven, que vuelvan a soñar, creer, declarar la palabra y levantarse en fe. Como el árbol cortado que vuelve a levantarse al percibir el agua, la palabra y la presencia de Dios, el Dios que creó el árbol es el mismo que te visita y te levanta.
Volver a soñar y abrir el corazón
No esperes a que todo se arregle para volver a soñar: empieza hoy. No se sueña porque las circunstancias estén bien, sino porque se tiene un Dios de imposibles. Jesús es el árbol que dio su vida por la humanidad en la cruz. Cuando parecía que nada ocurría después de su muerte, estaba aconteciendo una nueva oportunidad para volver a creer y soñar. Dios resucitó a su Hijo, y Jesús está a la diestra del Padre.
Abre tu corazón. Aunque alguien que observe desde lejos piense que nada ocurre, en quien hace esta oración se produce vida eterna: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y hoy te recibo como mi Señor y mi Salvador. Bienvenido a mi vida».
Bendición para las familias, en el nombre de Jesús. Hay momentos en que las personas desean empujar el muro o convertir las piedras en pan porque están desesperadas y no creen que algo nuevo ocurra. Pero cosas nuevas suceden y solo falta que se manifiesten: que Dios abra ríos donde parece imposible y que todo sea restaurado en el matrimonio, la familia y aquello que las personas toquen. Dios hará todo al doble en tu vida, en el nombre de Jesús.


