Muchas veces vivimos como si nuestros logros, nuestras victorias y nuestro trabajo fueran solo para nosotros: «Lo hice por mí». Pero Dios mira más lejos. En el momento en que estableció una promesa en tu vida, ya estaba pensando en los que vendrían después de ti. Cuando te rescató, cuando abrió camino delante de ti, también estaba abriendo camino para los hijos de tus hijos. Dios es un Dios de generaciones.
Un Dios que mira varias generaciones a la vez
Jacob huía de su hermano, que quería matarlo. Se acostó con una piedra por almohada y soñó con una escalera que llegaba al cielo. «Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia». En una sola palabra, Dios abarca a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los que vendrían después.
Dios no ha perdido de vista a tus abuelos ni a tus padres, no te ha perdido de vista a ti, y no perderá de vista a tus generaciones que aún no han nacido. Lo que un día Dios te prometió, lo verás en ti y en los tuyos. Dios quiere darse a conocer de manera personal a cada generación: como el Dios fiel, el que sana, el que restaura, el que ama.
Por eso no tienes que vivir angustiado preguntándote si tus hijos conocerán a Jesús. Tu tarea es dejar un legado tal que un día ellos puedan decir: «Yo conozco al Dios de mis padres; es bueno y es fiel». Quizá todavía no tienes hijos, pero Dios ya los bendijo y ya estableció un propósito para ellos. Eso trae una responsabilidad: construir algo sobre lo cual tus generaciones puedan edificar.
Conectado a la Simiente
Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién decís que soy yo?». Y Simón respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Y Jesús le dijo: «Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella». Cuando haces de Jesús el centro de tu vida y lo reconoces como tu Señor y Salvador, le cierras a tu casa las puertas del infierno, y le abres las puertas del cielo a la bendición del Padre para ti y los tuyos.
Un pacto que incluye a tu familia
Pedro predicaba: «Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra». Esa Simiente es Jesús. Él conecta las bendiciones con las generaciones. La promesa comenzó con Israel, pero por medio de Cristo, quienes no somos de sangre judía fuimos injertados en ese pacto. Todas las familias de la tierra: también la tuya.
Dios es un Dios de pactos, y no es hombre para que mienta. Nosotros podemos descarrilarnos y olvidar el pacto, pero él no. Quizá vienes de generaciones marcadas por el pecado, el adulterio, los vicios, la miseria, las deudas o el abandono; quizá hay historias de tus abuelos que te asustan. Pero el día en que recibiste a Jesús, tú y tu casa entraron bajo un pacto de bendición. Si tus antepasados no conquistaron lo que debían, o no supieron guardarlo, hoy Dios te da la oportunidad de levantarte y creer por tus generaciones.
Declara sobre tu casa: «Mis hijos no se van a perder; mis nietos no se van a perder; mis generaciones conocerán a Jesús». No lo digas como una fórmula, sino como fe en el Dios que hizo pacto contigo. Y vive de manera que tu vida respalde lo que declaras.
Cree por tu casa
En Filipos, a medianoche, mientras Pablo y Silas cantaban himnos en la cárcel, un terremoto abrió todas las puertas. El carcelero, creyendo que los presos habían huido, sacó la espada para matarse. Pero Pablo le gritó: «No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí». Y él preguntó: «Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?».
«Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa». El carcelero creyó, les lavó las heridas, y en seguida se bautizó él con todos los suyos, y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.
Versículo clave
«Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.»
Hechos 16:31
Dios necesita a alguien que se levante creyendo, firme y fiel, para que su familia conozca al Dios que él ya conoce. Muchos estamos en los caminos de Dios porque alguien en casa creyó y oró por nosotros: quizá una madre que nunca dejó de interceder. Tal vez en tu casa todavía no ha llegado la salvación a todos. Sigue creyendo: tú puedes ser el que abre el camino. Ora por ellos por nombre, bendícelos con tus palabras, y no te canses de esperar. El mismo Dios que te alcanzó a ti puede alcanzarlos a ellos.
Levanta memoriales para los que vienen
Antes de que Israel cruzara el Jordán, Dios le pidió a Josué que doce hombres tomaran doce piedras del lecho del río, una por cada tribu, para levantarlas como memorial. «Cuando vuestros hijos preguntaren a sus padres mañana, diciendo: ¿Qué significan estas piedras?, declararéis a vuestros hijos, diciendo: Israel pasó en seco por este Jordán». Esas piedras serían un recordatorio permanente de lo que Dios había hecho.
Tus memoriales son tu testimonio. Cuéntales a tus hijos de dónde te sacó Dios, cómo te sostuvo en las crisis, cómo llenó tus vacíos, cómo te hizo fuerte en la debilidad. Que no vean solo tus logros externos, sino la historia de un Dios que salva, restaura y sana. No escondas tus piedras: lo que Dios hizo contigo puede ser la fe de tus hijos.
Lucha por tus generaciones
Nehemías encontró los muros de Jerusalén derribados, y cuando los enemigos amenazaban, animó al pueblo: «No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas». Hoy también eres llamado a no temer por tu familia, tus finanzas, tu matrimonio o el futuro de tus hijos. Luchar no es pelear con las personas, sino orar, creer y edificar.
«Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos».
Versículo clave
«Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, Y su justicia sobre los hijos de los hijos»
Salmos 103:17
Su justicia alcanza a los hijos de tus hijos, cuando guardas su pacto. Es tiempo de secarte las lágrimas del pasado, de no esconder tus piedras, y de pedirle a Dios que te dé las piedras para edificar algo distinto en tu familia. Lo que construyas hoy con él, otros lo disfrutarán mañana.
Referencias bíblicas
- Génesis 28:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 3:25 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 16:31 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Josué 4:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 103:17-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 103:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


