Cuando cambia el calendario, sentimos que todo puede empezar de cero. Pero para Dios el mejor inicio no depende de una fecha. No comienza afuera, sino dentro de ti. ¿Qué tiene que suceder en tu interior para que este tiempo sea realmente distinto?
Un corazón y un espíritu nuevos
«Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne». Dios le hablaba a su pueblo: si quieren un nuevo inicio, algo nuevo tiene que suceder dentro de ustedes.
Versículo clave
«Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne»
Ezequiel 11:19
Muchas veces notamos que el corazón se endurece: se vuelve poco tolerante, aparece la falta de perdón, y en el matrimonio llegamos a decir: «Ya no hay amor». Pero no importa qué tan duro esté hoy tu corazón: el Dios de milagros puede darte un amor nuevo por tu matrimonio, por la vida que te ha dado, y un corazón capaz de recibir lo que él tiene para ti. Dios está más interesado en verte libre que cómodo, y en ver corazones sanos que en darte la razón.
Otra versión dice: «Les daré un corazón tierno y receptivo». Cuando el corazón ya no está receptivo a la palabra y a los planes de Dios, no hay espacio para que lo nuevo se mueva en tu vida. Podrías alcanzar muchas metas y terminar el año con el corazón endurecido. Pero con un corazón receptivo, no hay nada que la palabra de Dios no pueda hacer en ti y en tus generaciones. A Dios no le impresiona lo que tienes; le impresiona un corazón humilde y dispuesto.
Metas que son medios, no fines
Está bien que anotes tus metas. Pero el negocio que esperas o el dinero que quieres ganar son un medio, no el fin. El dinero es para usarlo, no para que te use: si lo conviertes en tu meta, te usará; si es un medio, te servirá. Tu meta mayor es conocer más a Dios y llenarte de su palabra; él añade lo demás. Que tu espíritu y tu corazón sean dirigidos por Dios. Revisa tu corazón cada día: cuando menos lo sientes, se está endureciendo.
Una cosa es empezar un año nuevo, y otra abrir espacio para lo nuevo que Dios quiere hacer. Podrían pasar muchos años sin que nada nuevo suceda, porque lo nuevo empieza en el corazón y en el espíritu.
La valentía de decidir diferente
Para tener el mejor inicio se necesitan hombres y mujeres valientes, dispuestos a poner a Dios primero. «De ocho años era Josías cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén. Este hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en los caminos de David su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda».
Versículo clave
«De ocho años era Josías cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén.»
2 Crónicas 34:1
Qué fácil es hacer lo que nos conviene en lugar de lo correcto. Hacer lo correcto no siempre es el camino más fácil, pero sí el más fiel. Josías tomó esa decisión a los ocho años, después de que su abuelo Manasés reinara cincuenta y cinco años y su padre Amón dos: casi seis décadas de malos reinados. Dios no tiene problema con el tiempo; fue el pueblo el que sufrió por las malas decisiones.
Si Josías decidió a los ocho años, ¿qué te impide decidir a ti? Tus decisiones muestran tu disposición. Decir «voy a tratar mejor a mi esposa» es una cosa; empezar a hacerlo es otra. Si quieres el mejor inicio, tendrás que tomar decisiones: dejar viejos hábitos, conductas y adicciones. Eres tú quien decide.
No más excusas. El pasado sirve para identificar lo que debes llevar a Jesús, no para justificarte. Josías tenía todas las excusas: a los ocho años ya había absorbido lo que vio en casa. Pero quería el mejor inicio para su vida y sus generaciones. No importa cuánto te hayan herido o abandonado, ni cuántos errores hayas cometido o hayan cometido contigo: hoy puedes decidir.
Dios ya decidió bendecirte. Lo hizo público en la cruz del Calvario. Ya decidió amarte y cuidarte, y Jesús llevó tus errores. El mejor inicio no está del lado de Dios: está del tuyo. Te toca decidir recibir la bendición que él ya preparó. Deja tus excusas en la cruz: «es que mi tío», «es que el que me estafó»… Ya pasó.
Una palabra que sea experiencia, no rutina
Mientras restauraban el templo, después de que Josías mandó quitar los ídolos, encontraron el libro de la ley y lo leyeron en voz alta. «Y cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestidos». Josías no quería religiosidad ni cumplir por obligación: la palabra se convirtió en una experiencia que lo cambió todo.
Que la palabra de Dios no sea una rutina para ti. Muchos se emocionan en enero, y el entusiasmo dura lo que dura la emoción. Que cada vez que escuches la palabra, el Espíritu Santo marque tu vida. Aunque el teléfono suene con una urgencia de negocios, recuerda: la palabra que estás recibiendo es del Dios que te sostendrá siempre. Josías tenía tan poco de las Escrituras, y obedeció; tú tienes la Biblia completa.
«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino». No necesitas un reflector que ilumine todo el año: Dios alumbra el paso que sigue, para que dependas de él. Sin esa luz, lo que creíste que te salvaría puede destruirte.
Una tristeza que lleva al arrepentimiento
Josías rasgó sus vestidos: señal de arrepentimiento. Al escuchar la palabra sintió una profunda angustia por lo lejos que estaba el pueblo de Dios. «La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación». Esa tristeza no te acusa ni te hunde en la culpa: te lleva a la misericordia, que es nueva cada mañana.
Dios no está para acusarte, sino para darte el mejor inicio. Si la tristeza solo trae culpa y temor, examínala. Si te lleva a decir «Señor, perdóname», es Dios obrando en ti.
Prioridades en orden
Josías envió a sus hombres a consultar a Dios: «Andad, consultad a Jehová por mí… acerca de las palabras del libro que se ha hallado». La palabra era lo más importante para él. Tus convicciones se demuestran con tus decisiones y acciones. Es tiempo de ordenar tus prioridades.
Algunos «cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen». Hoy esas figuritas son lo que el mundo ofrece: bienes, éxito, apariencias. Son añadidura, y Dios es experto en añadir. Si buscas primero su reino y su justicia, todas esas cosas te serán añadidas, y él te sostendrá cada día.
Hoy puedes decidir, como Josías, poner a Dios primero y responder con obediencia. Dile: «Señor, dame un corazón nuevo y un espíritu nuevo. No más excusas. Quiero el mejor inicio contigo».
Referencias bíblicas
- Ezequiel 11:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Crónicas 34:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Reyes 22:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 119:105 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Corintios 7:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 1:22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


