«Es tiempo de crecer». Abre tu corazón y presta atención. Hay tres principios para lo que resta del año. Cambiar de número en el calendario no produce por sí solo algo nuevo: el cambio requiere abrir el corazón y permitir que Dios obre.
Jeremías 17:5 describe a quien pone su confianza en un mortal y aleja del Señor su corazón como un arbusto raquítico en el desierto, sin esperanza para el futuro. No se trata de dejar de confiar en otras personas, sino de no darles el lugar que corresponde a Dios en las prioridades y en la confianza última.
Piensa en alguien a quien Dios mueve para bendecirte. Corresponde bendecir a esa persona, pero no trasladar a ella la confianza en la provisión: la provisión viene de Dios, que movió el corazón de quien ayudó. El riesgo es que una persona o una circunstancia ocupe el lugar que solo Dios debe tener.
El arbusto seco habla de falta de fruto y de dejar de avanzar. Tener dinero o alcanzar éxito en distintas áreas no equivale necesariamente a prosperar: una persona puede lograr cosas y, aun así, dejar de avanzar si pone su confianza en sus logros. Confía en Dios, que da la oportunidad y la bendición para alcanzar lo que tienes.
José en la casa de Potifar lo ilustra: Potifar tenía palacio y posesiones, pero desde la llegada de José todo allí prosperaba. José era próspero porque su confianza estaba en Dios; tener posesiones no bastaba para que Potifar prosperara. Donde vayan quienes confían en Dios, habrá prosperidad, no solo éxito o abundancia.
Diezmar, sembrar y ofrendar expresa esa confianza: se reconoce que Dios es quien te ha sacado adelante, no la fuerza de tu propia mano. No hacerlo equivale a pensar que uno mismo administrará todo según su propio criterio. Con expectativa y fe, di: «Ahora van a hablar de mí».
Jeremías 17:7-8 dice que quien confía en el Señor y pone en él su esperanza es como un árbol plantado junto al río, con raíces que alcanzan el agua; el calor no lo agobia, mantiene el follaje verde y produce fruto con regularidad.
Versículo clave
«Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.»
Jeremías 17:7-8
Primer principio: ir a lo profundo
Antes de crecer hacia afuera hay que crecer hacia adentro. Lo exterior puede verse atractivo, pero cuidado con crecer hacia fuera sin fortalecer la vida interior. Las raíces buscan el agua porque encontrarla es cuestión de vida o muerte; el agua representa la Palabra y la presencia de Dios.
Acercarse a Dios y buscar su Palabra es vital para sus hijos. Quizá adviertas que te estás secando y necesitas volver a buscar esa presencia. Cuando las raíces y el fundamento buscan a Dios cada día, se puede dar fruto con regularidad, no solo durante una emoción momentánea ni dependiendo de lo que toque vivir.
José llamó a uno de sus hijos Manasés y a otro Efraín, nombre asociado con la expresión «el que me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción». Sus raíces no estaban en la aflicción, sino en Dios, que estaba con él en medio de ella. La aflicción era real, pero José pudo fructificar mientras la atravesaba.
Todos podemos preocuparnos; en vez de preocuparte, ocúpate en buscar el agua de la presencia y la Palabra de Dios. Compara el tiempo que dedicas a las redes con el que dedicas a la Palabra. Extiende tus raíces hacia Dios para que sean fuertes y bebe del agua que solo Dios puede dar.
¿Recuerdas cuidar en la escuela un frijolito en un bote pequeño de compota y observar cómo crecían sus raíces? ¿Son bonitas o feas las raíces? Solemos prestar atención al árbol y al bosque, no a lo que los sostiene bajo tierra. Pero un fruto sin raíz no dura mucho; con el tiempo se hace evidente si faltaba ese fundamento.
El llamado a crecer invita a reforzar la relación con Dios y ordenar las prioridades. La iglesia prosperará en lo que le toque vivir porque su raíz no está en las circunstancias, sino en Dios. El fruto es público; el proceso de las raíces, privado, como orar a puerta cerrada al Padre. Lo que se ve públicamente refleja lo que ocurre en privado con Dios.
Cuando le pedimos a Dios que cambie un área de nuestra vida, él puede respondernos: «No quieras que yo arregle lo que no estás dispuesto a cambiar». Ten disposición y permite que la raíz de tu corazón sea sacudida y llevada a mayor profundidad. Un tiempo de progreso puede no ser la etapa más bonita, pero sí la más productiva, porque allí se madura y se crece.
Dios poda cosas en la vida y quiere establecer a las personas para que den fruto. Los cielos y la tierra pasarán, pero la Palabra permanece para siempre. Aunque muchas cosas de la vida pasen y no se entiendan, quien tiene sus raíces en la presencia y la Palabra de Dios puede permanecer firme. En el mundo nada es estable —ni la economía, ni la salud, ni las amistades—: busca algo sostenible y mantén una perspectiva de lo eterno.
Ver resultados no es lo mismo que tener claridad acerca de la vida, que no debe depender de los resultados inmediatos, sino de lo que Dios está haciendo. Ante promesas que todavía no se ven, mantén el enfoque en Dios, que hizo la promesa y cumplirá su Palabra. Al ir a lo profundo se deja de ser guiado por las emociones y se empieza a ser dirigido por el Espíritu Santo.
Segundo principio: plantarse y florecer
El segundo principio se apoya en Salmos 92:12-15: los justos florecerán como las palmeras, crecerán como los cedros del Líbano, serán plantados en la casa del Señor y darán fruto aun en la vejez, manteniéndose sanos y vigorosos para anunciar que el Señor es recto y su fortaleza.
Nadie es justo por sí mismo: «Nos hicieron justos por una sangre divina», la sangre de Cristo. Por eso se puede creer que es posible crecer y dar fruto incluso en la vejez. No se trata de la edad, sino de adorar a Dios, buscarlo y creer en lo que puede hacer.
2 Samuel 23:11 presenta a Sama defendiendo el terreno de lentejas cuando el pueblo había huido ante los filisteos, y concluye que Jehová dio una gran victoria. Recibe personalmente esa declaración: el Señor dará una gran victoria. No renuncies a la cosecha.
Sama se puso en medio del terreno y lo defendió cuando el pueblo había huido. Jesús bendecía a las multitudes, pero no necesitaba su aval para hacer la voluntad del Padre. No te dejes guiar por quienes huyen cuando las cosas se ponen difíciles, sino por Dios y su voluntad. No te conformes con una victoria: busca «una gran victoria», toma una decisión firme y mantente en el terreno que Dios te dio. El temor puede hacer que alguien huya y deje aquello que recibió de Dios. No renuncies a la cosecha: la gran victoria viene del Señor.
Dos platos de lentejas representan energía para todo el día; imagina que el pueblo había perdido el ánimo. No sabemos adónde nos llevará Dios, pero no queremos estar fuera de su voluntad ni huir de aquello que él usa para transformar nuestra vida. Quien esté dispuesto a perder la vida por el evangelio, la salvará: esa es la perseverancia de Sama.
Tercer principio: no renunciar a la cosecha
No renunciar a la cosecha es mantenerse en el terreno.
Versículo clave
«Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.»
Jueces 6:11-12
La cosecha no se limita a asuntos temporales: ponla en perspectiva eterna. Dios quiere usar a las personas en la cosecha de almas. Los discípulos decían que faltaban meses para la cosecha, y la respuesta fue alzar los ojos porque ya estaba lista. Hay personas con hambre de algo diferente, y no hace falta ser predicador: donde Dios te haya puesto, puedes hablar de Jesús y ser usado.
Cuando alguien te reconoce y te pide una foto, no es una foto contigo, sino con Cristo en ti, aunque tengas defectos como cualquiera. Habla de Jesús en el lugar donde estás.
Ordena tus prioridades y pon a Dios en primer lugar. En distintas etapas, la enfermedad, la escasez, la angustia o incluso la abundancia pueden pasar al primer plano. Clama y adora: «tu reino venga», «tu voluntad», «en la tierra».
Sama no sabía adónde lo llevaría Dios, pero sabía dónde debía estar.
Esa es la perseverancia que no huye.
Mantente en el terreno que Dios te dio.
Quien pierde su vida por el evangelio, la salva.
Y la cosecha más importante es la de almas.
Cada persona puede reflejar a Cristo donde está.
Por eso, Dios debe ocupar el primer lugar.
Que cada persona vaya a lo profundo, se plante en el reino de Dios y en la iglesia, sea nutrida y bendecida, y pueda cumplir su propósito. Que las emociones y los vientos de las circunstancias no la muevan y que no renuncie a la cosecha. Gracias por la salvación: somos parte de una cosecha de salvación y vida.
Pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como Señor y Salvador: hoy es día de salvación y de cosecha. Gracias por cada vida, en el nombre de Jesús.
Que venga su reino y se haga su voluntad en la tierra como en el cielo.
Que nadie renuncie a la cosecha.
Hoy es día de salvación.
«Pero está destinada a prosperar la persona que confía en el Señor y en el Señor ha puesto su esperanza y fe. Esta persona es semejante a un árbol plantado a orillas de un río cuyas raíces penetran hasta encontrar el agua». Jeremías 17:7-8
«Los justos florecerán como las palmeras; crecerán como los cedros del Líbano. Serán plantados en la casa del Señor y florecerán en los atrios de nuestro Dios. Aun en su vejez darán fruto; se mantendrán sanos y vigorosos, para anunciar que el Señor es mi fortaleza y que él es recto; en él no hay injusticia». Salmos 92:12-15
Referencias bíblicas
- Jeremías 17:5-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 92:12-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 6:3-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 23:11-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Gálatas 6:9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 6:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 41:51-52 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


