EN Oración
Serie Nueva temporada

Estás predestinado: el desierto también forma lo eterno

Dios puso eternidad en tu corazón, y nada temporal puede llenarla. Estás destinado a ver su gloria. El desierto forma en ti lo eterno que todavía no ves: acepta la voluntad de Dios, no insistas en tus propios planes, y confía en que él restaura lo que pasó.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
27 min

«Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora». Anhela lo que Dios tiene para tu vida, aunque todavía no haya llegado el momento de verlo. La espera no es una razón para dejar de desear, sino una oportunidad para sostener tu esperanza en lo que Dios dispuso.

«Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin». Muchos pasan años sin darse cuenta de esa eternidad que Dios puso en ellos. Y no todo vacío se llena con algo nuevo o temporal.

Versículo clave

«Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.»

Eclesiastés 3:11

Lo eterno no se llena con lo temporal

Esperas que un aparato nuevo llene tu vida. Lo consigues, pasan unos días, y el vacío sigue ahí. Luego crees que otra cosa te satisfará, y el vacío continúa. Los bienes y las experiencias temporales no pueden ocupar el lugar de lo eterno. Solo el Eterno puede llenar la eternidad que Dios puso en ti.

«Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». Puedes intentar llenar lo eterno con lo añadido, pero lo añadido no puede cumplir esa función. Lo que Dios añade tiene valor, pero no es lo que te llena: quien te llena es Dios.

«Las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas». No confundas tus circunstancias difíciles con el final. Mientras atraviesas situaciones temporales, Dios está formando algo eterno en tu interior: carácter, y una manera distinta de ver las cosas en el espíritu. La dificultad es real, pero considera lo que se está formando más allá de lo visible.

Declara: «De esta voy a salir, porque estoy destinado a ver la gloria de Dios». Que despierte lo eterno en tu vida, y no midas tu propósito solo por tus circunstancias presentes.

El desierto y la voluntad de Dios

Dios había prometido a Israel una tierra que fluía leche y miel, pero el pueblo tuvo que atravesar el desierto. Ese desierto formaría en ellos algo eterno que todavía no veían, algo más valioso aún que la tierra prometida.

El camino pudo haber sido mucho más corto, pero se prolongó cuarenta años, y muchos murieron sin entrar. Dios les había anunciado su propósito, pero ellos quisieron seguir su propia voluntad, y la rebeldía alargó el proceso. No retrocedas por lo difícil del desierto: acepta la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta. El proceso es duro, pero puede formar una base firme para tu vida.

Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto durante cuarenta días. Pasó por un proceso que nadie querría atravesar, y salió en el poder del Espíritu. Allí fue formado para lo que vendría. Fue el Espíritu quien lo llevó.

El tentador le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Y luego le ofreció todos los reinos del mundo si lo adoraba. Fue un ataque a su identidad. Quizá te preguntas por qué atraviesas dificultades si eres hijo de Dios, mientras a otros parece irles bien. El enemigo quiere mantener tu mirada en lo temporal, lejos de lo que Dios está haciendo.

Recuerda quién eres, a quién perteneces y hacia dónde vas. Jesús sabía a quién pertenecía y cuál era su destino, y por eso no aceptó la oferta. Los reinos que el diablo le ofrecía ya le pertenecían por lo que el Padre había dispuesto. No aceptes cualquier oferta, ni concluyas que un momento difícil define tu futuro: lo mejor del Padre está por manifestarse en una nueva temporada.

Una tribulación momentánea y una gloria eterna

«Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven». Lo que vives puede ser fuerte, pero es momentáneo, y produce un peso de gloria. Si insistes en hacer tu propia voluntad, terminarás describiendo tu proceso como una tribulación larga que no produjo nada eterno.

Versículo clave

«Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria»

2 Corintios 4:17

Nadie gana un pulso con Dios. A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Israel estuvo cuarenta años en el desierto; Jesús, cuarenta días. La rebeldía alargó el proceso de Israel; Jesús atravesó el suyo y salió sin amargura ni frustración, en el poder del Espíritu.

Daniel, sus amigos y David

Daniel fue echado al foso de los leones, y a la mañana siguiente el rey fue a ver si seguía vivo. Los leones y el foso no pudieron detener la gloria de Dios en la vida de alguien que sabía que estaba en sus manos. No temas.

Nabucodonosor mandó que todos adoraran su estatua de oro. Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron: «Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses». Servir a Dios aun sin saber si te librará: ¡qué oración tan poderosa! Los echaron en el horno calentado siete veces más, y el rey vio a cuatro hombres sueltos, paseándose en medio del fuego, y el aspecto del cuarto era semejante a hijo de los dioses.

Una prueba puede traer una manifestación de Cristo en tu vida. Se paseaban en medio del fuego: quien sabe que está destinado a cosas más gloriosas puede caminar en medio de la prueba, porque sabe que Dios está con él.

David fue a llevar comida a sus hermanos, los guerreros importantes. Al llegar, encontró a todo el ejército asustado ante Goliat, un gigante de casi tres metros. Y escuchó lo que se ofrecía a quien lo venciera: la hija del rey, riquezas, y la casa de su padre libre de impuestos.

David escuchó esas recompensas convencido de que estaba destinado a recibir la promesa y vencer al gigante. Sus hermanos lo acusaron de venir a burlarse, y Saúl le dijo que era solo un muchacho. Pero David respondió: «No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo». Cuando entiendes que tu situación actual es parte del camino y no el final, tu corazón no se rinde.

Saúl vistió a David con su armadura, pero David no pudo andar con ella. La armadura del rey no le daría la victoria. No son tus fuerzas humanas las que te protegen en tu desafío, sino Dios. No te vistas de miedo ni de desmayo: vístete de la gracia y el favor de Dios, y confía en que él te dará la victoria.

Estás destinado a vencer gigantes y a ver la gloria de Dios. Pon tu confianza en Dios, en lugar de interpretar tu momento difícil como el final de la historia.

Habla desde la confianza

¿Cómo habla alguien que sabe que está destinado? «Jehová es mi pastor; nada me faltará». David no habría podido escribir sus salmos sin haber vivido experiencias que hicieran auténticas sus palabras.

Lo que hoy parece el final puede convertirse en el testimonio que contarás mañana: que estuviste en el pozo de la desesperación, que creíste que no podías más, y que Dios te dio nuevas fuerzas. Estás escribiendo un salmo.

«Nada me faltará». Quien ha estado en la nada y ha conocido a Dios como su todo, puede declarar que nada le faltará. «En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará». David podía hablar de lo que vendría aunque todavía no estuviera en reposo; quizá estaba en guerra, perseguido o desesperado.

Aunque tu presente no sea el mejor momento, declara que vendrán pastos delicados y reposo. «Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre». Solo Dios puede traer paz a tu alma. Tu confianza no depende de estar ya en el lugar de descanso, sino de quién te guía.

«Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento». Una cosa es pasar por el valle, y otra vivir en él. La vara y el cayado son también corrección; aceptar la corrección de Dios no debe entristecerte, sino recordarte que él es bueno y que su plan es perfecto.

«Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando». Ya no es futuro: es presente. La presencia de Dios puede estar rebosando en tu vida ahora, aunque atravieses un valle. No todo es fácil, pero Dios está con quien lo busca.

«Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida». No te levantes un lunes esperando que todo salga mal. Habla como alguien que confía en Dios: «Hoy el bien y la misericordia vienen conmigo». Estás destinado: la gloria de Dios te visitará, pase lo que pase.

Dios restaura lo que pasó

«Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó». Dios puede restaurar lo que perdiste y el tiempo que viviste siguiendo tu propia voluntad. Sus misericordias son nuevas cada mañana. Dios puede acelerar los tiempos y restaurar aun aquello en lo que te equivocaste.

¿Puedes creer que Dios restaurará lo que pasó? Hubo decisiones equivocadas, y el pasado ocurrió; pero Dios puede obrar restauración. Sube a su gracia y a su favor.

Lo más grande para alguien destinado por Dios no son los palacios, la fama ni todo lo que ha recibido, sino lo eterno: «En la casa de Jehová moraré por largos días». Dios tiene planes perfectos, planes de bien y no de mal. Vive lo mejor que Dios tiene, no tus propios planes, y vencerás a tus gigantes, porque Dios es tu buen pastor. Es tiempo de hacer su voluntad.

Referencias bíblicas