Que la palabra de Dios llegue a tu corazón y te llene de fe, de alegría y de esperanza. Que Jesús proteja a tu familia: a tus padres, a tus abuelos, a tus tíos, a quienes están lejos de casa. El que comenzó en ti la buena obra, la perfeccionará.
Estar más tiempo en casa te da la oportunidad de hacer cosas distintas: leer un libro, aprender algo nuevo, y conocer mejor a quienes viven contigo. Quizá ahora conoces mejor a tu papá, a tu mamá o a ese hermano de quien antes te quejabas. Valóralos y agradece a Dios por tu familia: es la base de la sociedad. Y tú, joven, eres una parte importante de ella.
Una oportunidad para volver a Dios
Este es un tiempo para volver a Dios. ¿Quieres volver a él? Es el momento propicio. Mira la historia de Zaqueo, un hombre pequeño de estatura.
Zaqueo era jefe de los recaudadores de impuestos, y era rico. Tenía un pasado malo: había cobrado de más, había defraudado, había hecho cosas que lo hacían culpable ante todos. ¿Cuántas veces has fallado, te has equivocado o has hecho cosas malas? No se trata de negar tus errores, sino de reconocer que todavía tienes una oportunidad de volver a Dios.
Zaqueo oyó que Jesús pasaría por Jericó y quiso verlo. Pero había una multitud, y él era pequeño. Entonces corrió delante y subió a un árbol sicómoro para verlo, porque había de pasar por allí. Quizá también a ti te ha costado acercarte a Dios. Pero hoy puedes entrar en tu cuarto y conversar con él, sin multitudes y sin obstáculos.
A veces la multitud te impide ver a Jesús: las opiniones de los demás, las críticas, los recuerdos de tus fracasos, las distracciones de cada día. Zaqueo no dejó que la multitud lo detuviera. Buscó una manera de ver a Jesús, aunque tuviera que subirse a un árbol y hacer el ridículo delante de todos. ¿Qué estás dispuesto a hacer para ver a Jesús?
Jesús te llama por tu nombre
«Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso». Jesús está pasando cerca de ti, incluso dentro de tu hogar. Es tu oportunidad de volver a Dios.
Versículo clave
«Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso.»
Lucas 19:5-6
Jesús miró a Zaqueo y lo llamó por su nombre. Jesús sabe cómo te llamas y te conoce. Él te formó en el vientre de tu madre: «Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas». Aunque te hayas equivocado, hayas pecado o te hayas alejado, Jesús te conoce y te espera con los brazos abiertos.
Hubo un momento de tu vida en que ni siquiera tus padres estaban presentes: cuando te formabas en el vientre de tu madre, solo estabas tú y estaba Dios. Tan cerca estuvo de ti entonces, tan cerca está ahora.
Zaqueo tenía antecedentes que lo hacían culpable. Pero algo en su corazón lo movió a subir al árbol para ver quién era Jesús. Ese deseo de ver a Jesús fue el comienzo de su arrepentimiento.
«Hoy es necesario que pose yo en tu casa». ¿Cómo responderías si Jesús quisiera hospedarse hoy en tu hogar? Imagina la alegría de esa visita. Jesús quiere acercarse a tu casa y a tu familia. Vuélvete a él.
La gente murmuraba: «Había entrado a posar con un hombre pecador». Pero Jesús no vino a buscar a los perfectos. Y Zaqueo, puesto en pie, dijo: «He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado». Jesús le dijo: «Hoy ha venido la salvación a esta casa… Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido». Un encuentro con Jesús cambia el corazón, y el corazón cambiado cambia la manera de vivir.
Quizá sientes culpa porque hiciste algo y le diste la espalda a Dios. Volver a él es sencillo: dile «aquí estoy», «te necesito», «si me equivoqué, te pido perdón». «Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría».
Versículo clave
«Porque un momento será su ira, Pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría.»
Salmos 30:5
Zaqueo buscaba ver a Jesús, pero fue Jesús quien lo encontró a él. Esa es la buena noticia: no tienes que hacerlo todo tú. Basta con que des un paso hacia él, y descubrirás que él ya venía hacia ti. El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, y eso incluye tu vida.
Fíjate también en lo que Jesús no hizo: no le dio a Zaqueo un sermón delante de todos, ni le exigió que primero cambiara para poder entrar en su casa. Primero llegó el amor; después vino el cambio. Así trata Jesús a quien se acerca a él: te recibe como estás, y luego te transforma.
Entusiasmo y esperanza en medio de la incertidumbre
Zaqueo bajó aprisa y recibió a Jesús gozoso. Si atraviesas momentos críticos, difíciles e inciertos, o sientes temor por lo que va a pasar, llénate de entusiasmo y de alegría. El gozo de Jehová es tu fuerza. Cuando te gozas en el Señor, recibes fuerzas, capacidad para creer y la certeza de que hay esperanza para mañana.
Hoy puede ser tu «hoy» de salvación. No mañana, no cuando todo esté resuelto: hoy.
Tu pasado y el lugar de donde vienes no son lo más importante: lo importante es que Jesús trae un mensaje de esperanza y te invita a acercarte. Vuelve a Dios. Jesús te espera con los brazos abiertos.
En medio de la crisis, recuerda la obra de la cruz: «Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… y por su llaga fuimos nosotros curados». Confía tu salud y la de tu familia en las manos de Jesús. Él te protege y te sostiene.
Aprovecha este tiempo en casa para orar en familia, leer juntos la Biblia, pedir perdón a quien has herido y decirles a tus padres y hermanos cuánto los amas. Que la salvación llegue también a tu casa.
Vuelve a Jesús
Jesús ha llegado a tu casa. Quizá lo sientes cerca, frente a ti, a tu lado. Ora en voz alta: «Jesús, sé que estás aquí. Perdona mis errores. Te recibo como mi único Señor y Salvador. Protégeme a mí y a mi familia. Hoy decido volver a Dios».
Si hiciste esta oración por primera vez, o ya habías seguido a Jesús y hoy te reconcilias con él, busca a tu iglesia para que puedan cuidarte, bendecirte y celebrar contigo.
Cuando pase la crisis, verás la gloria de Dios, podrás adorarlo con otros, abrazar a quienes amas y contemplar la victoria de Cristo. Mientras tanto, disfruta a tu familia: Jesús está en tu casa.
Referencias bíblicas
- Lucas 19:1-10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 139:16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 30:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 43:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 8:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 19:5-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


