EN Oración
Serie Herederos

Legado: la historia que Dios nos llama a escribir como herederos

Eres hijo y heredero de Dios, pero también estás llamado a construir un legado. La herencia se recibe; el legado se deja en las personas. Cristo te dejó perdón, vida eterna, el título de hijo y una morada en el cielo. Con obediencia, identidad, un corazón sanado y amor, tus acciones diarias pueden dejar una huella que bendiga a otros.

Predicador
Andrés Azurdia
Publicada
Duración
51 min

Cada mañana, al poner los pies en el suelo, puedes levantarte con una convicción: «Se levantó un heredero, hijo del Dios Altísimo; hoy Dios puede hacer algo sobrenatural en mi trabajo, en mi casa, en mi país». Esa identidad cambia la manera en que caminas, trabajas y te relacionas. La herencia se recibe; el legado se construye con lo que dejas en otros.

Hijo amado, aun cuando fallas

«Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él». La palabra te invita a detenerte y mirar cuán grande es ese amor. En medio de los problemas, y a veces de tus propias equivocaciones, dejas de verlo. Pero una falla no te quita la paternidad de Dios: él te llama a arrepentirte y volver al camino, y sigue siendo tu Padre.

Versículo clave

«Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.»

1 Juan 3:1

Por eso no necesitas esforzarte por encajar en un mundo al que no perteneces. Dios te salvó para pertenecer a su reino, y pierdes el tiempo tratando de acomodarte donde no debes. Cuando recuerdas quién eres, las malas actitudes y las malas palabras ya no te quedan bien. Y como el mundo no conoce a Dios, tu vida puede ser la única Biblia que lean tus compañeros de trabajo o de estudio. Muchas veces proclamas que eres cristiano, pero no dejas el ejemplo.

Herencia y legado no son lo mismo

La herencia suele ser algo físico o económico: propiedades, dinero, bienes. El legado es lo que dejas en las personas. Y no es solo para quienes tienen hijos: aunque seas soltero, tus actitudes en el estudio, en el trabajo y en cada lugar donde estás van dejando una huella. Así como cada cultura transmite costumbres de una generación a otra, cada vida transmite valores.

Todos recibimos legados de nuestras familias: la disciplina con amor, la responsabilidad en el trabajo, la importancia de tener un oficio o una profesión, y la fe de unos abuelos que, a pesar de las circunstancias difíciles, siguen leyendo la Biblia cada mañana y compartiendo versículos. Da gracias por quienes te dejaron algo bueno. A veces una herencia material llega por sorpresa; pero sin ningún esfuerzo de tu parte ya eres heredero de un Rey que te da vida eterna, fe, amor y sanidad.

Pregúntate qué historia se contará de tu vida. Mientras escuchas la palabra, Dios está escribiendo en tu corazón lo que vas a transmitir a las próximas generaciones. Atesóralo y conviértelo en parte de tu vida, porque lo que hoy recibes es lo que mañana podrás dar.

Herederos que también atraviesan el sufrimiento

«El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados». La iglesia es el lugar de los que sufren, de los que necesitan escuchar una palabra y ser restaurados.

Hay momentos en que te tocará vivir pérdidas y esperas dolorosas: un diagnóstico, un embarazo complicado, una espera que parece no terminar. Si en medio de ellas te sostienes y sigues creyendo, un día tendrás la promesa en tus brazos. El sufrimiento es pasajero, y parte de tu legado son las bendiciones que Dios te tiene preparadas. «Por su llaga fuimos nosotros curados». Pelea la buena batalla de la fe por tus hijos y por la generación que viene.

Los legados que Cristo te dejó

El primero es el perdón de los pecados y la vida eterna. En la cruz, entre dos ladrones, Jesús derramó hasta la última gota de su sangre para darte libertad de pensamientos, conductas y adicciones que te atan; solo él puede perdonar. Tu tiempo en la tierra es corto, porque vas hacia la eternidad.

El segundo es el título de hijo de Dios, con todas sus promesas. «A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios». ¿Qué padre le quitaría el apellido a su hijo por equivocarse? «Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas?». Si te alejaste por un ciclo de pecado, vuelve: en la casa del Padre las puertas están abiertas.

El tercero es una morada en el cielo: «Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo». Mientras tanto, vive con propósito como su hijo. Sé valiente. Aunque sepas un solo versículo, aférrate a él y úsalo. Aun quienes sirven en el ministerio son seres humanos que se equivocan y que tienen que doblar las rodillas en sus días difíciles. No podrás quitarte la humanidad, pero sí puedes adoptar los principios del reino para levantarte en fe cada vez que tropiezas.

Cómo se construye un legado

Todo legado comienza con escuchar el llamado y obedecer. «Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré». Abraham escuchó y salió de su zona cómoda. Nadie es demasiado joven ni demasiado mayor: la bendición descansa sobre un corazón dispuesto a escuchar y obedecer.

También exige aceptar la identidad que Dios te da y pelear la buena batalla de la fe, aun cuando la realidad parezca contradecir la promesa. Y requiere sanar el pasado: no puedes transmitir a otros las heridas que recibiste. Lleva tu dolor a Dios y perdona, para no pasar a la siguiente generación lo que te hirió a ti.

Versículo clave

«Él sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas.»

Salmos 147:3

Vive con intención, bajo el amor del Padre

Vivir intencionalmente es recordar que el pasado quedó atrás y que hoy es el momento de influir en quienes te rodean. «Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad». Quienes tienen canas transmiten experiencia y fe; quienes son jóvenes, fuerza y pasión. Cada generación tiene algo que dejar.

Tu mayor legado es el amor del Padre. Es como el padre que cada tarde esperaba a su hijo, y al verlo volver sucio y maloliente, corrió a abrazarlo. Así es Dios contigo, sin importar cuánto hayas errado. Y el mayor legado que puedes dejar es ese mismo amor: que quienes vienen detrás de ti conozcan al Padre a través de tu vida.

Referencias bíblicas