EN Oración
Serie Historia

No abandones el capítulo difícil: perseverar en medio de la tormenta

El enemigo no puede desviar tu historia; solo tú puedes. Con el naufragio de Pablo, descubre por qué la presión forma el carácter y por qué un capítulo difícil no es el final.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
57 min

Hay capítulos difíciles en nuestra vida: capítulos confusos y capítulos injustos. Pero hay una buena noticia: cuando el autor ha escrito una historia, nunca se equivoca. No importa qué tan grande sea el desafío que está frente a ti ni cuántos ataques quiera lanzar el enemigo en tu contra: el enemigo no puede desviar tu historia. El único que puede desviarla eres tú. Nada puede interrumpir lo que Dios ha dicho que hará en tu vida si te aferras a él. Por eso, no abandones la historia en el capítulo difícil.

Esperar en Dios no es lo mismo que retrasarse por rebeldía

Mira al pueblo de Israel. Dios le dio una promesa: la tierra prometida. Era un camino de once días, y aun extendiéndose podría haber tomado unos treinta. Pero estuvieron cuarenta años en el desierto. La historia de Dios no cambió; fue el pueblo el que retrasó su promesa, y se retrasó toda una generación. Dios tuvo que esperar a la siguiente generación para ver cumplida la historia que había escrito.

No es lo mismo esperar en Dios en el capítulo difícil que retrasarnos por rebelión y falta de obediencia. El pueblo murmuraba en sus tiendas. Faraón no podía detener la historia: cuando el autor dice que una historia va, es porque va. ¿Hay un faraón? Dios lo vence. ¿Hay un mar delante? Dios lo abre. Pero abrir tu mente cuando no rindes tu voluntad, eso es una decisión tuya. No es lo mismo esperar porque Dios está obrando en un proceso y en nuestro carácter que retrasarnos por nuestra propia rebelión y falta de humildad. El que puede retrasar muchísimo tiempo la historia que Dios tiene para tu vida eres tú.

Por eso vale la pena meditar en el capítulo difícil que estás atravesando, porque el capítulo difícil también es parte de la historia, y a veces uno de los más importantes.

Un verdadero regalo

Santiago 1:2 invita, en una versión contemporánea, a considerar un verdadero regalo cuando por todas partes nos lleguen pruebas y desafíos, porque sabemos que bajo presión nuestra vida de fe se ve obligada a salir a la luz y a mostrar sus verdaderos colores. Si Dios dice que es un verdadero regalo, es porque realmente lo es.

Versículo clave

«La prueba de vuestra fe produce paciencia.»

Santiago 1:3

Piensa en quien levanta pesas. Llega un momento en que la presión sobre el músculo es tanta que parece que ya no se soporta: los tejidos se rompen, pero luego se regeneran y el músculo se vuelve más fuerte. La presión no es tan mala como creemos. Lo que parece que nos quiebra, Dios lo usa para desarrollarnos. La presión revela la capacidad que tenemos. Los que resisten la presión desarrollan carácter y desarrollan fuerzas, porque tiene que haber una fuerza contraria para que haya un rompimiento y pasemos a otro nivel.

Piensa también en las contracciones de una madre al dar a luz: es mucha presión y mucha fuerza trabajando para producir vida. Así es en los capítulos difíciles: Dios nos está dando la oportunidad de dar a luz el carácter de Cristo en nuestra vida. La presión rompe nuestra comodidad. Cuando estamos presionados somos desacomodados, y nuestra fe va a un nuevo nivel.

A veces nuestra fe está en blanco y negro: todavía no ha mostrado sus verdaderos colores. Los muestra cuando, en los procesos y en los capítulos difíciles, nos aferramos a Dios y le permitimos mostrarnos lo que quiere cambiar y transformar en nuestra vida.

Dios nos ama a pesar de cómo somos

Se suele decir que Dios te quiere tal como eres. Teológica y bíblicamente no es así: Dios nos ama a pesar de cómo somos, y eso es muy diferente. No nos está diciendo: «Sigue destrozando tu vida, que igual te amo». Nos dice: «Te amo a pesar de lo que eres, pero no quiero eso para tu vida. Quiero que sigas madurando y que cada vez te parezcas más a Jesús. Ya te puse el estándar, y en mí es posible».

Si no, empezaríamos a decir: «Dios nos ama a todos; sigamos destruyendo nuestras vidas y no vivamos como Cristo nos enseña». No. Dios nos ama en su gran misericordia a pesar de todo, pero no podemos conformarnos ahí, porque Jesús dio su vida, y no se trata solo del sacrificio que él hizo, sino de lo que yo voy a hacer con el sacrificio que él hizo en la cruz del Calvario. Queremos que el carácter de Cristo sea formado en nuestra vida.

Una fe que se sostiene en la tormenta

Muchas veces decimos que queremos crecer en fe, que queremos una fe grande. Pero lo que la Biblia nos muestra no es solo el tamaño de la fe, sino cuánto dura: la fe se mide por qué tan sostenible es en el capítulo difícil. Cuando Pedro vio a Jesús caminar sobre el agua, le pidió ir hacia él y empezó a caminar sobre el agua. Pero al ver la tormenta comenzó a hundirse. Jesús fue de inmediato, le tomó la mano, lo sacó y le habló de no dudar.

Nos quería dejar una enseñanza. Cuando decimos de alguien que es un gran hombre de fe, en realidad solo Dios lo sabe, porque la fe se prueba en los momentos más difíciles, cuando lo que vivimos es totalmente contrario a la historia que esperábamos. Creíamos que venía otro capítulo de celebración, y es un capítulo que Dios usa para llevar nuestra fe a un nuevo nivel. La fe no estaba en los pies de Pedro: estaba en las manos de Jesús. No se mide en los buenos momentos, sino en el capítulo más difícil de tu vida, cuando sigues sostenido porque sabes que Dios está contigo.

El pasaje de Santiago continúa con una clave: no intentes librarte de las dificultades antes de tiempo. Nuestra primera reacción humana es querer librarnos ya: «Quiero salir de este problema. ¿A quién llamo? ¿Qué hago?». Pero hay un tiempo en que, por más que te esfuerces, no puedes hacer nada. Hay que dejar que el tiempo cumpla su propósito, para que lleguemos a ser maduros y bien formados, sin deficiencias en ningún sentido. Dios nos invita a que nuestro carácter sea desarrollado y a crecer en Cristo Jesús.

El carácter sostiene el propósito

El carácter sostiene el propósito, no el carisma. El carisma puede venir con los dones, y te lo dio Dios, pero no es lo que te sostiene. Lo que te sostiene es el carácter que permitimos que Dios forme en nuestra vida en el capítulo difícil. Si creces más en carisma que en carácter, el golpe será grande. Es como las dos casas, una construida sobre la roca y otra sobre la arena: las dos se ven bonitas, pero solo una está construida por dentro.

Los dones y talentos te abren puertas, pero solo el carácter te mantiene dentro de ellas. Por eso muchas veces la puerta se cierra muy rápido: tu don la abrió y tu carácter la cerró. Imagina que te contratan como dibujante porque eres el mejor, pero eres maleducado, no saludas, no respetas a nadie y no te sujetas a los horarios. El don te abrió la puerta, pero solo el carácter te puede sostener adentro: un carácter de honor, el carácter de Cristo formado en ti. No necesitas poner alabanzas en tu escritorio para que reconozcan que Cristo vive en ti; tus acciones de cada día son adoración.

El proceso que hoy duele puede ser la herramienta que Dios use para desarrollar tu carácter, para escribir tu historia y para que tu testimonio inspire a otros, porque solo Dios ha podido hacerlo. Dios no deja historias a medias: las termina. Al pueblo de Israel, que quería murmurar, no creer y rebelarse, Dios le permitió quedarse cuarenta años en el desierto, porque él es eterno. Si una generación decide morir en el desierto aferrada a su rebeldía antes de doblar sus rodillas, Dios termina la historia con la siguiente: con los hijos, con los nietos. Él es un Dios de misericordia y la extiende; otra cosa es que la tomemos y dejemos que él escriba nuestra historia. Su historia no se quedó a medias: el pueblo llegó, y aunque ha sido atacado por todos lados, Dios siempre se ha manifestado como su Dios.

Oportunidades que llegan con adversidad

No renuncies en el capítulo difícil, porque Dios no ha renunciado contigo. Tu historia se sigue escribiendo. Oramos por oportunidades, pero no nos gustan las adversidades. Decimos: «Señor, dame esta oportunidad», pero cuando llega la adversidad soltamos la oportunidad. Se van a abrir nuevas oportunidades, y va a haber adversidad. No renuncies por la adversidad: eso va a formar tu carácter para la oportunidad que Dios está abriendo delante de ti.

Antes de que alguien vea tu historia, Dios la está escribiendo en lo secreto. Con David fue así: no importaba lo que dijera Saúl. Un historiador de este mundo habría escrito sobre el gran rey Saúl, pero Saúl venía en picada en su carácter, y Dios ya había escrito una historia diferente. Dios veía a un joven con unas ovejas, veía su corazón y sabía que esa historia sería distinta, porque no hay palabra ni orgullo de hombre que pueda detener lo que Dios ha dicho que va a hacer.

Muchos hemos pedido oportunidades y, al ver la adversidad, nos hemos frustrado tanto que las hemos dejado ir, porque no teníamos el carácter para aprovechar las puertas que Dios abría. Entramos, nos desanimamos y abandonamos el capítulo difícil. No lo abandones. ¿Crees que nada está pasando? Dios está escribiendo en lo secreto.

El dueño del barco y la mayoría

Hechos 27 narra que se había perdido mucho tiempo y que la navegación ya era peligrosa porque se acercaba el invierno. Pablo advirtió que, si se hacían a la mar, sería un desastre para la carga, para el barco y para sus vidas. Pero el centurión le hizo más caso al capitán y al dueño de la embarcación que a Pablo. Es difícil hacer caso cuando nos creemos dueños de todo. El dueño de tu historia es Dios; no quieras ser tú el dueño. Uno sabe cuándo Dios le está hablando y aun así sigue en su necedad porque se cree el dueño. Nunca te autogobiernes: tienes un Dios, tienes un Padre, y tienes que consultar su Palabra. El capitán representaba los dones y los talentos; Pablo no era capitán, pero era un hombre de Dios.

Como el puerto era incómodo para pasar el invierno, la mayoría acordó zarpar. ¿Por qué sigues a la mayoría? Tenemos que seguir a Dios. Que no te guíe la mayoría ni lo que está de moda, porque solo hay algo que nunca pasará de moda: su evangelio. Lo que hoy es moda, mañana es viejo; el evangelio está vivo generación tras generación. ¿Quieres algo moderno, algo fresco? El evangelio.

El lugar era incómodo, y en el capítulo difícil hay lugares incómodos. No tomes decisiones porque estás incómodo; tómalas en la voluntad de Dios. Es preferible un lugar incómodo con la voluntad de Dios que un lugar cómodo sin Dios. Ellos huyeron del lugar incómodo hacia el lugar que los destruía. En el lugar incómodo Dios acomoda muchas cosas. ¿Estás incómodo? Aprovecha para madurar y para buscar a Dios, que va a acomodar tantas cosas como nunca imaginaste.

Cuando comenzó a soplar un viento suave del sur, creyeron que podían conseguir lo que querían, así que levaron anclas. Pero ¿quién te dio permiso de hacer las cosas como tú quieres? ¿Que eres talentoso? ¿Que tienes dinero? Dios sigue siendo Dios. Él es dueño de todo el oro y de toda la plata, y un día, cuando ya no estés en esta tierra, estarás con él, el dueño de todo, incluida tu vida eterna.

Soltar lo que creíamos que nos impulsaba

La tempestad seguía golpeando con fuerza, y comenzaron a arrojar la carga por la borda. Al tercer día, con sus propias manos, arrojaron al mar los aparejos del barco: el conjunto de palos y velas que permite que el barco avance. Con esas mismas manos con las que quizá construiste todo lo que hoy ves, tienes que decir: «Lo que creí que me impulsaba ya no puede impulsarme». Y levantar esas mismas manos para reconocer que Dios sí puede impulsarte, porque su historia es perfecta y nunca falla.

En el capítulo difícil aprendemos a rendir lo que creíamos que nos impulsaba. Descubres que, aunque seas experto en hacer aparejos y en manejar las velas según el viento, fue Dios quien te dio eso también, y que siempre ha sido él quien te ha impulsado y te ha dado aliento de vida. Los aparejos siempre necesitaron el viento que Dios creó para moverse. Aun cuando estábamos lejos de Dios y creíamos que todo dependía de nuestros dones y talentos, siempre fue Dios quien nos dio la vida, un nuevo día y las fuerzas.

Pasaron muchos días sin que aparecieran el sol ni las estrellas, la tempestad seguía, y perdieron toda esperanza de salvarse. Llevaban mucho tiempo sin comer. Eso es lo que hace el tiempo cuando estamos aferrados a nuestros propios planes: va consumiendo nuestra fe, porque sentimos que el trayecto ha sido muy largo y no vemos ninguna salida. Pero no pongas tu esperanza en los aparejos. Pongámosla en Dios, que es más grande que cualquier dificultad. No hay tormenta que pueda detenerlo.

Se perderá el barco, pero no ustedes

Entonces Pablo se levantó y les dijo que habría sido mejor que le hubieran hecho caso y no salir de Creta, y así no habrían sufrido ese daño. Pero añadió: «No se pongan tristes, porque ninguno de ustedes va a morir; solo se perderá el barco». No hay autor como nuestro Señor. La vida de fe es emocionante, como una montaña rusa: hay bajadas y subidas, pero aferrados a Dios se convierte en algo glorioso, en experiencias nunca antes vividas que después no cambiarías por nada. Volverías a tirar esos aparejos, porque ese fue el día en que te aferraste al Dios que nunca te soltó y lo conociste como no lo habías conocido.

Hay cosas que nos toca perder en el capítulo difícil. El barco se iba a perder, pero ellos no. Si no permites que tu corazón se pierda, vas a llegar a Roma: vas a llegar a donde Dios ha dicho.

Pablo les contó que esa noche se le había aparecido un ángel del Dios de quien era y a quien servía. Qué importante es la identidad en el capítulo difícil: «Pertenezco a Dios». No pertenezco a este barco ni a la tormenta; pertenezco al Dios que calma las tormentas y que lo supera todo. Esa pertenencia es la paternidad de Dios formando nuestro carácter. Por eso Pablo podía decir que ni la muerte, ni la vida, ni lo presente, ni lo por venir, ni ninguna otra cosa creada podría separarlo del amor de Dios. Eso es carácter.

No controlamos los eventos, pero sí nuestras decisiones. Las malas decisiones no las tomó Pablo: las tomaron el dueño de la embarcación y la mayoría, y Pablo estaba sufriendo las consecuencias. Pero aun las malas decisiones de otros que han afectado tu vida, Dios las usa para honrarte y bendecirte. El ángel le dijo: «Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César», y que Dios le había concedido la vida de todos los que navegaban con él. Gracias a Pablo, todos se iban a salvar.

Versículo clave

«Tened buen ánimo; porque yo confío en Dios.»

Hechos 27:25

Las decisiones privadas abren los cielos en público. Allí se estaba revelando la relación que Pablo tenía con Dios. Gracias a ti, tu familia y tus padres pueden acercarse a Cristo; gracias a ti, tu generación será diferente. No renuncies en el día malo. Había ángeles. Hay momentos en que sientes que todo se está rompiendo, pero en realidad Dios está escribiendo. Es como si le dijera a Pablo: «No estoy ausente; estoy escribiendo la historia, y aquí te tengo una sorpresa».

Si el propósito de Pablo hubiera terminado allí, Dios también podría haberlo llevado consigo, y no habría tenido nada de malo: se habría cumplido el propósito, porque es Dios. Pero la historia no terminaba, porque Pablo tenía que ir a Roma. No se hace lo que dice el dueño del barco, sino lo que dice el dueño de tu vida y del universo. Y Pablo iba preso. Cuánto escribió estando preso: preso de manos, pero libre en su corazón. Desde la cárcel escribía palabras de ánimo: «No se preocupen, sigan adelante». No renunciaba en el capítulo difícil porque ya había sido entrenado.

Cuando sientas que te estás rompiendo, no renuncies en el capítulo difícil: tú te estás rompiendo, pero Dios está escribiendo. Aunque queden pedazos, Dios los usa para llevarte a tu propósito.

Mordido, pero no envenenado

Una vez a salvo, supieron que la isla se llamaba Malta. ¿Cuántas veces nos hemos sentido desubicados en la vida, preguntándonos cómo es posible estar viviendo algo así, en un lugar que no imaginábamos? Los habitantes de la isla los trataron con extraordinaria bondad: encendieron una fogata porque llovía y hacía frío. Pablo recogió un montón de leña y, al echarla al fuego, una víbora huyó del calor y se le prendió en la mano.

Al verla colgando de su mano, los isleños comentaron que sin duda era un asesino, y que aunque se había salvado del mar, la justicia no lo dejaría vivir. Habían sido muy amables y de pronto lo llamaban asesino. En el capítulo difícil, no renuncies: hay gente que te deja, pero Dios no te deja; hay gente que cambia, pero Dios no cambia. Dios permanece fiel.

Pablo sacudió la víbora en el fuego y no sufrió ningún daño. La gente esperaba que se hinchara o cayera muerto, pero después de mucho rato, viendo que no le pasaba nada, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios. En el capítulo difícil también tienes que cuidarte de la adulación. No solo destruye la mordida de la víbora: la adulación es igual de venenosa, y con ella comienza la idolatría. Solo hay un Dios verdadero. El carácter sirve en ambas direcciones: que el ego y el orgullo no te lleven a renunciar, porque es Dios quien te ha mantenido en pie y ha sido su gracia.

Lo peligroso no era la mordida, sino el veneno. El problema no es la ofensa que te hacen: esa es la mordida. El problema es cuando, día tras día, el veneno de esa ofensa consume tu ser. ¿Alguien te traicionó? Perdona y sana tu corazón. Puedes decir: «Me mordiste, pero no estoy envenenado. Decido perdonarte y sanar mi corazón». Mi proceso no me está destruyendo: me está escribiendo.

Quizá te muerde la escasez. Procésala, como Pablo, que aprendió a vivir en abundancia y en escasez porque fue enseñado por Dios. Aprende de Dios, no de la escasez ni de la abundancia. Si te envenena la escasez, terminas resentido y te cae mal todo el que tiene lo que tú no tienes. Si te muerde la abundancia y te envenena, te crees más que otros y pones tu valor en lo que Dios te dio, olvidando al Dios que te lo dio todo. Es imposible que no te muerdan, pero es posible que no te envenenes. Es imposible que no te ofendan, pero es posible no vivir ofendido ni como víctima. ¿Te estafaron? No digo que no hagas nada legalmente, pero guarda tu corazón. Tu corazón no depende de lo que te debían, sino del Dios que te da la vida y que restituye en sus historias. Es solo un capítulo difícil, y viene un capítulo mejor.

La mano mordida se volvió una mano que sana

En aquella isla, Publio, el hombre principal, los recibió y los hospedó amablemente durante tres días. Su padre estaba en cama, enfermo de fiebre y disentería. Pablo entró a verlo, oró, le impuso las manos y lo sanó. El problema de Publio fue la oportunidad de Pablo. Queremos oportunidades, pero no adversidades; y qué adversidad la que atravesó Pablo. Van a venir oportunidades, y va a haber adversidad. Pero uno de los capítulos más valiosos de tu vida será el capítulo difícil, porque ahí Dios reafirmó tu identidad como hijo suyo y que tu Padre es el Dios todopoderoso.

Después, los demás enfermos de la isla venían y eran sanados. Lo que el enemigo usa para querer matarnos, Dios puede usarlo para desarrollarnos y liberarnos. La mano que fue mordida era la mano que Dios usaba para sanar a los enfermos. Comenzaba un nuevo capítulo en la vida de Pablo, y de allí surgió una iglesia, porque la historia que Dios tiene para tu vida tiene que ver contigo y con alguien más. Si Dios te abre una oportunidad y te da recursos y solo los usas para ti, no has entendido su propósito. No se trata de cuánto dinero tienes, sino de lo que haces con lo que tienes. Dios usará tu vida para bendecir la de otros: donde más atacado eres es donde Dios más te usa.

Un capítulo no es el final

Hay capítulos que parecen finales y son transicionales. No sé en qué capítulo estás hoy, pero si es este, ten paciencia y aférrate a Dios: es transicional, y Dios sigue en control de tu historia. No confundas un capítulo con el final. Un fracaso no es el final. Una caída no es el final. Una temporada difícil no es el final. Nuestro autor no abandona la historia. Un capítulo difícil no significa una historia destruida, y si hay historias destruidas, nuestro Padre es experto en restaurarlas y en hacer nuevas las cosas. El enemigo no puede desviar tu historia; solo tú puedes desviarla.

Puedes decirle a Dios: «Perdóname, porque he dejado pasar días, meses y años, y no ha sido una espera en tu voluntad, sino mi rebeldía, mi falta de obediencia y mi deseo de hacer las cosas a mi manera. He querido ser el dueño de este barco. No quiero ser como el pueblo que tenía un camino de once días y pasó cuarenta años. Perdóname porque en el capítulo difícil he renunciado sin imaginar que era mi preparación, que se estaba formando en mí el carácter de Cristo. Perdóname porque me he movido por impulsos, por el lugar incómodo, y he terminado destruyendo muchas cosas. Prefiero el lugar incómodo en tu voluntad que el lugar cómodo fuera de ella». Y también: «Señor, no pienso renunciar en el capítulo difícil. Es más, pienso adorarte en el capítulo difícil».

Nadie ha tenido más presión que Jesús. En Getsemaní, que significa prensa, recibió la presión que ningún otro ser humano ha recibido, y cargó nuestras maldiciones. No renunció en el día difícil de la historia; fue valiente, y esa presión trajo la vida eterna para nosotros. Si quieres responderle, puedes orar: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te confieso como mi Señor y mi Salvador».

Referencias bíblicas