Romper límites no depende de tu fuerza personal, sino de una fe activa. «Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta». Una cosa es conocer la fe con el intelecto, y otra dejar que impulse tus acciones. El Espíritu Santo activa esa fe en tu interior. Si lo que crees no te mueve, ¿qué esperas ver?
Versículo clave
«Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.»
Santiago 2:26
Pedir y provocar
No se trata de dejar de pedir: Jesús dijo «Pedid, y se os dará». Pero hay momentos en que, además de hablar y pedir, te toca actuar. Provocar es incitar, mover. Una fe que provoca te lleva a dar pasos, no solo a formular peticiones.
¿Quién le habló a la mujer del flujo de sangre? La fe que llevaba dentro. Esa fe la movió a meterse entre la multitud y tocar el borde del manto de Jesús. No solo creyó: su confianza se expresó en una acción. Quizá a ti te toca iniciar un negocio, firmar un contrato, perdonar a alguien y seguir adelante.
Josué no pidió ser el sucesor de Moisés: lo provocó, esperando fielmente al pie del monte mientras Moisés estaba con Dios. Elías no pidió fuego: provocó a Dios al reparar el altar. Rut no pidió casarse con el hombre más rico e importante de Belén: provocó a Dios al dejar su casa y su parentela, recoger espigas y enfrentar algo nuevo.
Gedeón no pidió que Dios se le manifestara: lo provocó mientras sacudía el trigo en el lagar. Ester, a la mesa con Amán, provocó al rey hasta que le ofreció la mitad de su reino. Rebeca fue servicial al dar de beber a los camellos, y su acción provocó la respuesta de Dios. En todos ellos, la fe se expresó en acciones.
Salomón no pidió que Dios se le apareciera y le preguntara qué quería: lo provocó con mil holocaustos. Al dar, no le dices a Dios qué hacer, pero sí lo provocas. «Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador». La ofrenda es una acción de fe.
Cuatro amigos llevaron a un paralítico, abrieron el techo y lo bajaron hasta Jesús. No los ves gritando ni pidiendo: los ves actuando. Y Jesús, en el Jordán, no pidió que los cielos se abrieran ni que el Espíritu Santo descendiera sobre él: lo provocó con su obediencia. ¿Estás dispuesto a provocar?
Fe activa en medio de la presión
La fe activa es lo opuesto a la queja y a la pasividad. A Pablo y Silas los azotaron y los echaron en la cárcel; el carcelero los metió en el calabozo de más adentro y les aseguró los pies en el cepo. No estaban allí por hacer algo indebido, sino por predicar el evangelio. Y a medianoche, orando, cantaban himnos a Dios, y los presos los oían.
La queja también provoca, pero en sentido contrario. Los israelitas en el desierto se quejaron por la falta de agua y por el maná, y llegaron las serpientes ardientes. Todos nos hemos quejado muchas veces, pero no cierres con la queja las puertas a los milagros.
Activar la fe es ejercer presión para que la duda no entre. Cuando te dicen que vas a enfermarte o que todo saldrá mal, responde: «Yo no creo eso; lo reprendo». Pon tu fe en movimiento y saca de tu pensamiento lo que es contrario a lo que Dios dijo en su Palabra.
Quizá un médico te anuncia lo peor sobre alguien que amas, pero Dios ya te habló y te dijo que estaría bien. Activa tu fe y empuja toda duda. Aférrate a lo que Dios dijo.
Cuando activas la fe, se activa el gozo, y ejerces presión para que no lleguen el desánimo ni la depresión. La depresión es falta de presión: es dejar de empujar y levantar la bandera de «me doy por vencido». Vivimos en un mundo que te presiona desde afuera; levántate en fe y haz presión contra lo que no viene de Dios.
El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Ejerce presión frente a la tristeza y la amargura. Después de una semana de malas noticias, puedes despertar con un gozo que no se explica por nada externo: es el gozo del Señor, que no depende de lo que ocurre afuera, sino de su presencia y de la fe que empuja lo contrario.
La llave de la cárcel no estaba en manos del carcelero, sino en las de Pablo y Silas: en su fe puesta en movimiento y en creer lo que Dios había dicho. Una mentalidad eterna te ayuda a afrontar problemas temporales. Si permaneces conectado con Dios, sabrás que lo que vives es transitorio y que Dios está contigo.
«Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron». Pablo y Silas no pidieron que se abrieran las puertas ni que se soltaran las cadenas: lo provocaron. Sé parte de una iglesia que provoca a Dios. Las puertas de tu cárcel se abrirán y las cadenas se romperán en el nombre de Jesús.
Versículo clave
«Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.»
Hechos 16:26
Perseverar ante el silencio
Una mujer cananea clamaba: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio». Pero Jesús no le respondió palabra. Ella empezó pidiendo, y su fe fue creciendo. Era griega, sirofenicia; no pertenecía al pueblo de Israel, y por así decirlo no tenía derecho.
Cuando recibes un «no», ¿te retiras o continúas? La fe humilde no toma el silencio ni el rechazo aparente como la última palabra: sigue creyendo en el milagro. El primer obstáculo es el silencio: hay momentos en que no recibes respuesta ni ves una solución. Que lo de adentro, tu fe, suene más fuerte que lo de afuera.
Un maestro explica todo el contenido de la prueba y luego se sienta en silencio a ver si sus estudiantes aprendieron. Así es a veces el silencio de Dios: una prueba de si crees lo que él ya dijo. Cuidado con la amargura: la amargura produce su propia prisión. Cuando la respuesta no llega pronto, es fácil amargarse; sé libre de ella.
Para algunos, el silencio significa que Dios no los ama o que los rechaza. Para aquella mujer, el silencio no era un no. Mientras esperas, ¿has visto las señales que Dios te da? Elías envió a su criado a mirar hacia el mar, y después de siete veces el criado dijo: «Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre». Para el criado era una nube pequeña; para Elías, era el anuncio de una gran lluvia. Está atento a las señales que te animan a seguir creyendo.
Puedes pasar años buscando algo que Dios te prometió, recorriendo todos los caminos sin encontrar nada. Y una mañana aparece algo que antes no estaba. En lugar de lamentarte, entiende la señal y di: «Señor, he entendido; si tú dijiste que este es el tiempo, te voy a creer».
Después del diluvio, la paloma volvió a Noé con una hoja de olivo en el pico. Alguien podría preguntar por qué solo una hoja. Pero esa hoja era señal de que había árboles y de que las aguas estaban bajando. Los momentos de alivio son señales que te animan a seguir creyendo y provocando con tu fe.
Los discípulos le pidieron a Jesús: «Despídela, pues da voces tras nosotros». Él respondió: «No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: «¡Señor, socórreme!». Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos». Y ella dijo: «Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Ella no despreció la migaja: vio en ella la señal de un banquete.
Es perseverancia humilde y confianza en quién es Jesús. Si hay una migaja, hay algo más arriba preparado para ti. No dejes que lo temporal destruya lo que Dios ha declarado. ¿Cómo ves a Dios? Es proveedor y sanador, autor de tu plan de vida, la estrella resplandeciente de la mañana, el León de la tribu de Judá, el Príncipe de paz y la luz del mundo. Conocer a Dios te ayuda a no dudar en la tormenta y a confiar en su bondad, su misericordia, su fidelidad y su provisión.
Escuchar la música del futuro y dar pasos
La esperanza es la capacidad de escuchar la música del futuro; la fe es el valor de bailarla hoy. Aunque ese momento todavía no haya llegado, baila: ten fe, recibe lo que Dios dijo y provoca a Dios.
La mujer cananea empezó pidiendo y terminó provocando. No te quedes solo en pedir: muévete, avanza paso a paso. Si tienes asuntos pendientes, no esperes sin actuar. Si quieres emprender un negocio, pregúntate qué conocimiento te hace falta y prepárate. Si eres soltero y quieres casarte, prepárate y trabaja para ser mejor, de modo que estés listo cuando llegue el momento.
La fe que provoca da pasos porque confía en que Dios cumple sus promesas y no miente. Deja la pasividad y ejerce presión contra el temor, el desánimo, la amargura y la depresión. Dios ya te dio herramientas y estrategias, y llevas dentro al Espíritu Santo. Declara que estás listo no solo para pedir, sino para provocar.
Del conocimiento al movimiento
Hay quienes viven con un intelecto lleno de quejas y excusas, y quienes se mueven. Jesús dijo: «Levántate, toma tu lecho, y anda». ¿Te quedarás en el conocimiento, o pondrás la Palabra por obra?
Que tu fe interior se active como la de la mujer del flujo de sangre, que se encienda y se exprese en acciones. Recibe las señales que Dios te da. Que caiga el duelo y te conectes con lo eterno y con la Palabra. En la medida en que conozcas quién es Dios, podrás provocarlo, porque sabrás quién es. Conocerás a Dios de manera sobrenatural en áreas que no imaginabas: tu salud, tus finanzas, tu matrimonio, tus hijos.
Ábrele tu corazón a Jesús. Pide perdón por haber vivido lejos de Dios, dile que quieres conocerlo, y pídele que entre y gobierne tu vida. Provoca a Dios: se abrirán puertas de cárceles, caerán cadenas y habrá banquete servido de parte de Dios para tu vida.
Referencias bíblicas
- Santiago 2:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 16:23-26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 15:21-28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Malaquías 3:10-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 9:20-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 3:2-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 16:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


