Las redes sociales pueden ser una herramienta de comunicación, sobre todo cuando reunirse, verse y conversar se vuelve difícil. Te permiten aprender y conocer a personas a las que quizá nunca tratarías en persona.
Pero muchos tienen con las redes una relación ambivalente: a veces les encantan y a veces las detestan. Allí se pone en juego quién eres: puedes perderte y transmitir algo que no corresponde a tu personalidad. Las redes pueden ser positivas, pero también pueden llevarte a enfocarte en los «likes» y en los seguidores. Y lo que ves puede parecer perfecto y real, aunque no lo sea.
Ve personas, no solo números
A muchos jóvenes les pasa: se fijan en cuántos seguidores tienen y terminan asociando esa cifra con cuánto valen. Piensas que tus doscientos seguidores no son nada frente a los mil de otra persona. Dejas de mirar a las personas y empiezas a mirar el número.
¿Cómo crecer en las redes? Sé constante, sé auténtico, y cuida y aprecia a quienes ya están ahí. Sé tú mismo: no necesitas copiar a nadie, porque esos papeles ya están ocupados.
Si piensas que doscientos seguidores no son nada, imagina invitarlos a todos a un café. ¡Son demasiados! Y aun veinte personas sentadas contigo a tomar un café serían un grupo considerable, como todo tu grupo de amigos del colegio. Cuando dejas de ver solo el número y consideras a cada persona, cambia tu manera de valorar a quienes ya están.
Cien personas con quienes conversar no son «nada». Aprecia a quienes ya tienes, porque cada uno cuenta. Tu valor no se mide en cien, doscientos o mil seguidores; mira a las personas que forman tu audiencia.
Publica con intención y autenticidad
Sé tú mismo. Una publicación puede traer vida, consejo o alegría a alguien. No publiques por publicar: piensa en lo que quieres comunicar. Puedes disfrutar de la fotografía, de la edición y de cuidar la estética de tus publicaciones; pero junto con lo bueno también aparece la comparación.
Muchos jóvenes terminan desanimados y queriendo cambiar algo de su vida después de pasar tiempo en las redes. Pídele a Dios: «Señor, no quiero que quien vea mis publicaciones caiga en la comparación y la negatividad».
Acompaña tus fotos con un mensaje que transmita algo positivo. Quien vea tu publicación quizá piense primero que la foto es bonita, pero luego leerá lo que escribiste, y su atención pasará de la comparación a lo que comunicas.
No necesitas aparentar una perfección que no es real. Si en un video te equivocas, puedes reírte, seguir y publicarlo igual. Muchos te escribirán para decirte que quisieran atreverse a ser así. Nadie es perfecto.
Precisamente porque no eres perfecto importa que muestres quién eres. Y la fama no es mala en sí misma, si sabes usarla para bendecir a las personas y no pierdes de vista para qué la tienes. Mira a Jesús.
La fama de Jesús y el propósito de comunicar
«Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo».
Versículo clave
«Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.»
Mateo 4:23
«Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó». La fama de Jesús sirvió para bendecir: muchos lo conocían y querían llegar hasta él.
Versículo clave
«Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó.»
Mateo 4:24
Imagina a Jesús con redes sociales hoy. Si tienes una audiencia, úsala para bendecir. Publica que será un buen día, anima a quien está triste a levantarse porque Dios está con él. Una publicación tuya puede ayudar a alguien a tener un día mejor.
No necesitas cierta cantidad de seguidores ni ser famoso para transmitir algo bueno. Quizá te preguntes cómo atreverte a compartir cosas vulnerables y exponerte. Esa exposición muestra algo real, auténtico y humano. Pruébalo: es algo que solo se descubre experimentándolo.
Este es el reto: comparte algo que pueda beneficiar a otra persona. Piensa en alguien que quizá está pasando por un momento difícil. Cuenta: «Yo pasé por esto, y Dios me ayudó», o «tuve un amigo que me ayudó», y ofrece un consejo que le sirva para salir adelante. Anima a otros a hacer lo mismo. Te sorprenderás cuando alguien te escriba: «Necesitaba escuchar esto».
Dios puede usarte por medio de las redes para ayudar a muchas personas, incluso a amigos que nunca imaginaste. Cuando recibas mensajes así, crecerá tu valor y disminuirán el miedo y la vergüenza de compartir algo personal.
Pon límites a tu tiempo en las redes. Si después de usar la aplicación te sientes peor que cuando la abriste, algo tiene que cambiar. Deja de seguir cuentas que te llevan a la comparación o a pensamientos que no agradan a Dios, y sigue a quienes te edifican. No empieces ni termines tu día con la pantalla: empiézalo y termínalo con Dios.
Lo que publicas también es un testimonio. Antes de compartir algo, pregúntate: ¿esto honra a Dios?, ¿edifica a quien lo lea?, ¿lo publicaría si Jesús estuviera mirando mi pantalla? «Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes». Eso también se aplica a lo que escribes.
Tu identidad no depende de la aprobación
¿Cuánto vale lo que publicas? ¿Cuántos te siguen? Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?». Nosotros vivimos preguntando a nuestros amigos si les gusta lo que publicamos. No pongas tu identidad en lo que otros digan.
Jesús sabía que era el Hijo de Dios, el escogido, sin importar lo que la gente dijera de él. Y tú, no importa cuántos seguidores tengas, eres hijo de Dios y eres importante para él. Tienes algo que compartir: aprovecha lo único y especial que Dios puso en ti para transmitirlo.
Tu valor fue establecido antes de que tuvieras tu primera cuenta: Dios te formó, te conoce por nombre y te amó primero. Ningún número en una pantalla puede añadir ni quitar nada a eso.
Que Dios traiga paz a tu vida. Si estás esperando que Jesús haga algo en tu corazón, ora: «Señor Jesús, entra en mi vida y en mi corazón. Te recibo como mi único Señor y Salvador». Dios está contigo en este tiempo.


