EN Oración
Serie Rompiendo límites

Rompiendo el límite del miedo

El miedo puede aparecer después de una experiencia dolorosa, pero no tiene que quedarse ni gobernar tus decisiones. Confía en Dios y da pasos de fe, sin esconder lo que él ya conoce.

Predicador
Josué Pascual
Publicada
Duración
37 min

Cuando el miedo se queda

¿Qué límites aprendimos o levantamos a partir de lo que nos ha sucedido? ¿Hemos impedido, por temor, que Dios nos haga avanzar? Sentir miedo no es lo mismo que dejar que el miedo se quede y domine la vida.

Imagina a un adolescente que, al volver con su familia de una salida un sábado, se entera de que han entrado a robar en su casa, el lugar que consideraban seguro, y se han llevado muchas cosas, incluso sus juguetes.

Ese miedo puede quedarse durante años: revisar cada noche todas las puertas con un llavero grande, cerrar con llave los cuartos, esperar pendiente de la ventana a que regrese cada miembro de la familia, no tanto por preocupación por ellos, sino por temor a que se repita el robo. Una experiencia así quita la confianza y la seguridad, y puede dejar a alguien estancado en el miedo durante mucho tiempo.

Sentir miedo no es malo en sí mismo. El problema aparece cuando el miedo se queda a vivir en nosotros, nos controla, nos domina o termina definiéndonos. El encuentro con Dios es el comienzo de un cambio en esos temores. Acércate a Dios con lo que estás viviendo.

El miedo, la vergüenza y lo que Dios ya conoce

El miedo aparece por primera vez en Génesis 3:9-11: después de comer del fruto, Adán responde que oyó la voz de Dios, tuvo miedo porque estaba desnudo y se escondió. Dios le pregunta quién le dijo que estaba desnudo y si había comido del árbol que le había mandado no comer.

En el diseño original de Dios había confianza; tras la desobediencia aparecen el miedo y el escondite. El miedo no tiene por qué ser una condición inmutable de la persona.

La pregunta de Dios a Adán muestra que Dios conoce lo que pasa en el corazón. Las personas no pueden ver el corazón ajeno, pero Dios sí lo conoce. No te avergüences ni escondas de Dios los temores o pensamientos que él ya conoce: Dios permanece contigo y te ofrece una oportunidad. No se trata de fingir que no hay miedo, sino de abrir el corazón ante Dios.

Eclesiastés 3:15 dice: «Aquello que fue ya es, y lo que ha de ser ya fue; y Dios restaura lo que pasó». Dios conoce de antemano lo que estamos viviendo y el final de la historia. Podemos estar bien con él, aunque a veces lo que ocurre no nos guste y no entendamos de inmediato cómo será bueno para nosotros.

Quien no pudo ver un partido de fútbol y lo ve después en diferido se emociona cada vez que la pelota se acerca a la portería; pero el amigo que ya lo vio no se emociona igual, porque sabe que no pasará nada. Así como ese amigo conoce el desenlace del partido, Dios ya conoce aquello que nos preocupa. Suelta la preocupación y confía en él.

Muchos hemos temido el momento en que nuestros padres recogían las notas del colegio: me van a matar, pensábamos, aunque al final no ocurría lo que imaginábamos. El miedo puede convencernos de que una decisión o una dificultad significa que todo terminó; nos hace ver un tope y nos paraliza, como a Adán escondido.

No esconder lo que Dios nos ha dado

Una persona detenida en un retén de tránsito puede quedarse paralizada de nervios. Lo mismo pasa en situaciones cotidianas: no manejar por nervios después de un choque, o no presentar un currículum porque antes las cosas salieron mal. El miedo puede esconder a las personas, aunque Dios ya conoce lo que están pasando.

Versículo clave

«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.»

Isaías 41:10

Saúl estaba destinado a derrotar a Goliat y tenía capacidades de guerrero, pero no lo hizo; David, en cambio, se paró delante del gigante y confió en Dios: ¿quién era aquel filisteo para desafiar al ejército de Dios? Su confianza no descansaba únicamente en el arma o en sus capacidades, sino en Dios. La preparación y las capacidades importan; el problema es que el miedo impida verlas o utilizarlas.

En la parábola de los talentos de Mateo 25, un señor entrega cinco, dos y un talento a distintas personas, y quien tuvo miedo escondió el talento en la tierra. Así pueden quedar ocultos los dones y capacidades por temor a haber fallado o a que algo vuelva a salir mal. Todos hemos fallado a Dios, pero Dios sigue dando oportunidades.

¿Te ha dado vergüenza alzar las manos en la adoración? Cuando un hijo está enfermo, además de las «pastillas secretas» de papá, esa situación es una oportunidad para que Dios acompañe y para ver un milagro. No escondas lo que Dios te ha dado y reconócelo como quien acompaña, guarda y da vida.

Dios está con nosotros en el temor

En Mateo 14:26, los discípulos estaban en una barca durante una tempestad. Al ver a Jesús andando sobre el mar, se turbaron, dijeron que era un fantasma y gritaron de miedo. Jesús les habló y les dijo que tuvieran ánimo y que no temieran. Aquello que tomaron por un fantasma era Jesús, que los sorprendió en medio de la dificultad. Estar cerca de Jesús no significa que nunca se sentirá miedo, y la tempestad no implica necesariamente que Dios haya abandonado a alguien.

La Biblia no dice que Pedro no tuviera miedo: los discípulos gritaban de miedo, pero uno de ellos decidió salir de la barca y dar el paso. No todo le toca a Dios; a nosotros también nos corresponde tomar decisiones. No basta con esperar que el miedo desaparezca por sí solo: a veces hay que actuar. Si temes manejar, saca la licencia o toma clases: haz algo concreto frente a aquello que temes.

Los años en la fe no impiden sentir miedo. ¿Cuántos retos has dejado pasar por temor? Quizá descartaste oportunidades de trabajo por pensar que no eras capaz. Saúl tenía capacidades para enfrentar a Goliat y no lo hizo: ponte al frente y deja tus miedos atrás. Si viviste algo doloroso, respeta lo difícil que fue, pero no permitas que el miedo habite para siempre en tu vida. Una experiencia puede ser un trauma muy fuerte; si necesitas ayuda, búscala. Y si dices que no puedes perdonar por lo que te hicieron, no tengas miedo: suéltalo.

Dar el paso es parte de la fe.

Versículo clave

«Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.»

Mateo 14:29

El miedo no tiene que quedarse.

Dar un paso, incluso con dudas

Y la fe se alimenta cada día.

Lo que Dios tiene para la iglesia será bueno, agradable y perfecto, pero hace falta dar un paso. En Mateo 14, Pedro responde: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas», y Jesús le dice: «Ven». Pedro descendió de la barca y anduvo sobre las aguas. Después se hundió, pero Jesús le dio la mano. Aunque creas y dudes, Jesús estará para darte una mano.

Respeta lo vivido, pero no dejes que el miedo gobierne.

Mantente conectado con Dios.

Oración, respuesta y llamado final

Si hay algo que te ha tenido paralizado y que deseas dejar, este es el momento. No vuelvas a casa llevando el miedo como si tuviera que gobernar tu vida. Suelta tus miedos y reconoce a Dios como tu Señor.

Isaías 41:10 declara que Dios está con su pueblo, que lo esfuerza, ayuda y sustenta. Que esa palabra alcance las casas, los sueños y las familias, y que las personas sean libres de sus miedos y avancen. Habla con Dios.

Tener miedo puede ocurrir, pero no hay que quedarse con él. No vuelvas a casa, con tus amistades o tu familia, para regresar a la misma situación sin dar a Dios espacio. Porque Dios está con cada familia, la ayudará: no te sientas solo ni desmayes. Que haya fortaleza y valentía como las de David. Pueden faltar muchas cosas, pero, si Dios está contigo, podrás soportarlas y salir adelante.

Pedro se hundió y Jesús lo rescató. Ora: «Señor Jesús, yo te doy gracias por la oportunidad que me das de encontrarme contigo. Te pido perdón porque te he fallado. Perdona mis pecados, mis ofensas, pero hoy yo te reconozco como mi Señor y mi Salvador. En el nombre de Jesús». Bienvenido a este lugar seguro, de la mano de Jesús.

Necesitas fe para que el miedo no vuelva a visitarte y mantenerte aferrado, y la fe viene del oír la palabra. No te desconectes de Dios: sigue orando, congregándote, conectándote y buscando discipulado. Gracias por lo que Dios hizo y por lo que seguirá haciendo; que esta semana sucedan milagros.

Referencias bíblicas