EN Oración
Serie Sorpresa

Tiempo de respuesta: cómo Dios nos sorprende cuando obedecemos y adoramos

Dios es un Dios de sorpresas, y cuando responde trae tres cosas: provisión sobrenatural para quien obedece su instrucción aun en medio del desgaste, su propia manifestación para quien lo mira a él y lo adora, y nuevos testimonios que convierten el lugar de la batalla en valle de bendición.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
36 min

Dios es un Dios de sorpresas. Sorprendió a Elías con fuego del cielo. Sorprendió a Israel abriendo el mar. Sorprendió a una viuda con provisión sobrenatural. Sorprendió a Aarón cuando su vara seca reverdeció de la noche a la mañana. Sorprendió a los discípulos multiplicando panes y peces, a Marta y María resucitando a Lázaro, a diez leprosos que fueron sanados en el camino, y a Pedro en una cárcel sin salida.

Cuando la iglesia ora, la respuesta viene en camino. Dios responde según su carácter y según su propósito, y responde en todo tiempo. Quizá llevas mucho tiempo esperando una respuesta. Prepárate: es tiempo de respuestas. Y las respuestas de Dios traen tres cosas.

1. Provisión sobrenatural

«Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía».

Versículo clave

«Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.»

Lucas 5:4

Pedro estaba cansado, frustrado, lavando redes vacías junto con sus compañeros. Quizá tú también has estado lavando redes vacías: «Señor, todavía no veo la respuesta; todavía no veo el milagro». Pero Dios ha visto tu corazón, ha escuchado tu clamor, conoce tu constancia y tu perseverancia.

En medio del desgaste, cuando sientes que ya no tienes fuerzas, Jesús da una instrucción. La antesala de la respuesta es la instrucción. Jesús no esperó el momento ideal: no era hora de pescar. Rompió con toda lógica y con todo patrón. Dios puede hacer lo que no le encuentras lógica, porque así opera él.

«En tu palabra echaré la red». Eso es obediencia inmediata. A pesar del cansancio, del desgaste y de lo ilógico, Pedro obedeció. Quizá llegaste cansado, frustrado, sintiendo que ya no hay nada que hacer. Dios te da una instrucción; lo único que necesitas es obedecer y caminar en ella. Cuando obedeces su voz, se rompen los ciclos de frustración.

¿Qué instrucción te ha dado Dios que aún no has cumplido? A veces queremos ver las sorpresas de Dios, pero nos cuesta obedecer. Hay mucha gente que tiene fe, pero no obedece: cree con todo el corazón, y cuando Dios le dice algo, titubea. Dile: «Señor, sé que tienes una pesca preparada, pero a mí me toca bogar mar adentro, echar las redes, oír tu voz y obedecer».

Donde hay vacío, Dios da una instrucción. Ten abiertos los oídos espirituales: «Señor, mis redes están vacías, mi barca está vacía; ¿qué quieres que haga?». Las redes se rompían y las barcas se hundían: un milagro desproporcionado al esfuerzo. No limites a Dios. Cuando él responde, sobrepasa tus expectativas: no responde en pequeño, sino en grande.

2. La manifestación de Dios

Cuando Dios te sorprende, es él mismo quien se manifiesta. Haber pasado un desierto largo, un problema o una adversidad no significa que te quedarás ahí. El enemigo quiere que dejes de maravillarte de Dios, que te quedes mirando lo que te pasó, lo que te hicieron, lo que dijeron de ti. Pero Dios tiene más para darte, y quiere maravillarte una y otra vez.

Dios no lo delega: se manifestó él mismo a Gedeón, a Josué, a Abraham, a Moisés en la zarza y a Elías en la cueva. Eso muestra cuán valioso eres para él. Hay quienes están metidos en una cueva porque el temor y la aflicción los inundan. Dios no entra a sacarte a la fuerza: te espera afuera y te dice: «Me voy a manifestar en tu vida; mi sorpresa es mi presencia, mi amor, mi cuidado y mi poder».

Elías estaba desubicado y paralizado por el temor, pero Dios no había terminado con él. «¿Qué haces aquí, Elías?». No dijo «allí», sino «aquí», porque Dios estaba con él. Sentirte perdido no significa que lo estés. Fuiste comprado por precio de sangre, y Dios se manifestará las veces que haga falta.

El rey Josafat fue sorprendido por un gran ejército enemigo. El enemigo puede sorprenderte con malas noticias y malas circunstancias, pero las sorpresas de Dios son mayores y mejores. Josafat oró: «Oh Dios nuestro, ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos».

Josafat fue completamente honesto con Dios. Cuando no sepas qué hacer, no hagas nada: espera la dirección de Dios. La fe no siempre tiene respuestas, pero sí tiene dirección. «A ti volvemos nuestros ojos». Esto me sobrepasa, pero te veo a ti. No puedo con esta enfermedad, pero te veo a ti. No puedo con este problema en mi matrimonio o en mis finanzas, pero te veo a ti.

Entonces el Espíritu vino sobre Jahaziel, y dijo: «Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios».

Versículo clave

«y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.»

2 Crónicas 20:15

«No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros». Los encontrarían frente al desierto de Jeruel, nombre que se relaciona con el lugar donde Dios se manifiesta. En medio de la prueba, de la incertidumbre, de la sequedad y de la crisis, Dios se manifiesta. Deja de batallar con tus fuerzas y de querer cambiar las circunstancias: Dios pelea por tu vida, tu matrimonio, tus hijos y tus generaciones. Si él pelea por ti, la victoria está asegurada.

Josafat puso cantores delante del ejército, que alababan diciendo: «Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre». «Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir las emboscadas de ellos mismos». La adoración es la plataforma para que Dios se manifieste. Cuando adoras, le dices: «Esto excede mis fuerzas, pero te adoro». Y esa adoración invita a Dios a pelear tus batallas. Adora en todo momento.

3. Nuevos testimonios

Dios no solo hizo milagros en el pasado; los sigue haciendo hoy. No te quedes con un testimonio viejo. Y cuando Dios te dé un testimonio nuevo, cuéntalo: tu testimonio es una palabra de esperanza para alguien más. Cuando alguien escucha lo que Dios hizo, dice: «Dios lo hará también conmigo».

Cuando Judá llegó a la torre del desierto, solo vieron cuerpos tendidos en tierra: ninguno había escapado. Josafat y su pueblo fueron a despojarlos, y hallaron muchas riquezas, vestidos y alhajas preciosas, tantas que no las podían llevar. Tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho. Y al cuarto día se juntaron en el valle de Beraca, que quiere decir bendición, y allí bendijeron a Jehová.

El lugar de tu batalla puede convertirse en el lugar de tu bendición. Donde batallaste, verás la bendición; donde esperabas pérdidas, habrá ganancia. Es como si Dios le diera un revés al enemigo: «¿Querías destruirlo aquí? Aquí mismo lo voy a bendecir». Cuando Dios responde, no hay enemigo que quede en pie.

Si tienes las redes vacías, o te escondiste en una cueva como Elías por lo que te pasó, y dejaste de creer, de confiar y de oír la voz de Dios, sal de ese lugar. Si estás frustrado y cansado como Pedro, y tu fe fue herida porque lo que esperabas no sucedió, Dios quita hoy ese mal sabor y esa frustración. Él está contigo. Él puede llenar tus redes. No necesita tu lógica ni tu entendimiento, pero sí tu obediencia.

Ora: «Señor, hoy te abro mi vida y mi corazón. Sé mi Salvador personal; gobierna y dirige mi vida. Gracias por dar tu vida en la cruz y por darme vida eterna. Te obedezco, te miro a ti y te adoro». En el nombre de Jesús, amén.

Referencias bíblicas