EN Oración
Serie Saltos de fe

Un salto más de fe: avanzar cuando lo inesperado se desborda

La fe no es sentir, sino creer y dar un salto más. Los religiosos sabían mucho pero no creyeron; muchos considerados pecadores sí. Josué tuvo que ser esforzado y muy valiente frente a lo inesperado, y los sacerdotes llevaron el arca al frente, justo cuando el Jordán se desbordaba. Cuando sus pies tocaron el agua, el río se detuvo. Da un salto más: Dios va delante.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
51 min

Jesús les dijo a los religiosos que lo cuestionaban: «Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle». Tenían conocimiento, pero no una actitud de fe. Los recaudadores de impuestos y las prostitutas, mal vistos por todos, creyeron el mensaje del arrepentimiento y los adelantaron en el reino. Se puede saber mucho y no creer nada.

Quizá ellos no conocían mucho las Escrituras, pero miraron a Jesús y dijeron: «Te creo». La fe no tiene que ver con sentir, sino con creer y dar un salto más. A veces tu actitud no coincide con lo que dices creer: si no lo ves, te cuesta creerlo. Pero la Biblia dice que, aunque no veas, debes creer. Si hoy llegaste a buscar a Dios después de una semana difícil, en la que pensaste que ya no podías más, ya diste un salto de fe.

A veces llegas a la presencia de Dios sin fe, vacío, cansado. No te avergüences: aun los líderes tienen días así y necesitan que otros oren por ellos. Ese es el lugar donde la gracia de Dios te encuentra. Él te dice: «Hoy llegaste sin fe; tranquilo, aquí está mi gracia. Yo soy el que inicia tu fe, y la voy a perfeccionar». Donde tú ves adversidad y problemas, el cielo ya ve una solución.

Esfuérzate y sé muy valiente

«Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente». La Biblia está llena de hombres y mujeres que quizá un día no tenían ganas ni de levantarse, pero dieron un salto de fe y vieron el poder de Dios. Josué sabía cuánto le había costado a Moisés guiar a ese pueblo; había visto cómo querían reemplazarlo por un líder que les dijera lo que querían oír. Rodéate de quienes te dicen lo que debes oír, no solo lo que quieres oír.

Versículo clave

«Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.»

Josué 1:6

Josué pudo haber pensado: «No puedo ni conmigo mismo, ¿y ahora debo abrir camino a todo un pueblo?». Moisés había muerto y Dios mismo lo había sepultado, sin que nadie supiera dónde, para que no lo convirtieran en ídolo. Puede haber grandes hombres de Dios, pero un solo Dios. Dios siempre te desafía a un nivel mayor que tus limitaciones. Aunque hoy llegues vacío, él es el autor de tu fe y la perfecciona.

Dios no espera perfección, sino progreso. Quizá ayer estabas en un lugar y hoy diste un salto más: bien hecho. Muchas veces vives como si tú fueras el soberano y Dios tu colaborador: «Dame esto, dame aquello». Pero Dios es el soberano y tú su colaborador. Quizá no tienes fuerzas para diez saltos; da uno más, con una actitud de fe, y Dios acortará la distancia que te falta.

Los sacerdotes al frente

«Y aconteció cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto». Los que llevaban la presencia de Dios iban al frente. Dios quiere una iglesia que vaya adelante: no solo los pastores, sino todo su pueblo, contra el cual las puertas del Hades no prevalecerán. Y era el momento en que el Jordán estaba más crecido: no importaba la estatura de nadie, cualquiera se habría ahogado. Pero llevaban la presencia de Dios. Hoy tú tienes al Sumo Sacerdote, Cristo, no sobre los hombros, sino dentro de ti.

Quizá esta semana viviste algo inesperado que te superó y te dejó sin control. Lo inesperado es más grande que tú, pero no más grande que Dios. Cuando vives cosas que nunca habías vivido, puedes conocer una faceta de Dios que no conocías, y eso nadie te lo quita. En los procesos inesperados, o te llenas de lo que te vence o de lo que te hace más que vencedor. No creas lo que ves; cree lo que Dios te ha dicho. Quizá antes te guiaba tu empresa o tu estabilidad; ahora Dios te dice: «Te guío yo». Si amaneciste hoy, es porque todavía tienes propósito.

Cuando el río se desborda

«Porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega». ¿Por qué Dios eligió el tiempo de la cosecha, justo cuando todo se desborda? Porque sus planes son perfectos, aunque su forma no coincida con la que esperabas. Que no sea como tú lo imaginabas no significa que no sea Dios. Por eso le repitió a Josué: «Esfuérzate y sé muy valiente». Dios pone a su iglesia al frente porque él va delante de ella. No importa la temporada, sino la voz que te guía.

Versículo clave

«Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón.»

Josué 3:13

«Cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes fueron mojados a la orilla del agua… las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos». Ellos no se quedaron orando en el campamento: llegaron a la orilla. La oración te fortalece para tener una actitud de fe y dar el paso. Y fíjate que la palabra ya les había sido dada: «Cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas se dividirán». La palabra se vuelve más poderosa a medida que te acercas a ella.

Imagina a los sacerdotes caminando hacia el río crecido, pensando: «Ya casi llegamos; está demasiado alto; nos vamos a ahogar». Tenían tu misma humanidad. Pero llevaban todo lo que necesitaban: la presencia de Dios. Muchas veces crees que necesitas mil cosas, que otros te avalen o te den mejores noticias, cuando ya llevas lo mejor de todo: al Dios Todopoderoso en tu vida. Si te dijeran que la persona a tu lado es un familiar millonario que te dejará una herencia, lo celebrarías; cuánto más saber que Cristo vive en ti.

Cada paso que das hacia la orilla demuestra fe. No te detengas a mitad del camino: tienes que llegar. En cada salto le dices a Dios que tu actitud de fe es más fuerte que lo que ves.

No es sentir, es creer

La palabra de Dios despierta emociones, y en la Biblia ves hombres y mujeres que las expresaron; pero cuando las emociones los dirigieron, no los llevaron a buen lugar. Un matrimonio de muchos años no se sostiene por cómo se siente cada esposo ese día: si guardas una ofensa, Dios te dirá «perdona», y su palabra siempre da la mejor dirección. Si te sientes fatigado o con dolor, busca la presencia del Sumo Sacerdote: él no fabrica tu dolor, pero te acompaña en él y te vuelve a levantar.

Quizá estás a muchos pasos de la orilla. Da un salto más, y otro, y otro, hasta poner los pies en el agua. Puedes decir: «Yo no tengo posibilidades, pero el Dios que me dio la palabra tiene todas». Esfuérzate y sé valiente: acércate a la palabra, da un salto más, y verás a Dios detener el río.

Referencias bíblicas