«Una nueva puerta, una nueva historia». Abre tu corazón para recibir lo que el Espíritu Santo quiere decirte y ponerlo en práctica. A veces no reconocemos una puerta nueva porque la situación, la agonía o el momento difícil no se parecen a la historia que habríamos elegido. Quisiéramos dirigirla y editar lo que no nos agrada, pero esas partes pueden ser más necesarias de lo que imaginamos. Ábrete a lo que Dios quiera hacer en ti y en la iglesia.
Reconocer el milagro en medio de la historia
Lo primero: eres un milagro. Mientras esperamos que algo cambie alrededor, puede pasar inadvertido lo que Dios está haciendo dentro de nuestra vida. Job 33:4 dice: «El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida». No es fácil pronunciar esas palabras en un tiempo doloroso; en circunstancias así, podemos preguntar cómo es posible estar viviendo todo aquello y sentir que no es justo.
Versículo clave
«El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida.»
Job 33:4
El relato de Job incluye pérdidas y sufrimiento, y su frase no niega esa realidad: su reconocimiento de Dios como Todopoderoso podía sostenerse aun en medio de ella. Job pudo estar molesto y, a ojos de muchos, quizá todavía no había recuperado lo perdido ni recibido el milagro esperado. Pero a sus propios ojos él mismo era un milagro, y sabía que Dios se había inspirado para hacerlo.
Buscar razones para cada circunstancia puede ser delicado, y muchas veces ni siquiera conocemos la razón de lo que vivimos. Otros podían mirar el historial de Job; Job tenía claro quién era Dios. No negaba el poder de la realidad dolorosa, pero sabía que Dios seguía siendo Todopoderoso. La confianza en Dios no depende de que la situación ya se haya resuelto.
Esto toca la identidad. Un médico pregunta por el historial familiar y genético, y tiene motivos para hacerlo: si los padres son bajos, se espera que el hijo también lo sea. Pero Dios es Todopoderoso y puede obrar de manera distinta.
No permitas que lo vivido —el pasado o la situación presente— te defina. El dolor prolongado puede convertirse en identidad: amargura, frustración o enojo. La pérdida de Job no tenía por qué ser su identidad. Reconoce el soplo de vida de Dios y no te concentres tanto en el historial que te llenes de razones para no recibir lo que Dios puede hacer.
Quizá ya renunciaste a algo: pensar que no habrá otra oportunidad de tener hijos, seguir en una enfermedad, haber perdido dinero, tener hijos apartados de Dios o haber renunciado a sueños. Dios no ha terminado: viene una nueva puerta de restitución, bendición y oportunidad respecto de aquello que se había abandonado. Hay una frase que dice: «En el cielo no hay pánico, solo planes». Los planes de Dios pueden ser distintos de los que imaginamos.
Permite que el soplo del Espíritu haga su obra. Si lo que vives es lo que te moldea, puedes frustrarte, enojarte, amargarte o deformarte; si es el Espíritu, Dios seguirá formándote, cualquiera que sea la situación. De ese proceso saldrás en victoria y más bendecido de lo que jamás imaginaste.
La elección es tuya: el soplo de lo vivido o el soplo del Espíritu.
El sufrimiento no tiene que convertirse en identidad: sigue abierto a una nueva historia.
Usar lo más precioso: la fe
El segundo principio es «usa lo más precioso que tienes». Daniel 3:12-13 recuerda la acusación contra los varones judíos puestos sobre los negocios de la provincia de Babilonia: no honraban los dioses del rey ni adoraban la estatua de oro. Si estaban a cargo de esos negocios, es porque todo prosperaba bajo su responsabilidad. En tu trabajo, ¿estás sobre lo que administras, o aquello que te fue dado para administrar termina dominándote?
Cuando Israel salió de Egipto, los egipcios les entregaron oro. Los israelitas habían trabajado durante años como esclavos, y ese oro representaba una justicia que no habían recibido antes, porque Dios es justo. Dios les indicó ir a celebrar una fiesta en el desierto: no importa tanto el lugar como el Dios que está con ellos, y aun en el desierto podían celebrar porque Dios estaba allí.
Ese oro terminó en un becerro: Moisés baja y encuentra que el pueblo lo ha hecho. La idolatría no depende únicamente de tener o no tener recursos; aparece cuando se convierte en objeto de adoración algo que Dios puso en nuestras manos: la casa, el carro, el negocio, el dinero, las relaciones. Elí no corrigió a sus hijos, otro ejemplo de convertir algo en ídolo. Revisa tu corazón y sigue adorando a Dios, en lugar de levantar ídolos con los bienes, las relaciones o las circunstancias.
La escasez también puede convertirse en un estilo de vida. Alguien puede haber pasado necesidad y, aun cuando después tenga recursos, seguir actuando desde una mentalidad de carencia, como sufrir por pagar una buena comida cuando podría hacerlo responsablemente. La escasez puede «morder», y el resentimiento o la envidia pueden envenenar el corazón. En el otro extremo, la abundancia económica puede convertirse en un ídolo, una prueba engañosa precisamente porque quizá no se siente como prueba. Tener una casa en el puerto no es malo en sí mismo; lo preocupante sería que algo así aparte del propósito de Dios.
Con poco o con mucho, el corazón puede levantar ídolos.
Daniel 3 continúa con la decisión de los varones de no adorar la estatua. Eran pocos, y Dios puede hacer historia por medio de pocos que ordenan sus prioridades. Confiaban en que Dios podía librarlos, pero estaban dispuestos a no adorar la estatua aunque no los librara. A veces quisiéramos editar la historia para evitar el horno, pero Dios no la edita así. No te dejes impresionar por el oro: confía en el Dios que sostiene la vida, haya o no haya oro.
Los varones de Daniel 3 fueron atados y metidos en el horno. Imagina que alguien pide que no los metan en el fuego, y que Dios responde que no los librará de entrar, sino que usará el fuego para liberarlos de aquello que los tenía atados. Usa lo más precioso que tienes —la fe en el Dios que has decidido honrar— y confía en los principios de Dios cualquiera que sea la situación.
Dios se enojó por el becerro de oro, que fue destruido, hecho polvo y dado a beber en agua, un agua amarga. Lo que una persona construye en su vida sin permitir que Dios la construya a ella puede resultarle amargo. Si estás edificando cosas importantes, deja que Dios te forme, para que esas obras no ocupen el lugar de quien te dio la vida y los talentos. Se pueden construir cosas que ni siquiera imaginaste, pero Dios debe seguir formándote.
En Daniel 3, el fuego no destruyó a los jóvenes: quemó lo que los ataba.
El tercer principio es que «tu historia está dentro de otra historia». Hechos 2:24 habla de Jesús, a quien Dios levantó y a quien la muerte no pudo retener. Jesús atravesó 42 generaciones para dar su vida por las personas. Esa historia se conecta con el encuentro de Jesús y la mujer samaritana.
Los jóvenes de Daniel 3 salieron del horno sin ataduras.
La historia de Jesús, de la que habla Hechos 2:24, es el marco de todas las demás.
Ojalá puedas contar la prueba y, a la vez, decir que la pasaste con Dios: que, aunque otros sepan lo sucedido, no quede rastro de amargura ni de aquello que deformaría tu identidad. Como los jóvenes del horno, que no salieron oliendo a humo.
La historia personal dentro de la historia de Jesús
La mujer samaritana es un ejemplo de una historia que cambia.
Versículo clave
«al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.»
Hechos 2:24
Jesús sabía que tenía que pasar por Samaria, mientras otros la evitaban; así ocurre con las cosas que a veces queremos esquivar, aunque haya que atravesarlas. Jesús le pide de beber a una mujer samaritana, y ella responde que judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Jesús le dice: «Si supieras quién te habla», y menciona el don de Dios.
Jesús no se adapta a las expectativas de los demás, sino que cumple las del Padre. La mujer pregunta cómo sacará agua, pero Jesús no necesita un recipiente: él es el pozo de agua viva. El pozo tenía 32 metros de profundidad; Jesús no tiene límites, y su amor y su misericordia no se terminan.
Jesús le dice a la mujer que llame a su marido. Ella responde que no tiene marido, y Jesús le dice que ha hablado bien, pues había tenido cinco y el que tenía entonces no era su marido. Esa respuesta —«no tengo»— es empezar a reconocer lo que ya no se quiere en la vida y que la está destruyendo; reconocerlo es camino a la libertad.
La mujer reconoce que Jesús es profeta. Se estaba abriendo una nueva puerta para su vida: esperaba agua, pero se encontró con Jesús. Es un encuentro con el Creador que interrumpe las expectativas y abre una historia nueva. Tú también puedes estar ante un encuentro con Dios.
Jesús es la puerta más grande, hermosa y preciosa. Tu historia está dentro de la historia de quien dio su vida en la cruz del Calvario, y tu vida tiene oportunidad por la historia de Jesús, escrita con sangre. Jesús fue levantado y venció a la muerte, y las generaciones y la familia están presentes en esa historia. La cruz y la resurrección son el fundamento de la esperanza y la salvación.
Pon tus prioridades en orden, desecha los ídolos y da a Dios el lugar que le pertenece. Pide perdón por los ídolos levantados y pon tu fe en el Dios que abre nuevas puertas y puede hacer una historia nueva. Sirve a Dios de diferentes maneras. Y ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».
Tres exhortaciones resumen el mensaje: recordar que la vida es un milagro aun cuando todavía se espera una respuesta; valorar la fe por encima del oro y no convertir en ídolo lo que se recibe o se pierde; y comprender la historia propia dentro de la historia de Jesús. Confía en Dios en medio de cada dificultad, permite que el Espíritu forme tu vida, reconoce lo que te destruye y acepta la puerta que Dios abre.
Referencias bíblicas
- Job 33:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Job 42:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 3:12-27 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 20:26-28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 4:7-26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 2:24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


