Cada nueva temporada te invita a mirar atrás con gratitud y hacia adelante con fe. Pero antes de recibir lo nuevo, cuida la palabra. En la parábola del sembrador, parte de la semilla «cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron». No permitas que nada te robe la palabra, porque si te roba la palabra, te roba el propósito.
De la limpieza a la ofensiva
Un tiempo difícil puede ser un tiempo de limpieza. Dios llega a lo profundo del corazón, saca a la luz heridas y temores, quebranta tu voluntad para que se haga la suya, y rompe patrones de pensamiento que cargabas desde hacía mucho. Eso trae libertad, y abre espacio para lo nuevo. «Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti». Primero levántate; luego resplandece.
Después de batallas largas queda el cansancio de vivir a la defensiva. Estar a la defensiva es mirar atrás, recordar lo que costó, y creer que lo próximo será igual o peor. Dios te lleva a la ofensiva, para tomar posesión de lo que determinó para ti y tus generaciones. Cuando Goliat se levantó para ir contra él, «David se dio prisa, y corrió a la línea de batalla contra el filisteo». No esperó a que el gigante llegara: corrió hacia la victoria que Dios ya le había dado.
Dios abrirá tu entendimiento
Dos discípulos iban camino a Emaús, tristes, y no reconocieron a Jesús, que caminaba con ellos como un forastero. Dios suele presentarse de maneras que no planeas. Moisés no esperaba encontrarlo en una zarza en el desierto; María no esperaba hallarlo como el hortelano junto al sepulcro. Prepárate para ver a Dios como nunca antes, en el camino, de una manera que no estaba en tu agenda.
Ellos le rogaron: «Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado». Cuando partió el pan, sus ojos fueron abiertos y lo reconocieron. Y sus planes cambiaron: «Levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén», a contar lo que habían visto. No te aferres a tus propios planes: el Espíritu Santo puede interrumpir tus planes para sorprenderte. Como al paralítico de Betesda, que esperaba el movimiento del agua y recibió el milagro de Jesús, la respuesta puede llegar por un camino distinto del que esperas.
«Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras». Con ese entendimiento, los desiertos y las pruebas cobran sentido; y al entender el propósito, caminas con libertad y con la autoridad que el Padre te da. Leerás la palabra y tu espíritu se encenderá.
Versículo clave
«Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras»
Lucas 24:45
Lo mismo pasa con la obediencia. «Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón». Muchas veces te cuesta obedecer porque no entiendes; cuando llega el entendimiento, obedecer es mucho más fácil. Pídele a Dios revelación.
Habita en Gosén: tiempo para crecer
Faraón le dijo a José: «La tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén». Gosén era tierra fértil, lo mejor de la tierra. Dios te saca de lugares estrechos y te pone en un lugar amplio para crecer: en tu relación con Dios, en la intimidad, la oración y la palabra; en tu liderazgo y tu discipulado; en tu trabajo y tu negocio.
«Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera». Una cosa es que Dios te permita estar en un lugar por un tiempo, y otra que te dé autoridad para tomar posesión. Moisés era levita; Josué, a quien le entregó el liderazgo, fue un conquistador. Y cuando vinieron las plagas sobre Egipto, Gosén no fue tocada. Quita de tu mente el paradigma de que lo que viene será difícil, y ábrete a lo nuevo que Dios tiene.
Involucra a Dios: el Señor es tu pastor
«Jehová es mi pastor; nada me faltará».
Versículo clave
«Jehová es mi pastor; nada me faltará.»
Salmos 23:1
Si Dios es de verdad tu pastor, involúcralo en todo: desde tus anhelos más profundos hasta tus temores más escondidos. Pregúntale antes de decidir: en la familia, el trabajo, un proyecto, una inversión, un contrato. Si no tienes un altar familiar, empieza ya: aun los niños pequeños tienen un alma eterna y entienden más de lo que creemos. Involucra a Dios en tus batallas y también en tus victorias.
«En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma». Él te da descanso en los momentos difíciles. «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo». En el valle no te aísles ni te alejes. Dile: «Señor, estoy pasando por este valle, pero tú estás conmigo».
Dios devuelve la dignidad y refresca lo seco
«Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores». El salmo comienza con un pastor y termina con un anfitrión. Muchos quieren que Dios les sirva la mesa, pero no se dejan pastorear. En un banquete, la manera de tratar a quien se sentaba a la mesa hablaba de honor. Todo lo que el enemigo quiso usar para avergonzarte, humillarte o hacerte sentir que no vales, Dios lo cambia: te devuelve la dignidad, y lo hace delante de tus angustiadores.
«Unges mi cabeza con aceite». El aceite traía alivio en tiempos de sequedad, como un refrigerio bajo el sol ardiente. Si has peleado y has permanecido de pie, aunque cansado, abatido o afligido, Dios te promete frescura y renovación de su Espíritu. «Mi copa está rebosando»: así honraba el anfitrión a su huésped de honor. Lo que a ti te parece abundante, para Dios es apenas el comienzo.
Vino nuevo para una iglesia que resplandece
Las crisis, los desiertos y los valles te dejaron sin vino: muchos perdieron el gozo, el ánimo y la alegría. Dios tiene vino nuevo, que refresca y trae abundancia. Después de siglos de silencio profético, la primera señal de Jesús fue convertir el agua en vino en una boda. Y el Señor viene por su novia: no por una iglesia amargada y abatida, sino expectante, que entiende los tiempos y camina por lo que cree, no por lo que ve.
Pero «nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres». Un odre viejo es una forma de pensar que no cambia, pase lo que pase. Cuando el Espíritu Santo te renueva y tu entendimiento llega a otro nivel, dejas atrás la tristeza, la apatía y la frustración. Levántate, recibe el vino nuevo, y resplandece.
Referencias bíblicas
- Mateo 13:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 17:48 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:29 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:45 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 119:34 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 47:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 47:27 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 23:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


