EN Oración
Serie Sorpresa

Sorpresa después del silencio: los muros de Jericó y la obediencia constante

Frente a los muros de Jericó, Dios ya había declarado la victoria. Pero pidió valentía para no dejar que el miedo dirija, obediencia aunque la estrategia no tenga lógica, constancia aunque no se vean cambios, adoración antes de ver la respuesta y silencio lleno de fe. Después del silencio, llega la sorpresa.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
50 min

Israel acababa de ver a Dios abrir el río Jordán, y ahora estaba frente a Jericó, su siguiente desafío. Así avanza Dios con nosotros: de gloria en gloria. A veces lo nuevo comienza con algo inesperado, adverso, totalmente distinto de lo que imaginabas: una llamada que lo cambia todo. Pero Dios está obrando para darte nuevas memorias de su fidelidad.

Sentir miedo no es ser temeroso

«Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas». No se trata de no sentir miedo, sino de reducir el espacio que el miedo quiere ocupar. «Poned la mira en las cosas de arriba». Ocupa tu mente con la palabra de Dios y déjale poco espacio al enemigo. La duda llegará, porque somos humanos; pero no permanezcas en ella.

Primero viene el miedo y luego el desánimo, sobre todo cuando algo cambia de repente. Por eso Dios le dijo a Josué que meditara en su palabra de día y de noche. Aparta tiempo, haz silencio y dile a Dios: «Habla a mi vida». Necesitas una palabra para tus inseguridades.

Dios le estaba cambiando el enfoque a Josué. El temor es lo que sientes; el enfoque es lo que te dirige. Para Dios hay una gran diferencia entre lo que sientes y lo que eres. A nosotros nos cuesta marcarla: creemos que lo que sentimos es lo que somos. Pero nada de lo que atravieses debe darte identidad. Sigues siendo un hijo amado de Dios. Puedes sentir temor sin ser temeroso, porque eres esforzado y valiente.

Enfócate en lo que Dios habló y haz lo que te dijo. La confianza no es un sentimiento, es una decisión. Si hablas mucho de fe y no haces nada, la fe se queda en sentimiento. Dios siempre desafió a su pueblo: «Mójense los pies; da pasos de fe». Un verdadero adorador no se acomoda en la presencia de Dios: la disfruta y acepta los desafíos que Dios le pone.

Puertas cerradas y muros por derribar

«Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía». Las puertas estaban cerradas por miedo al pueblo de Dios. Hay puertas que están cerradas precisamente por la gran asignación que tienes. No te deprimas: sé esforzado y valiente.

Todos tenemos muros: miedo, problemas familiares, desánimo, situaciones que no podemos cambiar por nosotros mismos. Algunos llevan mucho tiempo delante de ti. Pero Dios quiere sorprenderte y desafiarte. Pregúntate: ¿qué muro estoy enfrentando hoy?

«Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra». Lo que nosotros llamamos guerreros fuertes, Dios los llama vencidos, aun antes de la batalla. Lo que tú tienes que vencer es el temor que quiere dirigirte. La victoria no viene de la fuerza humana, sino de la rendición a Dios.

Versículo clave

«Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.»

Josué 6:2

Obedece aunque no tenga lógica

La instrucción fue rodear la ciudad una vez al día durante seis días. ¡Qué estrategia tan extraña! Dios no hace las cosas aburridas, pero tampoco te pide entenderlas. Si necesitas la lógica para obedecer, eso no es obediencia: es lógica. Obedecer a Dios a veces significa pasar días sintiendo que te vuelves loco, y aun así seguir. No es con espada ni con fuerza: es con obediencia.

Jesús «aprendió la obediencia por lo que padeció». El problema no es padecer, sino no aprender a obedecer. La obediencia es tan poderosa que, aunque en la tierra parezca que no pasa nada, en el cielo todo está sucediendo. Que algo no se haya manifestado no significa que Dios no lo haya hecho.

Un hijo consentido termina avergonzando a sus padres. Dios no te consiente: te ama, te forma y te sorprende. Ser formado por Dios es invaluable. Di: «Estoy obedeciendo aunque no entienda. Sigo obedeciendo aunque no vea cambios».

Constancia y presencia que transforma

Al séptimo día rodearon la ciudad siete veces, y cuando sonaron las trompetas y el pueblo gritó, los muros cayeron de inmediato. Cuando llega el momento de Dios, no hay pérdida de tiempo. Los que perdemos el tiempo somos nosotros, cuando caminamos en nuestra propia voluntad y queremos soluciones rápidas. Dios pide constancia.

A veces no hay solución inmediata porque Dios está formando constancia en ti. Si la respuesta no ha llegado conforme a tus preferencias, es porque Dios sigue haciendo su obra perfecta. No te desesperes: continúa. La carrera del reino es de constancia.

El arca iba en medio del pueblo. Lo que Dios habita, lo transforma. El arca estaba hecha de madera de acacia, que habla de nuestra humanidad, y cubierta de oro por dentro y por fuera. Dios no es un Dios de apariencias: quiere transformarte por dentro y por fuera, como el oro en el fuego. Cuando el arca estuvo en la casa de Obed-edom, Dios bendijo esa casa. La transformación empieza en tu hogar y alcanza la ciudad. No perfectos, sino transformados.

Marcha aunque no veas resultados. Marchar requiere un paso firme. Era un paso de fe y de confianza, sin titubeos. Que estés viendo algo diferente de lo que esperabas no quiere decir que Dios no está ahí. Es tiempo de marchar.

El shofar: adorar antes de ver

Los sacerdotes tocaban el shofar, el cuerno de carnero. No era una trompeta común: era un instrumento santo. Dios quería dejar claro que no sería por fuerza humana, ni por dones ni talentos, sino por su presencia. El shofar era un acto de fe y de obediencia que anunciaba que Dios estaba actuando, aunque todavía no se viera nada. Cada vez que adoras sin haber visto la respuesta, declaras lo mismo.

Hay quienes solo quieren la sensación de la gloria, sin marchar. Pero es tiempo de hacer discípulos, predicar la palabra y dar testimonio. Fuiste creado para adorar: el Padre busca adoradores que lo adoren en espíritu y en verdad. El shofar sonaba cada día, no como rutina, sino como recordatorio de que dependían de Dios. Sonó durante todo el proceso, que es cuando más necesitas oír su voz diciendo: «Estoy contigo».

Después del silencio, la sorpresa

«Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis». El silencio fue un acto de fe. No todo se resuelve hablando. Muchas veces hablamos para murmurar, quejarnos y criticar. Hay momentos para orar, meditar y examinar tu propia vida.

Versículo clave

«Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis.»

Josué 6:10

Mientras meditas en silencio, Dios obra y forma tu carácter. A veces callar requiere más valentía que hablar. Y cuando llegó el momento del grito, los muros cayeron al instante. Dios responde a la obediencia, no al volumen. Aquel grito fue un grito de fe.

La mayor sorpresa no fue que los muros cayeran, sino que Dios iba en medio de su pueblo. Su presencia precede a la victoria. No siempre quita el problema de inmediato, pero usa el proceso para fortalecerte. La batalla más difícil es la que se libra dentro de ti.

Gracia para el que cree

Rahab fue salvada con toda su casa, porque escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer Jericó. Hay gracia para quien cree, sin importar su pasado. Tu salvación no depende de tu historial, sino de la fe en Cristo Jesús. Todo puede derrumbarse, pero quien confía en Dios permanece.

Hoy es tiempo de que tu fe sea una decisión: marcha, adora, guarda silencio delante de Dios y espera su sorpresa. Y si nunca lo has hecho, confiesa a Jesús como tu Señor y Salvador: él es la gracia que te salva.

Referencias bíblicas