Dios es un Dios que cumple anhelos y deseos. Hay anhelos en tu corazón de los que quizá piensas que ya pasó su tiempo, pero Dios no ha terminado contigo. Y hay una buena noticia: Dios cumplirá el plan que tiene para tu vida.
Dios no está improvisando contigo
El Salmo 138:8 dice: «Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos». Una versión dice que el Señor llevará a cabo los planes que tiene para mi vida, porque su fiel amor permanece para siempre. Dondequiera que estés hoy, los planes de Dios siguen vigentes para ti. Quizá estás en un lugar de incertidumbre y piensas que ya ni siquiera vale la pena tener metas, porque las que tuviste no se cumplieron. Pero Dios tiene un plan específico para ti. Dios no está improvisando contigo.
Su plan incluye un amor inagotable que te acompaña de principio a fin. Dios se ha propuesto amarte como nadie te ha amado y marcar tu vida para que lo conozcas. Si en una temporada lo conociste, fue una buena temporada. Si terminas de pie, delante de Dios y en el lugar correcto, eso habla de lo bueno que es él.
Muchas veces nuestros planes no coinciden con los de Dios. Hacemos un balance como si fuéramos una empresa: esto se cumplió, esto también, esto no. Quizá en lugar de bajar de peso, subiste. No se cumplieron tus planes, pero los de Dios sí. Cada uno tiene sueños y anhelos, pero lo más importante es que se cumplan los planes de Dios en nuestra vida. Eso debería darnos seguridad: Dios está llevando a cabo lo que se propuso hacer en nosotros.
Planes buenos, pero incomprensibles
Los planes de Dios son grandes, buenos y maravillosos, pero muchas veces incomprensibles. Si Dios nos dijera que lo que atravesamos forma parte de su plan eterno, nos volveríamos locos: «No entiendo cómo esta injusticia o esta mala experiencia forma parte de tu plan; no entiendo cómo quedarme soltero me acerca más al matrimonio». Tu vida tiene un lugar en el plan de Dios, y no se le ha salido de las manos. Quizá hay cosas que no se cumplieron según tu plan, pero el plan de Dios sigue vigente, con un amor inagotable que te mantiene respirando y de pie.
Hay temporadas en que Dios prepara materia prima en nuestra vida, y su materia prima muchas veces no nos gusta: son vasijas vacías, es la nada, es un valle de huesos secos. Dios se toma el tiempo de trabajar distintas áreas de nuestra vida para tener lista la materia prima de lo que va a hacer. Si terminas una etapa con vasijas vacías, Dios está preparando la materia prima para llenarlas de aceite. Si por donde miras solo ves huesos secos, prepárate para ver a Dios irrumpir en el valle. Lo que en tus planes tiene el título de fracaso, en el plan de Dios tiene el título de materia prima. No todo está perdido.
Los planes eternos de Dios son buenos porque él nos ama. Nuestro amor es imperfecto: si alguien no correspondió nuestro regalo, decimos que la próxima vez no le daremos nada. Imagina que Dios fuera así con nosotros: «No respondiste, así que no te doy nada». Pero su amor es inagotable, y antes de que empieces una nueva etapa ya tiene algo maravilloso para ti, porque te ama y es fiel. Y el salmo termina diciendo: «No desampares la obra de tus manos». Si hoy estás de pie, es porque Dios no te abandonó. Te ha sostenido cada día, y tienes la promesa de que no te abandonará.
Rodeados de dificultades, pero en su plan
El versículo anterior, el Salmo 138:7, dice que aunque ande en medio de la angustia, Dios le vivificará; extenderá su mano contra la ira de sus enemigos, y su diestra lo salvará. Dios tiene planes de bien para nosotros, pero en medio de esos planes vamos a estar rodeados de distintas situaciones: circunstancias inesperadas, adversidades y problemas. Algunas nos gustarán y otras no, pero el plan sigue vigente. La protección de Dios no es la ausencia de problemas, sino ser cuidado en medio de ellos. Si estamos aquí, es porque Dios nos cuidó y nos guardó en lo que salió y en lo que no salió.
José fue un hombre rodeado de muchas cosas, pero Dios tenía un plan para su vida. Mirar las distintas escenas de su historia nos ayuda a ver que el plan de Dios sigue vigente en todas ellas.
José en el tiempo de bendición
Génesis 37:3 dice que Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez, y le hizo una túnica de diversos colores. José recibía amor y bendiciones, y Dios se manifestaba en su vida. Luego tuvo otro sueño y se lo contó a sus hermanos: el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él. Todo le salía bien, Dios le hablaba y tenía promesa.
Hay etapas así: todo lo que hacemos sale bien, hay buenas noticias en el trabajo y en la familia, y se abren las puertas que tocas y hasta las que no tocas. Es fácil decir en esos momentos: «Estoy en el plan de Dios». Si vives una etapa así, disfrútala, celébrala y atesórala como un tiempo dulce que Dios te permitió vivir, sin miedo a que la siguiente no sea igual. Quizá es la cosecha de muchos años de esfuerzo. La Palabra dice que los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Y si hoy estás sembrando con lágrimas, la Palabra se cumplirá también para ti. Eclesiastés 2:10 habla de gozarse del propio trabajo; las bendiciones se disfrutan.
También necesitamos un cambio de perspectiva: muchos de nuestros problemas existen porque fuimos bendecidos. Si se arruina tu carro, es porque tienes la bendición de tener carro. Quizá los problemas en tu matrimonio existen porque tuviste la bendición de gustarle a la persona que te gustaba, de hacer un pacto con Dios y tener un cordón de tres dobleces que no se rompe. Quizá tus hijos no están en su mejor etapa, pero tienes la bendición de tenerlos. Quizá terminas con el mismo jefe insoportable, pero tienes trabajo. Nuestros problemas hablan de las bendiciones que Dios ha puesto en nuestra vida. En los tiempos buenos, que no se nos olvide que fue Dios.
José en el pozo
Pero en la siguiente escena, José sigue en el plan de Dios, aunque no lo parezca. Génesis 37:23-24 dice que cuando llegó José, sus hermanos le quitaron la túnica de colores, lo tomaron y lo echaron en la cisterna, que estaba vacía, sin agua. Hay momentos de pozo, en los que no se ve salida por ningún lado y la única salida es hacia arriba. Si estás en un lugar donde parece que la única respuesta puede venir del cielo, de ahí vendrá, porque la mirada de Dios está sobre ti y su mano te puede sacar de cualquier pozo. En los pozos conocemos la mano que nos saca de donde nadie más puede.
Hay pozos de los que no podemos salir con nuestras fuerzas, pero sí con las de Dios. ¿Y si estás en el escenario perfecto para encontrarte con Dios y para que él irrumpa en lo que no has podido vencer? Antes de echarlo al pozo, le quitaron la túnica. Quizá el enemigo ha querido quitarte el manto metiéndote en un pozo, pero llevas el manto de las promesas impreso en tu corazón, sellado con el Espíritu Santo. Dios llegará a tiempo. El Salmo 103:4 dice que él es «el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias». No hay hoyo ni fosa que sea imposible para Dios.
José vendido como esclavo
Después, cuando pasaban los mercaderes madianitas, sus hermanos lo sacaron de la cisterna y lo vendieron por veinte piezas de plata a los ismaelitas, que lo llevaron a Egipto. Si miramos a José en esa etapa, parece que retrocede. Quizá sientes que has retrocedido, pero en el plan de Dios hay cosas que no logramos entender.
Esas veinte monedas hablan del precio que pagaron por José. Pero por tu vida se pagó un precio en la cruz del Calvario para que no termines esclavo. No importa qué cadenas quiera usar el enemigo: hay un precio de sangre que sigue vigente. Tal vez vivas algo que no te gusta, pero tu corazón no tiene que estar esclavo de las malas experiencias. Jesús pagó el precio para sacarnos de la esclavitud, y su sangre fue derramada por cada miembro de tu familia. Tú no vales por lo que llevas puesto ni por lo que te regalaron: vales por el precio de sangre que se pagó por ti. Llevas eternidad. Aunque sientas que no vales nada, vale la sangre de Jesús, y esa sangre te liberta de la tristeza y de la derrota.
El Salmo 105:17-18 dice que Dios envió un varón delante de ellos, a José, que fue vendido por siervo; afligieron sus pies con grillos y en cárcel fue puesta su persona. Imagina a José con grilletes y cadenas, pero yendo delante. Hay momentos en que parece que el enemigo venció, pero en el plan de Dios vas delante. Los grilletes no son la señal de la victoria del enemigo, sino la materia prima de Dios para llevarte adelante. Aunque no lo pareciera, José estaba más cerca de su propósito que el día en que tenía la túnica. Dios pudo más que lo que el enemigo y sus hermanos quisieron hacerle, y esa es la historia que tú también vas a contar.
José en un lugar que no escogió
Luego José pasó a hacer un trabajo que no había escogido. De ser el hijo favorito, como el hijo del dueño de la empresa, pasó a ser uno más. Hay etapas en que estamos haciendo algo que no nos gusta y que no elegimos, y aun así estamos en el plan de Dios. Génesis 39:2-3 dice que Jehová estaba con José, y fue varón próspero, y su amo vio que Jehová estaba con él y que todo lo que hacía Jehová lo hacía prosperar en su mano. Que Dios esté con nosotros no significa necesariamente que nos guste lo que hacemos, sino que todo va hacia adelante. Quizá sigues en el mismo local pequeño, pero en ese local todo puede empezar a ir hacia adelante, porque lo importante no es lo que tienes, sino quién está contigo.
Proverbios 22:29 dice que el hombre solícito en su trabajo estará delante de los reyes. Si estás en una etapa que no te gusta y que no escogiste, sé esforzado y diligente, porque es lo que Dios te confió hoy. Cuando te dan una responsabilidad que no querías, como llegar primero y salir de último, puedes pensar que te perjudicaron; pero Dios te confió algo y lo puso en tus manos. A veces pensamos que estamos de paso y que tenemos que salir ya. Sé diligente donde estás, porque eso abre la siguiente puerta. Si en un lugar que no nos gusta no somos diligentes, le estamos diciendo al cielo que no estamos listos para lo siguiente. Dios vio tu esfuerzo, aunque pareciera no recompensado. Trabajamos como para el Señor, y la cosecha vendrá del Señor.
Lo que impresiona de José es que nunca perdió su corazón: ni en el pozo, ni cuando fue vendido, ni en la casa de Potifar. Si no pierdes tu corazón, podrás experimentar los planes de Dios aunque lo que vives no tenga sentido por fuera. Le iba bien en todo, pero cuando la esposa de Potifar quiso estar con él, puso un alto, la rechazó y terminó en la cárcel. Allí interpretó los sueños del copero y del panadero: al copero le dijo que en tres días sería restituido, y al panadero que en tres días moriría. Y le pidió al copero que se acordara de él ante Faraón.
José en la espera
Génesis 40:20 relata que al tercer día era el cumpleaños de Faraón, que hizo banquete a todos sus siervos y llamó al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos. José había entrado a la cárcel antes que ellos; ellos salieron a los tres días, y él se quedó. Esa etapa se llamó espera, y la espera forma parte del plan de Dios. En los tiempos en que no pasa nada, pasa de todo.
Versículo clave
«Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó.»
Génesis 40:23
El jefe de los coperos no se acordó de José, sino que lo olvidó: no a medias, sino por completo. Quizá te sientes olvidado. Pero a Dios no se le olvidaron tus oraciones ni tus lágrimas. Ha visto cada uno de tus días, y no va tarde contigo.
Versículo clave
«Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño.»
Génesis 41:1
Pasaron dos años completos. Los otros salieron a los tres días, y José se quedó dos años. Imagina la batalla en su mente: los sueños terminan en muerte o en vida. Quizá estás en una etapa de transición y de madurez, en la que Dios te ha tenido en espera para cambiar tu mentalidad y hacerte determinado: el sueño que Dios te dio, aunque no se vea, va a terminar en vida. No sigas peleando la misma batalla mental que has perdido; entrégasela a Dios: «Por la fe dejo de escuchar lo que el enemigo me muestra una y otra vez. Aunque no lo he visto todavía, creo que lo que me dijiste terminará en victoria».
No estás olvidado: estás guardado. ¿Por qué Dios no sacó antes a José? Porque Faraón todavía no había tenido el sueño: no era el tiempo. Lo que no se dio, quizá no era el tiempo, pero el de Dios es perfecto. No te impacientes. El tiempo no pasa en vano ni los procesos son en vano. José salió en el momento perfecto.
José en el tiempo de la recompensa
Después vemos a José recibiendo la recompensa de su proceso. Faraón le dijo que lo ponía sobre toda la tierra de Egipto, se quitó el anillo de su mano y lo puso en la de José, lo vistió de ropas de lino finísimo y le puso un collar de oro. Cada etapa que has vivido te acerca a lo que Dios tiene para ti. Tu historia no termina en un foso. Dios ya tiene nuevas vestiduras y un nuevo lugar para ti. Nada de lo que has vivido ha sido en vano.
Hoy podemos hacer lo que hizo José: creer que Dios tenía algo más a pesar de lo vivido. Algunas historias son más duras que otras, pero que eso no amargue tu corazón. Génesis 50:20 dice: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien». Entrégale a Dios las conclusiones que ya sacaste, el título que le pusiste a esta etapa y las conversaciones que has tenido contigo mismo, porque su plan sigue vigente y lo que pareciera que no, él lo usará para bien. Puedes orar: «Señor Jesús, te reconozco como mi Señor y mi Salvador. Tú pagaste un precio por mí y te pertenezco. Gracias por tus planes maravillosos».


