El mejor regalo no es algo, sino alguien: la persona de Jesús. Su presencia y su palabra son el regalo que nadie debería dejar pasar. Y el nacimiento de Jesús carecería de propósito si no hubiera muerto en la cruz del Calvario, derramando cada gota de su sangre por nosotros. Él murió por nosotros, y por eso hoy tenemos una nueva oportunidad de vida. La verdadera razón de la Navidad es él.
Dios vino a buscarnos. ¿Irías a buscar a alguien que te ha ofendido demasiadas veces? Muy posiblemente no. Cuando estamos enojados, ni siquiera queremos buscar a nuestro cónyuge; aplicamos la ley del hielo. Pero estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, le habíamos fallado, y Dios dijo: «Los sigo amando. Voy a buscarlos, a salvarlos y a bendecirlos. Enviaré a mi Hijo». Y nació en un pesebre.
Un niño nos es nacido
Setecientos años antes del nacimiento de Jesús, Isaías 9:6 anunció: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro». La soberanía reposaría sobre sus hombros. Soberanía significa poder absoluto sobre todo. No sabemos qué va a suceder esta tarde, mucho menos mañana o en tres semanas, pero Dios, que es soberano, sí lo sabe. Ni siquiera sabemos escoger bien un aguacate, y queremos escoger nuestro futuro. Por fuertes que nos veamos, hay tantas cosas que creemos controlar y nunca hemos controlado. Es la bondad y la fidelidad de Dios lo que nos tiene aquí, y cada respiro es por su misericordia.
Versículo clave
«Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado.»
Isaías 9:6
«Y se llamará su nombre Admirable, Consejero». Lo que nos ha hecho falta es el consejo de Dios. A veces quien nos aconseja es nuestro propio corazón, y somos muy mal aconsejados, sin hablar de otros consejos que recibimos. Él es consejero. No se trata de celebrar un día por tradición, sino de vivir el estilo de vida que ese nacimiento provocó para nuestra vida y nuestra familia.
«Dios Fuerte». Aunque a tu lado esté alguien que se ve muy fuerte o tiene un apellido importante, es débil. Todos somos débiles: basta una desvelada o un resfriado para comprobarlo. Queremos aparentar mucha fuerza, pero solo hay uno que es fuerte, que siempre nos espera para darnos nuevas fuerzas. Solo él es Dios y solo él tiene el control.
«Padre Eterno». Hay testimonios de grandes victorias: un negocio que salió, un ascenso en el trabajo. Y hay quienes acaban de perder un empleo o vienen del funeral de alguien que amaban. Todos los que estamos con vida tenemos un propósito, y Jesús nació en esta tierra para darnos vida eterna. Quien partió en el Señor ya está con él, y nosotros seguimos aquí para cumplir el propósito que nos dio. A quienes atraviesan el dolor de una pérdida, Dios les traerá consuelo, porque hay esperanza: un día los volveremos a ver.
«Príncipe de Paz». Nadie ni nada puede darnos paz como solo Dios. Quizá estás en un momento de pérdida o viendo el resultado de tus errores. Pero porque Jesús nació, hay restauración y restitución. Aun las pérdidas que fueron por tu culpa, cuando se las entregas al Señor, quedan en las manos de un Dios de victoria y de misericordia. Lo que quizá otro no podría perdonarte, Dios lo perdona. ¿Qué necesitas para tener paz en tu matrimonio? Cuando estamos enojados no hay paz, y aun el cónyuge más amado a veces nos enoja. Solo Dios puede llegar a lo más profundo del corazón. La paz no se puede comprar; solo se puede creer. Él no solo tiene paz: él es la paz. Nunca te avergüences de su nombre.
Isaías 9:7 continúa: lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia. Puedes decirle: «Señor, esto es más que un día de celebración; es una relación contigo. Quiero establecerme en tu palabra, no en lo que siento». Jesús no vino a cambiar un día de tu vida, sino a cambiar tu vida eternamente. Cuando pasan las fiestas y llega la tristeza porque se apagan las luces, recuerda que él vino a encender con fuego tu espíritu y tu ánimo. Lo mejor de tu vida comenzó cuando le abriste tu corazón a Jesús.
La verdadera Navidad es reconocer a Dios en nuestra vida, nuestra familia y nuestros hogares. Debería ser una noche de pacto con Dios, más que una noche de celebración: «Señor, perdónanos, porque no te hemos dado el lugar que mereces; lo convertimos en tradición o en religión». Él nació con un propósito más grande de lo que imaginamos: tomó todas las maldiciones y el pecado que merecíamos, y nos dio lo que no merecíamos: su misericordia, su amor, su bondad y su fidelidad. No importa cuánto te hayas equivocado ni cuántos pecados hayas cometido: hoy hay misericordia para ti. En el peor o en el mejor día de tu vida, él te ama.
Una visitación sobrenatural
¿Qué habrá sido para una virgen llamada María recibir el mejor regalo? En Lucas 1:35, el ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios». Fue una visitación sobrenatural. Dios es sobrenatural, pero estamos tan acostumbrados a lo natural que lo sobrenatural nos parece locura y nos asusta, porque la carne ha crecido demasiado en nosotros. María fue visitada por el poder de Dios, y sus sueños más grandes llegaron, aunque no como ella esperaba: fue sorprendida.
¿Y José? Mateo 1:19-20 dice: «José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es». José pensó. Si pensáramos más en él que en lo que vamos a comprar en estas fechas… Dar un regalo es una bendición, pero no es la verdadera razón. José pensó en el propósito de Dios para su vida. Su historia se oye fácil, pero vivió momentos de mucha duda y angustia.
Por eso la Palabra nos llama a poner la mira en las cosas de arriba: ocupar la mente con la palabra de Dios. Vendrán la duda, la angustia, el dolor y el temor; la Biblia no dice que no los sentirás. «¿Qué pasó? ¿Embarazada? ¿Qué voy a hacer, si planeaba casarme?». Pero José pensó en el propósito de Dios. Va a llegar la duda, pero no le des espacio para moverse; que el mayor espacio lo ocupe la palabra de Dios. Vas a confiar. Qué curioso que la temporada en que celebramos al Príncipe de Paz sea una de las de mayor estrés, con discusiones en los estacionamientos por un regalo. Es porque practicamos tradiciones y no una relación con Dios.
No había lugar en el mesón
Lucas 2:1-7 relata que se promulgó un edicto de parte de Augusto César para que todo el mundo fuese empadronado, y todos iban a empadronarse cada uno a su ciudad. José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, porque era de la casa y familia de David, para ser empadronado con María su mujer, que estaba encinta. Y estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
Versículo clave
«Y lo acostó en un pesebre.»
Lucas 2:7
Su nombre sería Emanuel: Dios con nosotros. ¿No te ha pasado que todo parece ir en contra? Iban a tener al Hijo de Dios, y justo sacan un edicto para empadronarse. Si te desesperas esperando veinte minutos por un estacionamiento, ellos tuvieron que recorrer unos ciento treinta kilómetros, con María embarazada, quizá sobre un burrito. Y al llegar, no había lugar en el mesón. Puerta tras puerta, ninguna se abría. Pero Dios les había dicho: Emanuel, Dios está contigo. Aunque parezca que todo está en contra, Dios está cumpliendo su propósito. No desmayes en medio de la adversidad; haz su voluntad y verás lo que Dios es capaz de hacer.
Uno pensaría que, trayendo al Hijo de Dios, todo tendría que salir perfecto, con la reservación lista. Pero qué curioso: a Jesús, que es la puerta, le cerraban las puertas. Él sabía que este mundo no lo iba a recibir. Pero cuando Dios dice algo, se hace. No importa qué puerta se cierre: Dios cumple su palabra.
No nació en un mesón, sino en un pesebre, rodeado de animales. Ya Dios estaba enviando un mensaje: no es el lugar donde estás, sino el Dios que está contigo en el lugar donde estás. Aquella no fue una noche perfecta. Queremos que todo esté perfecto cuando recibimos a la familia: la comida, el arreglo, la mesa llena de adornos, que no falte ningún regalo. Pero solo hay uno perfecto: Dios. No esperes que todo sea perfecto, pero sí espera que sea glorioso. Era solo un establo, pero ni en un palacio había la gloria que había allí. Disfruta, celébralo a él. Puedes estar en una sala muy arreglada pensando cómo pagarás la tarjeta de crédito. Lo que no puede faltar es su presencia: tomarse de las manos y darle gracias a Dios porque estamos con vida, porque él es el celebrado y merece toda la honra.
Fue inesperado para José y María. Quizá lo que te toca vivir también lo es. Pero cuando esperamos en Dios, lo inesperado tiene que responder al Dios en quien hemos esperado. Ningún padre quiere que su hijo nazca en un establo; quieren darle la mejor cuna. Y el mensaje de Dios es claro: no es el lugar donde comienzas, sino el Dios con quien comienzas. Jesús comenzó en un pesebre y hoy está sentado a la diestra del Padre en el trono de gloria. Deja de poner tu mirada en el mesón y ponla en él y en su propósito: tiene algo grandioso para tu vida.
No podían contenerse
Mateo 2:9-10 relata que los magos, habiendo oído al rey, se fueron, y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella se regocijaron con muy grande gozo. Una versión dice que apenas pudieron contenerse: estaban en el lugar correcto y habían llegado en el momento preciso. Eran hombres que estudiaban las estrellas, quizá comerciantes. Isaías había anunciado multitud de camellos, y Jerusalén se turbó con su llegada. Seguían la estrella, y cuando se detuvo, la creación estaba anunciando al Creador. No podían contenerse ante la gloria de Dios. Cuando encuentras el verdadero tesoro, entregas tus tesoros, porque él te da lo que nada ni nadie puede darte.
Que recibamos el mejor regalo: él, su sanidad, su restauración, sus consejos y su dirección. Que no sea un día más en el calendario, sino un nuevo tiempo en nuestra relación con él. No importa qué temporada estés atravesando: él te ama y su misericordia está lista para ti.
Esto os servirá de señal
Aun los pastores fueron visitados por la gloria de Dios. Cuidar ovejas era uno de los trabajos más despreciados y de más desvelo; quizá pensaban que todos los rechazaban. Pero el día que Jesús nació vino a quitar todo rechazo de nuestras vidas. A José y a María se les presentó como el Salvador; a los pastores, como el Buen Pastor; a los magos, como el Rey de reyes y Señor de señores, aun sobre la creación.
El ángel les dijo: «Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre». Quizá estás viviendo momentos difíciles que para ti son un pesar, pero ríndete a Dios y serán una señal. Lo que para muchos era incomodidad y dificultad, para Dios era una señal de que estaba cumpliendo su propósito. No te amargues por lo que no has visto; ríndete al Señor, y verás que el gran desafío era una señal del milagro que Dios iba a hacer en tu vida.
Su nombre es Jesús, y en su nombre está el propósito: salvarnos y darnos vida eterna. La Biblia dice que el que confiese con su boca que Jesús es el Señor será salvo. No como una repetición, sino como una confesión desde el corazón, puedes orar: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Hoy te abro mi corazón y te confieso como mi Señor y mi Salvador. Te amo, Jesús, y gracias por nacer en esta tierra».


