EN Oración
Serie Tesoro

El tesoro de lo eterno: vivir para lo que permanece

Dios puso eternidad en tu corazón, y nada temporal puede llenarla: ni una casa más grande, ni un logro, ni otra persona. Su presencia, su amor y su palabra son tesoros que permanecen. Ordena tus prioridades, presenta a Dios tus deseos, vive agradecido y deja que su palabra te transforme.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
40 min

Cuando miras todo lo que Dios ha hecho en el camino, descubres que nada de lo que realmente permanece se debe a tus fuerzas. Dios ha sido bueno. Y esa bondad te invita a preguntarte qué te ha sostenido y a qué debes comprometerte en los años que vienen. La respuesta es un tesoro: lo eterno, lo que no se agota ni se desvanece.

Dios puso eternidad en tu corazón

«Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin». En su tiempo, todo lo que Dios hace es hermoso. Pero a veces metemos la mano para apresurar el proceso, y ya no queda tan hermoso. Ten paciencia: el tiempo de Dios es perfecto.

Versículo clave

«Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.»

Eclesiastés 3:11

El plan de Dios fue concebido desde la eternidad y para la eternidad. Y Dios puso eternidad en cada ser humano. Quien está a tu lado, aunque no se le note, lleva algo eterno de su Creador. Por eso, en el fondo, toda persona, crea o no, está buscando lo eterno.

Lo temporal no puede llenar lo eterno

Hay personas famosas, con todo lo que el mundo llama éxito, que viven en depresión, tristeza y esclavitud. Y cuando conocen a Jesús dicen: «Hasta que lo conocí, llegó la paz a mi vida». Habían querido llenar lo eterno con lo temporal: una casa más grande, un logro más, otra cosa. Y cuando lo tenían, no les llenaba. Lo temporal no puede llenar lo eterno.

Lo mismo pasa en las relaciones. A veces le pedimos a nuestro esposo o esposa lo que solo Dios puede darnos, y de ahí vienen frustraciones que ninguna persona puede resolver. Quien pasa de relación en relación, en realidad está buscando a Dios. Deja de pedirle a otro lo que solo Dios te puede dar; de ahí puede partir una relación sana. Y Dios no solo te dio eternidad como criatura: te da la oportunidad de ser su hijo cuando confiesas a Jesús como Señor.

Su presencia y su amor permanecen

«Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre». Su presencia es el tesoro que te acompaña. Las personas no tenemos nada distinto que ofrecerte de lo que ya has visto en el mundo; pero la presencia del Dios eterno, sí. ¿Puede tu esposo, tu esposa, tu novio o tu novia darte paz? A veces; y a veces son quienes te la quitan. Pero el Dios eterno puede darte paz aun cuando algo temporal te la está quitando.

Sin el Espíritu Santo, una iglesia sería solo un edificio bonito y temporal. Lo que la convierte en un lugar de adoración es que su pueblo reconoce a Dios y él lo visita. Hay momentos en su presencia en que no querrías salir nunca: es Dios dándote una probadita de lo que vivirás eternamente.

«El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará». Pablo corregía la visión de la iglesia en Corinto: los dones y los talentos pasarán, pero el amor de Dios permanece. ¿Por qué sigues a Jesús? ¿Por sus milagros? Lo seguimos porque nos amó hasta el final.

Nuestro amor es imperfecto. Mientras todo va bien, amamos bien; cuando hay ofensas, ya no queremos ver mucho al otro. Pero el amor de Dios es perfecto: aun teniendo razones para no amarnos, nos sigue amando y mostrándonos misericordia a pesar de nuestros errores.

Prioridades: lo que pasa y lo que permanece

Ten cuidado de que lo más importante en tu vida no sea lo que se va a agotar. El cheque pasará, la transferencia pasará; el Proveedor nunca. Tu familia en esta tierra es una bendición: disfrútala al máximo, pero tu prioridad, y la de tu familia, es Dios, que nunca pasará.

Lo que tienes en la cuenta bancaria pasará. Pero lo que siembras en su reino con generosidad es eterno: un día Jesús te dirá que, cuando ayudaste a alguien, a él lo ayudaste. Tus títulos, tus cargos y tus trofeos pasarán; desarróllate, hazlo todo con excelencia como para Dios, pero no te vuelvas adicto al éxito. Ser hijo de Dios nunca pasará.

Cuida tus sentimientos pasajeros, para que no provoquen daños permanentes en tu familia y tus generaciones. Cuando el enojo te empuje a responder, recuerda: también va a pasar. «Respóndeme pronto, oh Jehová, porque desmaya mi espíritu… Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande». Cuando estás al límite, lo que necesitas es escuchar cada mañana la voz amorosa de Dios.

«Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre».

Versículo clave

«Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.»

1 Juan 2:17

Deseos que ascienden y gratitud que permanece

Dios te dio la capacidad de desear, y es bueno desear. Pero pregúntate qué deseos te apartan de su voluntad. Un deseo que asciende es el que presentas a Dios dentro de su propósito: un negocio o un trabajo que bendiga a tu familia y al reino. Un deseo que desciende persigue la riqueza a cualquier costo, aun perdiendo la integridad o la familia.

«Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús». Lo que recibes pasa, pero la gratitud permanece. Puedes pedir una casa nueva y agradecer la que tienes, sin condicionar tu alegría. Cuando buscas primero el reino, lo eterno, Dios añade lo demás, y lo disfrutas porque lo eterno es lo que dirige tu vida.

Una palabra que permanece y transforma

«El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán». Guarda, cuida y atesora la palabra de Dios. «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra». Te enseña la verdad, expone tu rebelión, corrige tus errores y te prepara para lo que Dios tiene para ti. Y te muestra el camino de salvación por la fe en Cristo Jesús.

«La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón». Llega donde ninguna espada física llega. Como el mejor cirujano, Dios va quitando poco a poco el enojo, la envidia y la mentira. Quizá todavía no eres quien él quiere, pero ya no eres quien fuiste. Cada paso de rendición cuenta: comparte con otros este tesoro eterno.

Referencias bíblicas