Naciste para ser fortalecido en Dios, y la fe es la base de esa fortaleza. «Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos».
Versículo clave
«pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.»
Lucas 22:32
Jesús oró para que tu fe no falte
Una oración de Jesús es de otro nivel. Pudo haber pedido cualquier cosa por Pedro: que no fuera zarandeado, que se saltara esa etapa. Pero no lo hizo. Pidió que su fe no faltara. El cristianismo no es una vida sin problemas. Jesús no ha orado para que no atravieses dificultades, pero sí intercede ante el Padre para que no te falte la fe. Deja de orar solo para que no haya problemas; ora para ser fortalecido en el Dios que te sostiene en medio de ellos: «Señor, no me gusta lo que estoy viviendo, pero por la fe creo que veré algo diferente».
La fe tiene que ser probada, y nadie puede pasar esas pruebas por ti: es una experiencia cara a cara con Dios. Hay circunstancias fáciles y difíciles, y en todas tu fe está siendo probada. El enemigo intenta separarte de Dios como la paja del trigo, sin saber que, al hacerlo, Dios te está limpiando de lo que algún día sí podría alejarte de él. Aun los planes del enemigo, Dios los usa para fortalecerte.
Cada zarandeo anuncia un nuevo comienzo; no estás viviendo un final. Pero necesitas estar fortalecido para entrar en lo nuevo, porque si lo recibieras débil, lo perderías. A veces la respuesta parece demorarse porque Dios todavía te está fortaleciendo. Al enemigo le interesa robarte la fe: si te roba la fe, te roba la fortaleza; y si te roba la fortaleza, te roba los nuevos comienzos.
Quizá no tienes todo lo que quisieras darle a tu familia. Pero puedes formar en tus hijos un corazón agradecido. Puede que en casa falten cosas, pero que nunca falten la alegría, el gozo y la paz, porque eso viene de Dios.
La cruz y la resurrección son el fundamento de tu fe. Jesús murió en la cruz del Calvario por ti, pero también resucitó. No es tiempo de estar derrotado porque las cosas no salieron como esperabas: Dios sigue teniendo nuevos planes y nuevos comienzos. El que tiene fe no se rinde ni se desanima; sus pensamientos, sentimientos y emociones están rendidos a un Dios más grande.
No sigas a Jesús de lejos
«Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos». Cuando sigues a Jesús de lejos, te debilitas; y cuando te debilitas, terminas negándolo. Podemos alejarnos por temor, por duda, por incredulidad o por amor al mundo. No te sostienen tus fuerzas, tu capacidad, tus recursos ni tus talentos: te sostiene Dios. A veces nos acostumbramos a estar cerca y creemos que nos sostenemos solos. Búscalo de cerca: en oración, en su palabra, en su voluntad.
Pedro lo negó tres veces, y cantó el gallo. «Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor… Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente». Imagina esa mirada. Pedro creyó que todo se había acabado. Quizá has sentido lo que es decepcionar a alguien que te ama: la culpa te llena. Pero la culpa no cambia a nadie; el arrepentimiento sí. Una cosa es lo que tú piensas, y otra lo que Jesús piensa: él había orado por Pedro, y no había terminado con él. Sus ojos sobre ti no son para condenarte, sino para restaurarte. Después de resucitar, Jesús buscó a Pedro junto al mar y le preguntó tres veces: «¿Me amas?». Por cada negación, una oportunidad de volver. Si has estado lejos, Dios toma tu debilidad y te acerca a él.
La fe probada vale más que el oro
Pedro entendió después por qué vivió lo que vivió, y escribió: «para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo». Lo que distingue una fe genuina de una fingida es la prueba. Las pruebas no son para reprobarte, sino para que tu fe llegue a ser auténtica.
La fe te conecta, te mueve y te asegura
«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Por fe te casas, crías a tus hijos, emprendes, aplicas a un trabajo sin conocer el resultado. La fe te mantiene en movimiento; una vida estancada es una vida que perdió la fe. Y la fe te eleva por encima de la conversación de siempre: «no se puede, no hay, no va a pasar».
Los hombres y mujeres de Hebreos 11 eran imperfectos, pero dejaron de mirar su imperfección y se enfocaron en Dios. «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan».
Versículo clave
«Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.»
Hebreos 11:6
Fe para caminar, soltar y moverte
«Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín». Tu generosidad en diezmos y ofrendas muestra dónde descansa tu confianza: en Dios y no en el banco. «Por la fe Enoc… caminó con Dios». Dios siempre camina contigo, pero caminar con él exige doblegar tu voluntad y seguir su ritmo, aun en el valle de sombra de muerte.
«Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir… y salió sin saber a dónde iba». La fe te lleva a soltar lo que tienes en las manos sin conocer el siguiente paso, con la certeza de que Dios va delante. «Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir… porque creyó que era fiel quien lo había prometido». La fe no niega la realidad, pero le quita a la realidad la última palabra.
¿Y si sí?
«Por la fe pasaron el mar Rojo como por tierra seca… Por la fe cayeron los muros de Jericó». Antes de ver el mar abierto, algo en ti tiene que morir: la duda, el temor, la inseguridad. Frente a la incredulidad, pregúntate: ¿y si sí? ¿Y si Dios ya tiene lista la puerta, y solo falta que te atrevas a tocarla? Hay puertas que no has tocado por miedo.
Uno de los valientes de David, Eleazar, se quedó a pelear cuando todos huyeron, y peleó «hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Aquel día Jehová dio una gran victoria». Cuando estés cansado, Dios sostiene la espada contigo. No huyas de las batallas: la victoria no viene de tus fuerzas, sino del Señor. Sigue a Jesús de cerca, y entra fortalecido en el nuevo comienzo que él tiene para ti.
Referencias bíblicas
- Lucas 22:31 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 22:32 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 1:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:32 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 23:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


