A veces Dios no responde con la solución que esperabas, sino fortaleciéndote. «El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma». Muchas veces crees que Dios no ha respondido, cuando en realidad lo ha hecho dándote fuerzas para seguir adelante. La vida es un camino, y es maravilloso saber que tienes un Dios que te fortalece en medio de lo que te toca vivir.
«Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo oirá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra». La ayuda está en camino. Quizá no puedo garantizarte que hoy se resolverá tu situación, pero sí puedo garantizarte lo que dice la palabra: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar». Hay personajes de la Biblia con caminos, pasados y circunstancias diferentes, pero con un mismo Dios que los fortaleció y un propósito que los unía.
Confiar en el nombre del Señor
«Estos confían en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria».
Versículo clave
«Estos confían en carros, y aquellos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.»
Salmos 20:7
David tenía carros, caballos y armaduras, pero sabía que la diferencia no estaba ahí, sino en la confianza en Dios. Este salmo nació de la experiencia: hubo momentos en el camino en que el adversario era mayor que ellos, pero no mayor que el Dios que estaba con ellos. Cuando confías en Dios, él cubre la diferencia. Goliat era mucho más alto que David, y Dios cubrió la diferencia. Tú haz lo que te toca y esfuérzate; y aun cuando tus fuerzas se acaben, Dios completará lo que falta. Tu historia puede convertirse en un salmo nacido de tu propia experiencia con Dios.
Moisés: la zarza sigue ardiendo
Moisés mató a un egipcio que maltrataba a un hebreo, y huyó. Terminó cuidando las ovejas de su suegro Jetro en Madián, quizá creyendo que eso era todo lo que quedaba para él. Pero la voluntad de Dios prevalecía. En la voluntad de Dios hay espacio aun para tus errores: una cosa es la rebeldía del corazón, y otra cometer errores mientras caminas con él. Y allí, en el desierto, Moisés vio una zarza que ardía y no se consumía. Era un tiempo de visitación en medio de su camino.
El mensaje de Dios era: «No te vas a quedar en Madián». «Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es». Tú tampoco te vas a quedar a mitad del camino. Muchas veces el problema es el enfoque: te concentras en ti, en tu molestia, en lo que dirán, como Moisés cuando preguntaba: «¿Quién soy yo?». Devuélvele el enfoque al Dios que te llama. Hay cosas que tu mente no entiende, pero tu espíritu sí puede creer. Y tu identidad no te la da un sistema desorientado ni un libro de autoayuda: te la da el Dios que te creó, como le dijo a Simón: «Tú eres Pedro».
Elías: largo camino te espera
Elías venía de una gran victoria en el Carmelo: había derramado agua sobre el altar en tiempo de sequía, y cayó fuego del cielo. Poco después, Jezabel le mandó decir que lo mataría, y «viendo el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida». ¿Qué peligro, si acababa de ver el poder de Dios? Así juega el miedo con la mente: en pocos versículos pasas del punto más alto de fortaleza al más bajo de debilidad. Es tu humanidad. Elías se sentó debajo de un enebro, «deseando morirse».
«Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua». Dios no lo regañó: le preparó comida. Elías volvió a dormirse, y el ángel lo tocó otra vez: «Levántate y come, porque largo camino te resta». Le estaba diciendo: hay futuro, hay propósito. Elías ni siquiera murió: fue llevado al cielo. Al enemigo le basta que creas su amenaza. Hoy Dios te dice: largo camino, y glorioso, te espera. «Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios».
Memorizas con facilidad lo malo que el enemigo te dice, y lo conviertes en verdad. Mil personas pueden decirte algo bueno, y una sola crítica pesa más. Pero aun las inseguridades sirven para algo: te recuerdan que es Dios quien te fortalece cada día. Un día estás valiente y otro triste, pero tu Dios no cambia: es fiel, bueno y misericordioso. Y aunque abunde el pecado en el mundo, «sobreabundó la gracia».
Jacob: no te soltaré hasta que me bendigas
Jacob tuvo un camino difícil: durmió con una piedra por almohada y allí vio ángeles que subían y bajaban. Tomó malas decisiones, como tú y como yo, pero ni tus decisiones torpes detienen a Dios. «Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios». Antes de encontrarse con su hermano Esaú, luchó con el ángel hasta el amanecer y le dijo: «No te dejaré, si no me bendices». Muchas veces quieres que Dios cambie el camino; pídele que te fortalezca en él.
Cuanto más grande es el dolor que vives, más grande puede ser la oportunidad de madurar, de crecer, de ejercer tu fe y de encontrarle propósito al dolor. No es en vano: Dios sigue obrando.
Pablo: el propósito determina la posición
Pablo iba preso rumbo a Roma. Advirtió que no zarparan por la tormenta, pero escucharon más al capitán que a él. Durante días no se vieron ni el sol ni las estrellas. Entonces Pablo dijo: «Os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo». Dios no calmó la tormenta: le garantizó la vida, porque todavía tenía propósito. Las malas decisiones de otros no pueden detener el propósito de Dios en ti; solo cuida que tus propias reacciones no provoquen una segunda tormenta.
Naufragaron, y llegaron a Malta en tablas y pedazos del barco. Mientras Pablo recogía leña para avivar el fuego, una víbora lo mordió; él la sacudió en el fuego y no sufrió daño. Al enemigo le molesta quien aviva el fuego, no quien está cómodo. Luego Pablo oró por el padre de Publio, el principal de la isla, y fue sanado. Malta no estaba en su plan, pero estaba en el propósito de Dios. El propósito determina la posición. Seguir a Cristo no siempre es cómodo, pero quien lo sigue tiene un Dios que lo fortalece en el camino.
Versículo clave
«pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.»
Isaías 40:31
David, Moisés, Elías, Jacob y Pablo tuvieron caminos distintos, pero el mismo Dios los fortaleció. Ese Dios es el de ayer, el de hoy y el de siempre. No te detengas: largo camino te espera, y él va contigo.


