Las familias comprometidas lo están con Dios, con sus planes y con lo que él tiene para cada persona. La familia va más allá del hogar inmediato: incluye a la familia de Cristo. Saluda a quien tienes al lado, porque es parte de tu familia.
Confiar cuando Dios obra de otra manera
«Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos». Dios no piensa ni actúa como nosotros. A veces le pides algo esperando una respuesta concreta, y las cosas ocurren de otra forma. Confía: aunque el modo en que Dios obra no sea el que prefieres, sus pensamientos y sus caminos son más altos. No renuncies ni te estanques: mantén tu compromiso con Dios y con su palabra.
Versículo clave
«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.»
Isaías 55:8
Como la lluvia y la nieve riegan la tierra y la hacen germinar, aunque algunas cosas no hayan sucedido como esperabas, puedes estar creciendo en medio de la aflicción. José dio fruto en la tierra de su aflicción. Anímense unos a otros a seguir creciendo y floreciendo: la disposición de la tierra es importante para que algo crezca.
La palabra que sale de la boca de Dios no vuelve vacía, sino que hace aquello para lo cual fue enviada. Tú ves una parte; Dios ve tu familia y tus generaciones. Cuando Abraham todavía no podía ver que tendría hijos, Dios ya miraba la descendencia de Jacob. Comprométete con la palabra de Dios aun cuando lo que ves no coincide con lo que esperabas.
La confianza es la respuesta a la frustración y a la amargura. Lo que antes te detenía o te amargaba deja de hacerlo mientras aprendes y creces. Cuando sientas que ya no hay camino, eleva tus pensamientos leyendo la Biblia. Los montes levantan canción y los árboles dan palmadas de aplauso: la creación adora a Dios, y eso, aunque parezca insólito, es glorioso.
Si piensas que no hay salida, Jesús dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida». Apóyate en la verdad de Jesús, no solo en lo que dice la circunstancia. Puedes decirle que ya no hay camino, pero él abre camino donde no lo hay. Dios ve más allá de la pared que tienes delante. Si Dios no te ha sacado de algo, es porque afuera está peor. Él ve lo que tú no alcanzas a imaginar: permanece comprometido con él y con su palabra.
Los planes de Dios y las generaciones
Los planes de Dios pueden cumplirse en otro momento. José veía la cisterna; Dios veía el gobierno. Era necesario que José creciera y fuera formado, porque de él vendría una familia bendecida y una generación diferente. Confía en Dios aun cuando no ves lo que él ve.
Construir el hogar con Dios como fundamento
Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Esto no significa que no debas tener guardias o medidas de seguridad. No se trata de prescindir de ellas, sino de no poner en ellas la confianza que le corresponde a Dios.
Versículo clave
«Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia.»
Salmos 127:1
Es en vano levantarse de madrugada, acostarse tarde y comer pan de dolores. No está mal trabajar duro ni buscar logros: esfuérzate y haz las cosas lo mejor posible. Pero el esfuerzo sin confianza en Dios es en vano. El afán aparece cuando no confías en Dios, y a sus amados Dios les da el sueño.
Un joven que quiere casarse puede trabajar día y noche porque su futuro suegro le dijo que, si no gana suficiente, no le entregará a su hija. Quizá tú quieres comprar una casa o un automóvil. Esos objetivos son parte de la vida, pero no deben convertirse en tu propósito último. ¿Qué sentido tendría alcanzar logros y, con los años, descubrir que no te dieron paz ni armonía porque no confiabas en Dios?
La casa y el hogar no se sostienen solo con resultados económicos. Comprometerte con Dios y su palabra te permite ver su mano en tu hogar, tu matrimonio, tus hijos y tus nietos. No hagas de tus logros el fundamento de tu confianza. Mientras duermes, Dios te añade: deposita y añade para la nueva generación mientras tú descansas.
Los hijos como herencia y responsabilidad
He aquí, herencia de Jehová son los hijos; como saetas en mano del valiente. La valentía es permanecer y comprometerte con lo que Dios dice, no solo perseverar en lo que tú quieres. Los hijos son una herencia de bendición, pero los padres pueden malcriarlos y convertir en dolor lo que recibieron como bendición.
Las saetas están resguardadas en la aljaba, y tus hijos están protegidos por la palabra y los principios de Dios. No basta con pasar tiempo con ellos: una familia puede estar en el mismo lugar mientras cada uno mira algo distinto. Ocupa la función a la que Dios te llamó como padre o como madre: educa conforme a la palabra, sin dejarte desviar por toda presión social.
Limitarse por amor a otros
El sistema del mundo es opuesto al de la familia de Cristo. Hay decisiones permitidas que no convienen por amor al prójimo. En un lugar donde se acostumbra ofrecer vino, puedes rechazar una copa porque sabes que alguien en la mesa lucha con el alcohol. Beber vino no es pecado en sí; ponerte un límite para no perjudicar a quien atraviesa una dificultad es amor.
Piensa en las reuniones de empresa y en los convivios donde se ofrece alcohol. Cada uno es responsable de lo que consume, pero considera si tu dinero o tus decisiones pueden afectar a alguien que ha sido alcohólico. Si tienes un amigo casado que lucha con la tentación, no lo pongas en situaciones que lo expongan. Todo me es lícito, pero no todo conviene: es una forma de amar y cuidar a otros. Y dar el diezmo no justifica usar el resto del dinero en algo que contribuya a destruir vidas.
Muchos anuncios navideños no mencionan a Cristo, aunque usen la Navidad para vender. No celebres las fiestas embriagándote. Si todavía no estás preparado para ir a un convivio, no vayas: no dejes que la presión social te haga retroceder de aquello de lo que Dios te está liberando. No es lo mismo ser libre de algo que ser libre para algo; mientras creces, tus decisiones pueden bendecir a otros.
No juzgues de forma simplista las decisiones ajenas: lo que para ti es una libertad puede ser una lucha para otro. Amar también es limitarte para cuidar a los demás y a sus familias. Tus decisiones no te afectan solo a ti, sino también a tus generaciones. La misericordia de Dios está presente: sal con un compromiso y una visión clara para tu familia.
Orar por los hijos y enseñar con el ejemplo
Todos necesitamos cuidarnos: solo Jesús ha vencido el pecado. No presumas de vencerlo por tu cuenta; ríndele tus decisiones y esfuérzate en ellas. Después de cada banquete de sus hijos, Job los llamaba y ofrecía holocaustos por cada uno, diciendo: «Quizá habrán pecado mis hijos». Esa era su costumbre todos los días. ¿Con qué frecuencia oras por tus hijos y les inculcas la palabra?
Los hijos que se han apartado pueden volver. Dios es capaz de enviar hambre a una provincia para que un hijo pródigo regrese a casa. Ora ahora y no abandones la esperanza. Hay hijos de pastores que se apartaron y llegaron a drogarse, mientras su madre no dejaba de orar por ellos día y noche, y Dios se encargó de recordarles que estaban lejos de él, hasta traerlos de vuelta y usarlos para alcanzar a miles.
Si eres el único cristiano de tu casa: cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Inculca la fe a tus hijos y comprométete con la vida de congregación. Invítalos a congregarse el domingo y enséñales que asistir requiere esfuerzo. Llévalos a la casa del Señor aunque todavía no conozcan a Dios: pueden llegar a conocerlo.
No enseñes que Dios es primero mientras no buscas congregarte. El domingo no es solo un mensaje: es una impartición de Dios para tu vida y tu familia. Sé valiente: mientras enfrentas un problema, Dios está pensando en tus generaciones. La herencia que puedes dejar es contar a la siguiente generación que Dios hizo un milagro en medio de algo que parecía imposible.
Una Navidad centrada en Jesús
Espera una Navidad diferente y celebra a Jesús. Para muchos, especialmente cuando han perdido a alguien, estas fechas traen tristeza. La Navidad tiene raíces en una fiesta pagana, pero el nacimiento de Jesús no es pagano. No sabemos cuándo nació Jesús, pero aprovecha la fecha para celebrar a Cristo, el más grande de todos.
Quienes creemos en la resurrección esperamos volver a ver a nuestros seres queridos que murieron en Cristo, y por eso la Navidad es motivo de celebración. Si alguien necesita embriagarse para sentirse alegre, quizá hay algo sin resolver. En lugar de esa felicidad pasajera, busca el gozo de Dios y la alegría de su presencia.
Levántate temprano y trabaja fuerte, pero no uses el trabajo duro como excusa para no orar ni leer la palabra. Qué triste sería descubrir que construiste mucho, pero que Dios no te construyó a ti. Una casa fundamentada en cemento un día no estará; un hogar fundamentado en la palabra permanecerá para siempre.
Un llamado al compromiso
Pídele al Espíritu Santo que te convenza y que tu familia se comprometa con Dios, dejando que su palabra la guíe. Pide perdón por construir en vano y por poner tus logros como fundamento en lugar de Dios. Tus fuerzas son débiles: que lo que vivas con tu familia y tus generaciones no se fundamente en ellas, sino en la palabra de Dios.
Tus decisiones de hoy participan en la vida de tus generaciones. Pide perdón por lo que no has hecho bien. Jesús se entregó por ti y te hizo parte de la familia de Cristo: pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador.
Referencias bíblicas
- Isaías 55:8-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 127:1-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 14:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Job 1:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 15:11-24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 55:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 127:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


