Dios tiene planes de bienestar para tu vida. Necesitas recordarlo, sobre todo después de una semana difícil. El solo hecho de que estés buscando a Dios muestra que esos planes te alcanzaron: hace unos años quizá nadie habría creído que hoy estarías leyendo su palabra. Pero esos planes incluyen algo que no siempre agradecemos: los procesos.
Planes de bien más grandes que lo que vives
«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis». ¿Cómo está tu esperanza? ¿Qué estás esperando? Hay temporadas en que todo sale mal: te enfermas tú, se enferma tu hijo, se ponchan las llantas, te llama el jefe y piensas que te van a despedir. Y el corazón se cierra y deja de esperar lo mejor de Dios. Pero su plan de bienestar es más grande que lo que has vivido.
Versículo clave
«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.»
Jeremías 29:11
«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos». Dios tiene planes buenos, pero su manera de obrar no es la tuya. Si a José le hubieran explicado que el camino hacia su sueño pasaría por una cisterna, la esclavitud, una acusación falsa, la cárcel y un copero que se olvidaría de él, se habría vuelto loco. Así es con nosotros: muchas veces no entendemos lo que Dios hace, pero él no ha terminado. Tu vida forma parte de un plan perfecto que sigue en marcha.
Proceso o consecuencia
Los procesos son situaciones adversas e inesperadas, incómodas pero necesarias dentro de los planes de Dios: desiertos, pruebas, tempestades, hornos de fuego. Pero a veces llamamos proceso a lo que en realidad es consecuencia de nuestras decisiones. Alguien celebra sin medida, invita a todos, y al día siguiente ve el saldo de la tarjeta y pregunta: «Dios, ¿por qué me hiciste pasar este proceso?». No es un proceso; es una consecuencia.
Otras veces el proceso llega sin que lo hayas provocado. Una madre sola, que hace las cosas bien, ve cómo una enfermedad de su hijo termina en cuidados intensivos y en una deuda que no puede pagar. Eso es un proceso. Lo hermoso es que ambos, el que vive un proceso y el que vive una consecuencia, pueden encontrarse con el mismo Dios proveedor.
Si estás viviendo las consecuencias de tus errores, bienvenido a la casa de un Dios de segundas oportunidades. Muchos llegaron a Dios hechos pedazos por sus malas decisiones, y cuando se las entregaron, esas consecuencias se convirtieron en bendición. Cuando te rindes a Dios, aun tus errores pueden transformarse en un tiempo de crecimiento.
Lo que Dios hace en los procesos
Los procesos te hacen crecer. «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna». En las temporadas cómodas disfrutas, pero tu carácter crece más cuando eres probado.
Jonás pasó tres días en el vientre de un pez, y una ciudad entera se arrepintió por su mensaje; pero Jonás salió igual que como entró, enojado y sin compasión. Le interesaba salir del pez, no el carácter que Dios quería formar en él. Cuántas veces salimos de un proceso igual que como entramos, porque solo queríamos salir. Deja que Dios complete en ti la obra que comenzó.
Los procesos también te hacen libre. Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron arrojados atados al horno de fuego. Y el rey exclamó: «He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses». En el fuego, lo único que se quemó fueron sus ataduras. En la prueba, Jesús está contigo, y allí salen a la luz heridas no resueltas, envidia, amargura o pensamientos limitantes que ni sabías que tenías, para que puedas ser libre.
Y en los procesos experimentas a Dios. Pasas del Dios del que te habían hablado al Dios que conoces: el juez justo ante la injusticia, el que restaura un matrimonio, el que vuelve el corazón de los padres hacia los hijos. Job dijo al final de su prueba:
«De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven». Los procesos están llenos del amor de Dios, porque él los diseña para tu bien.
Versículo clave
«De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.»
Job 42:5
Cómo atravesó Jesús su desierto
Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto inmediatamente después de su bautismo. Estar en la voluntad de Dios no te libra de los tiempos difíciles. Lo primero que hizo Jesús fue responder con la palabra: «Escrito está». El problema no es atravesar un proceso, sino atravesarlo sin una palabra a la cual aferrarte. Guarda versículos en tu corazón para tu próxima prueba.
Piensa en unos padres que, en medio de una emergencia durante un embarazo, oran declarando el Salmo 139 sobre el vientre: «Tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre», y entregan esa vida a Dios. Haces lo que está en tus manos, y Dios hace lo que no está en tus manos.
Segundo, Jesús no perdió el tiempo en batallas innecesarias. Cuando el tentador le dijo que se lanzara del templo para probar que Dios lo cuidaría, respondió: «No tentarás al Señor tu Dios». Cuando el enemigo te pone condiciones, como «si Dios no lo hace para tal fecha, es que te abandonó», no pongas a prueba a Dios. Entrégale los plazos, humíllate bajo su mano poderosa y resiste firme en la fe.
Tercero, Jesús no negoció su relación con Dios. «Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás». Muchas veces el primer lugar lo ocupa algo que no es malo: el trabajo, la carrera, la familia, tus sueños. Lo que ocupa el primer lugar se ve en lo que adoras y en el tiempo que le das. Hay procesos en los que Dios quita el ruido para enamorarte otra vez de él.
Sal lleno del desierto
«Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea». Los desiertos no son para vaciarte ni llenarte de desesperanza, sino para llenarte del Espíritu Santo. Si sigues al Señor que salió del desierto, tú también saldrás. Pídele sabiduría para tu proceso: que te enseñe a distinguir lo que debes cambiar, a esperar con fe y a salir transformado. Dios no ha terminado contigo: «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo».
Referencias bíblicas
- Jeremías 29:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 55:8-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Santiago 1:2-4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 3:25 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Job 42:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Corintios 10:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 4:1-10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 5:6-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Oseas 2:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 4:14-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


