EN Oración
Serie Wisdom

Un nuevo nivel de sabiduría: poner a Dios como prioridad

La sabiduría se demuestra en tus prioridades. Tu vida es la suma de tus decisiones, y tus decisiones revelan lo que de verdad es importante para ti. El sabio aprovecha su tiempo en lugar de gastarlo preocupándose, busca primero el reino y la justicia de Dios, y pone a Dios en primer lugar para vivir bajo su cobertura.

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La sabiduría no es teoría: si no es práctica, no es espiritual. Dios te da su palabra para que la vivas, y en realidad solo crees aquello que pones en práctica. «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová». Ese temor no es miedo, sino amor y honra: cuando amas a Dios, lo honras y te conectas con él, tienes la base para ser sabio. Con la fe construyes; con la sabiduría proteges y cuidas lo que construiste.

Tu vida es la suma de tus decisiones

Lo que hoy eres es el fruto de las decisiones que has tomado. Si empiezas a caminar hacia la izquierda, por pequeños que sean tus pasos, tarde o temprano llegarás a un lugar distinto del que partiste. Por eso no puedes seguir culpando a otros: a tus padres, a tu cónyuge, a tus hijos, a tu jefe, al gobierno, y mucho menos a Dios. El sabio se hace responsable de sus decisiones.

Quizá hay áreas de tu vida que no te gustan: tu matrimonio, tus finanzas, tus reacciones, tu carácter. Cuando eres capaz de reconocerlas, se convierten en una prioridad, porque quieres corregirlas. Por eso la humildad es clave: el necio y el orgulloso desprecian la sabiduría y la corrección, y nunca reconocen lo que está mal. «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón». Cuando corriges, tus resultados empiezan a cambiar.

Tus decisiones revelan lo que es importante

Tus acciones muestran lo que valoras. Congregarte, adorar, levantar tus manos: todo eso evidencia la importancia que Dios tiene en tu vida. La importancia no se demuestra diciendo, sino haciendo. No puedes decir que amas a tu cónyuge si tus acciones no lo respaldan: el amor se muestra con un beso, una caricia, un tiempo dedicado. Lo mismo con Dios: no es coherente decir que lo amas mientras vives de manera contraria a su palabra. Lo que no es prioridad para ti, termina perdiendo valor.

Prioridad significa lo primero, lo principal, lo más valioso. Una urgencia no siempre es una prioridad. Quien vive de urgencias vive apagando incendios, resolviendo conflictos: señal de una vida desordenada. Las prioridades correctas te evitan una vida afanada y estresada. Donde hay orden, hay crecimiento, multiplicación y recompensa.

El sabio sabe usar su tiempo

Quizá el recurso más importante que Dios te dio no es el dinero ni tus talentos, sino el tiempo. Todos recibimos el mismo tiempo; la diferencia está en cómo lo priorizamos y lo usamos. Dos personas de la misma edad han vivido el mismo número de días, y sin embargo sus vidas pueden ser muy distintas. El tiempo se va y no regresa: el día de hoy pasará, y no volverá. Dios te lo dio para avanzar en tu llamado, formar a tus hijos y construir una familia.

Una de las formas en que más tiempo perdemos es preocupándonos. «No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas». Preocuparte es desgastarte mentalmente por prioridades equivocadas. No es lo mismo preocuparte que ocuparte: ocúpate de tu relación con Dios, y él se ocupará de lo demás.

«Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán». Si quieres renovar tus fuerzas, pon tu esperanza en Dios. Cuando él es tu prioridad, dejas de gastar energías en peleas y afanes que no valen la pena.

Cuando Dios no es tu prioridad, se la das a otra cosa: el trabajo, el deporte, los amigos, el negocio, los estudios, un pasatiempo. Y terminas cansado, drenado, enojado, frustrado. Hay matrimonios que gastan más tiempo peleando y defendiendo su orgullo que orando juntos; y al final, cuando la discusión termina, alguien reconoce: «Tenías razón». Cuánto tiempo y cuántas fuerzas se gastan en lo que no vale la pena.

Tu bendición no viene de la tierra, sino del cielo. Israel vagó cuarenta años en el desierto, un pueblo con muchas imperfecciones, pero dependiente de Dios: cuando no tenían qué comer, caía maná del cielo; cuando tenían sed, brotaba agua de la roca. Jesús, ante más de cinco mil personas con hambre y solo cinco panes y dos peces, dio gracias al Padre, y vino la multiplicación. Si la tierra se cierra, el cielo sigue abierto a favor de los hijos de Dios. Perteneces a un reino que nunca está en crisis.

El reino y su justicia

«Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». Buscar el reino es conectarte con Dios y reconocer que perteneces a un reino sin límites. Aquí puedes estar limitado, pero tu Padre no lo está. El peor error es alejarte de Dios por una necesidad. No lo buscas solo porque algo te falta, sino porque en él te sientes pleno. Relacionarte con Dios va más allá de tus necesidades: es saber que tienes un Padre al que puedes acudir, que te abraza, te levanta y te dice: «Hijo, tú puedes». Tu valor no depende de lo que hoy te falta, sino de quién eres en él.

Versículo clave

«Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.»

Mateo 6:33

Seguirás viendo injusticias en esta tierra, pero tu Dios, además de Padre, es juez, y hacer justicia es su trabajo, así como sanar es el trabajo del médico. «He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá». Quien camina bajo la palabra de Dios puede descansar en su justicia.

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados».

Versículo clave

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.»

Mateo 5:6

La misericordia de Dios es hermosa, y la estrenas cada mañana. Pero Dios quiere llevarte a otro nivel: vivir confiado en su justicia, con hambre y sed de verlo obrar, en lugar de pasar la vida clamando solo por misericordia. Permanece en su palabra aun cuando te hayan fallado o intenten hacerte daño: deja la justicia en sus manos.

Dios primero, bajo su cobertura

Si Dios es primero, todo lo demás queda en sus manos: tu matrimonio, tus finanzas, tus hijos, tu trabajo. Job «se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos», por cada uno de sus hijos, por si habían pecado. Esa acción de fe mostraba que Dios era su prioridad, y Dios cercó a Job y a su casa y todo lo que tenía.

«El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente». Cuando pones a Dios primero, te colocas bajo su abrigo. Dios no es un Dios de domingos, sino de todos los días. El trabajo y la familia importan, pero nada puede ocupar su lugar. Ordena hoy tus prioridades, y pon a Dios en el primer lugar de tu vida.

Referencias bíblicas