EN Oración
Serie Reino

Ánimo en medio de la decepción: confiar en Dios antes de ver el cambio

No dejes que las circunstancias dicten tu ánimo. Como los discípulos camino a Emaús, puedes confiar en Dios, guardar su palabra y recordar que Jesús vive, aun cuando lo que esperas todavía no sucede.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
43 min

¿Recuerdas la palabra que recibiste? Y sobre todo, ¿la pusiste en práctica? El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. El ánimo y el gozo son parte de la vida del reino: pídele al Espíritu Santo que los traiga a tu vida.

Hay cosas que esperas y todavía no suceden, asuntos pendientes y tareas que aún no terminan. No pospongas la alegría de hoy hasta que todo esté resuelto. El ánimo del que habla la Biblia no es una emoción pasajera: nace de confiar en Dios. Dios sopló aliento de vida en el ser humano; pide hoy el soplo del Espíritu Santo.

Hay vida después de la decepción

El mundo dice que hay que esperar a que todo esté terminado para sentirse animado. El reino de los cielos te enseña a tener ánimo aun cuando algo no ha concluido, porque Dios está contigo. Hay vida después de la decepción. Si atraviesas un momento difícil, no tienes que quedarte atascado allí: después de las decepciones puede comenzar una nueva temporada.

Reconoce qué decepciones te están restando ánimo. Es fácil sentirse animado cuando las cosas marchan bien, pero ¿qué pasa en los valles? Dios es Dios de los montes y de los valles, presente en todo lugar y momento. Confiar en él te da ánimo también en una etapa baja.

El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado? Cuida tu espíritu. Un espíritu fuerte y animado puede sostener tu cuerpo aun en la enfermedad; pero cuando falta la palabra en tu espíritu, los momentos difíciles pesan más. Llena tu espíritu de la palabra de Dios.

Versículo clave

«El ánimo del hombre soportará su enfermedad; Mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?»

Proverbios 18:14

Dios no prometió ausencia de enfermedad, escasez, adversidad o malas noticias; prometió estar contigo. Madurar en el Señor es aprender, en esos momentos en que antes llegaba el desánimo, a no permitir que alcance tu espíritu, y a confiar en que Dios da aliento de vida. Dile a quien tienes al lado: «Ánimo».

Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón. Háblale a tu corazón. El corazón engaña, y ante un mal momento te dará razones para dejar de seguir adelante. Recuerda quién te sostiene: no lo que estás viviendo, sino Dios, en quien has puesto tu confianza. Levántate otra vez, porque Dios es fiel y bueno.

Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará. Israel tuvo que rodear la tierra de Edom y se desanimó. Pero el maná era el alimento perfecto que el pueblo necesitaba para no enfermarse en el desierto. Lo que ellos llamaban olvido de Dios, Dios lo llamaba cuidado y amor: «Te amo y te cuido».

Las expectativas no cumplidas pueden convertirse en desánimo, pero sigue confiando en Dios: él puede superar tus expectativas. El enemigo, mentiroso y padre de mentira, usa la decepción para desanimarte e impedir que cumplas el propósito al que Dios te llamó. Aunque algo no haya sucedido todavía, sostente en Dios y espera ver un día más su gloria, su poder y su misericordia. Aunque te consideres el peor pecador: ánimo. Sus misericordias son nuevas cada mañana.

Camino a Emaús

Dos discípulos salen de Jerusalén camino a Emaús, conversando sobre lo sucedido. Jesús se acerca y camina con ellos, pero sus ojos están velados para que no lo reconozcan. Jesús les había dicho que padecería y resucitaría al tercer día, y ellos caminaban en sentido contrario a Jerusalén, donde se cumpliría la promesa.

No tomes decisiones cuando estás desanimado: podrías terminar alejándote de los planes y del propósito de Dios. Puedes estar desanimado, pero cuida hacia dónde vas y con qué llenas tu corazón. Jesús no permitió que lo reconocieran de inmediato porque quería enseñarles que el ánimo del reino no depende de ver primero el resultado, sino de creer.

Cuando Jesús les preguntó de qué hablaban, Cleofás respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido?». Jesús de Nazaret era varón profeta, poderoso en obra y en palabra, y los principales sacerdotes y gobernantes lo entregaron a sentencia de muerte y lo crucificaron. Estaban tristes: tenían muy presente lo vivido, pero no lo que Jesús había dicho.

«Nosotros esperábamos». ¿Todavía esperas en Dios, o ya hablas como quien dejó de hacerlo? Decían que ya era el tercer día, pero el tercer día aún no había terminado. Quien hizo el plan conoce la hora exacta: confía, y no des por concluida la promesa antes de tiempo.

Contaron que unas mujeres fueron al sepulcro, no hallaron el cuerpo y dijeron haber visto una visión de ángeles. Algunos fueron y hallaron así como ellas dijeron, pero a él no lo vieron. Entonces Jesús les dijo: «¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!». Jesús vive: díselo a quien tienes al lado.

La resurrección sostiene una esperanza personal. Quien ha perdido a un padre o a una madre que recibió a Jesús en su corazón sabe que es una pérdida dolorosa, pero se anima al saber que Jesús vive y que, por eso, volverá a verlos.

¿Cuál era la prioridad de los discípulos? Su atención estaba puesta en lo ocurrido, no en Jesús ni en su palabra. Cuando las malas noticias y las circunstancias ocupen el centro, cambia tus prioridades: Jesús es tu prioridad. Aunque hayan pasado cosas malas, hay buenas nuevas, porque Dios hace nuevas todas las cosas.

Habrá adversidades y momentos difíciles, pero también hay buenas nuevas. Las malas noticias corren rápido y las buenas, a veces, despacio. Sé un corredor de buenas nuevas.

Una palabra que vuelve a hacer arder el corazón

«¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?». Mira más allá de la superficie de las circunstancias: los discípulos estaban cargados por las malas noticias, pero había otra realidad. Que tu ánimo no quede marcado por lo que sucede, sino por el Dios resucitado y glorioso.

Comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, Jesús les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. Les mostró quién era a través de la palabra. Si estás cansado o desanimado, Jesús es el camino, la verdad y la vida: recibe nuevas fuerzas por medio de su palabra.

Al llegar a la aldea, Jesús hizo como que iba más lejos, y ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque se hace tarde». Imagina a Jesús disfrutando el momento: con los ojos de ellos velados, les leía las Escrituras y les demostraba que el corazón puede volver a arder por la palabra. Quizá temían a los asaltantes del camino, pero caminaban junto a quien tiene las llaves de la muerte y venció el reino de las tinieblas.

Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Algo en la manera de partir el pan les recordó la última cena: su cuerpo había sido herido, y al tercer día resucitó. Entonces les fueron abiertos los ojos y lo reconocieron, y él desapareció de su vista. Y se decían: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?».

Versículo clave

«Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?»

Lucas 24:32

Deja que la palabra vuelva a hacer arder tu corazón. A los discípulos les faltaba palabra, y al recibirla empezó a irse el desánimo. La palabra trae el gozo del Espíritu Santo. «Por su llaga fuimos nosotros curados». «No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan». Cree aunque todavía no veas la solución: la falta de evidencia visible no es razón para abandonar la confianza.

En aquella misma hora volvieron a Jerusalén y hallaron a los once reunidos, que decían: «Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón». Los discípulos dieron la vuelta y regresaron a donde se cumplía la promesa.

Lo que meditas puede llevarte al desánimo o al ánimo: medita en la palabra. Lo que sostiene tu espíritu no debe depender de tu pareja ni de que tu cuerpo esté sano. Jesús atendió la condición interior de los discípulos: mientras les hablaba, su corazón empezó a arder y su espíritu comenzó a sanar.

¿Por qué viene el enemigo contra ti? ¿Qué habrá depositado Dios en tu vida? No esperes a que todo lo que atraviesas esté terminado para sentirte satisfecho. Guarda la palabra recibida y, aunque otras voces te recuerden lo ocurrido durante la semana, Jesús vive y no te ha dejado.

«Pues ahora»: ánimo para seguir adelante

En Hageo 2, quienes recordaban el templo de Salomón, lleno de oro y piedras preciosas, veían ahora escombros. Había una generación que nunca conoció el templo anterior, pero para quienes sí lo recordaban, aquello era una imagen terrible. Y Dios pregunta: «¿Cómo la veis ahora?».

«Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, y trabajad». Aunque el edificio ya no estuviera como antes, el Dios a quien adoraban seguía presente. Pues ahora, ánimo. No te enfoques solo en lo que fue, sino en Dios, que sigue contigo.

«Yo estoy con vosotros», y «mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis», según el pacto que hizo con ellos al salir de Egipto. Dios haría temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca, y vendría el Deseado de todas las naciones. Ese Deseado es Jesús, el templo más hermoso.

Jehová de los ejércitos pelea las batallas que tú no puedes ganar solo: confía en él. «Mía es la plata, y mío es el oro». El valor no está en aferrarte al oro del templo, sino en recordar que Dios es dueño de todo y puede sostener a su pueblo. El edificio tenía oro y plata, pero eso no pudo sostenerlo: aférrate a Dios.

No te aferres a las bendiciones pasadas de tal manera que pierdas de vista las de hoy. Añorar una relación pasada o un negocio que fue bueno puede impedirte reconocer lo presente. El reino de Dios es inconmovible. Sigue esforzándote: la gloria postrera de esta casa será mayor que la primera. Lo que viene es mejor que todo lo que has vivido.

Haz esta confesión: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te abro mi corazón; entra en él como mi Señor y mi Salvador». Cobra ánimo, confía en Dios y confía: Jesús vive.

Referencias bíblicas